13 de noviembre de 2009

HIPATIA, PAGANISMO Y CRISTIANDAD

NOTA: El siguiente artículo se desarrolla a partir de un comentario dejado en el blog IRANIA: http://tresmontes.wordpress.com/2009/11/03/mas-sobre-hipatia/ - Os recomiendo dicho blog por su diversidad temática y gran calidad.

De entrada, debo decir que no soy pagano, aunque mi visión del mundo pueda ser más parecida a la pagana. Esto lo digo porque se ha dado por supuesto que soy pagano. O si no, leer acá:

http://layijadeneurabia.com/2009/11/10/mas-sobre-el-caso-hypatia-y-la-manipulacion-anticatolica-del-suceso/

Esa calificación, sin previa información, forma parte de la idea "o estás conmigo o eres pagano". Lo mismo que en la antigüedad eran calificados de infiel o de ateo todo aquello que no fuera cristiano para los cristianos, o pagano para los paganos. Aún así, es posible que sea pagano en las formas, no lo sé: ante todo me considero librepensador. Mi defensa a Hipatia y al paganismo no es gratuita, tengo argumentos. Haría lo mismo si trataran injustamente a una figura histórica de remarcada devoción cristiana: ¿sería cristiano si lo hiciera? ¿Acaso debo renunciar a toda objetividad, imparcialidad y neutralidad a la hora de analizar algo, a la hora de ver un asunto lo más claramente posible sin que me cieguen mis devociones o pasiones? No defiendo por defender, ni siquiera defiendo, simplemente expongo una realidad. Si esa realidad molesta a los cristianos, allá ellos, "ELLOS NO SON DE ESTE MUNDO, SINO DE UNO IMAGINADO", ¡CÓMO NO LES IBA A MOLESTAR! (JAJAJAJA)

Pero hablemos de Hipatia. No cabe duda de que AGORA, la última película de Amenábar, es mera propaganda, toda una falsificación histórica, parafernalia mediática de ZP: en esto, cristianos, paganos y yo mismo parecemos estar de acuerdo. Pero muchos cristianos se escudan en dicha certeza para criticar la película y, sobre todo, para distanciarse del paganismo y de lo que a él le deben. Aún así, en mi opinión, le duela a quien le duela, digo sin tapujos que los cristianos son parte del problema en la actualidad, ellos han sentado las bases morales que han introducido el veneno para la decadencia de Europa: son padres de «lo progre». Quieran o no los cristianos, Hipatia fue asesinada por ellos, y no, no fue la excepción, sino la norma. Algún cristiano se ha pasado por alto cierta información muy verídica y que se había colocado en foros de debate virtual muy concurridos, como la Yihad en Eurabia:

http://lam.mithra.free.fr/doc/cronologia_de_la_persecucion_del_paganismo.doc

¿Por qué hay que disculpar al cristianismo?, ¿por qué no podemos hablar de los crímenes en nombre de su Dios?, ¿no es eso un comportamiento equiparable al de negar la posibilidad de hacer caricaturas de Mahoma?, ¿por qué les molesta tanto que se hable de sus crímenes de sangre?, ¿por qué critican el paganismo cuando el cristianismo es, en parte, paganismo cristianizado o paganismo invertido?

¿Pero qué tienen en común el paganismo y el cristianismo europeo? ¿Los ídolos, la multitud de imágenes, la veneración? Lo único que tienen en común la iglesia con el paganismo es cierta adaptación por el primero del neoplatonismo y de Sócrates, los introductores de la moral y del desprecio por el cuerpo, la fuerza y la belleza. Con esto no condeno las virtudes que se derivan del dominio de sí, lo mismo que no condeno la castidad y una vida de ascética como la de Hipatia o los platónicos. El cultivo de la virtud es muy loable y sinónimo de fuerza, no de martirio. Pero el paganismo es un sí a la vida y el cristianismo es una negación de la misma porque todo lo enfoca a un más allá, por ello Nietzsche decía que el cristianismo era el nihilismo, y, por lo tanto, «productor» de la decadencia. Pero existen diferencias esenciales que son irreconciliables. Por ejemplo, un estoico que se priva de ciertos goces, lo mismo que un cristiano militante que ha hecho voto; pero el primero lo hace por amor a sí mismo, se quiere saber domador de su bestia interior, el segundo porque se siente convicto de su corporeidad y de sus impulsos naturales, lo que le provoca culpabilidad.

Muchos dicen que ante la oleada del Islam no es positivo que paganos y cristianos se enfrenten. Pero es que el enemigo de Europa es todo el monoteísmo, da igual que sea cristiano, judío o islámico. ¿Al cristianismo qué le importa Europa? A ellos con tener súbditos les da igual el color que tengas, o si son mestizos, etc. Así que el cristianismo no es un aliado de Europa, sino parte del problema: el cristianismo tiene los mismos valores universalistas que los progres, ¿acaso no se dan cuenta de esto los cristianos que van de identitarios y amantes de Europa? ¡Viven en una contradicción tremenda! Con esto no me sitúo en posturas marxistas o progres, ¿acaso no puedo tener una postura crítica frente al cristianismo siendo no-socialista, no-progre? Precisamente por no serlo soy consecuente y critico al cristianismo: se ha dado por hecho que o estás conmigo (cristianismo) o con ellos (progres) y existe la posibilidad de no estar con ninguno de ellos. Si el cristianismo significara vitalidad, si tuviera dioses y una moral digna de seguirse… eso no sería cristianismo, ¡y yo no me quiero humillar con su fe! Los progres son paradójicamente herederos del cristianismo, sólo que del cristianismo ilustrado, del deísta, son herederos del cristianismo ilustrado de la guillotina. El ateísmo es el reconocimiento de Dios, sólo que odiándole: el cristianismo y la progresía tienen en común el mismo Dios. Y el laicismo no es lo mismo que ateísmo, el laicismo es independencia con respecto a la Iglesia o cualquier organización religiosa, lo que no quiere decir que el laico sea ateo necesariamente. Si algo me distingue de un cristiano es que para mí la diferencia no es un problema, pero para ellos sí. El cristianismo quiere reducir todo a lo mismo, quieren que todos piensen lo mismo, quieren el mestizaje… a ellos les da igual mientras se venere a su Dios… ¿nadie lo ve? Y esto se aplica a todo el monoteísmo, exceptuando posiblemente (y parcialmente) al judaísmo, pues la religión de casi-exclusividad judía pretende reducir a todo lo ajeno a lo mismo para diferenciarse ellos cada vez más como «pueblo elegido».

Aún así, por supuesto que cristianismo y paganismo tienen cosas en común, en realidad el cristianismo con el paganismo y no al revés. Hasta el paganismo tiene una interpretación monoteísta, pero respecto al mundo, pues todo viene del mismo mundo, lo mismo que el cristianismo es monoteísta porque viene del mismo Dios: los primeros realistas, los segundos idealistas: pero un idealismo que es un «imaginario dogmatizado» con el cual cegar a los Hombres. El paganismo no hace al Hombre culpable por existir, el hombre forma parte de este mundo y por lo tanto es sagrado. Los dioses son la esencia de esa sacralización de lo humano, de todo lo bueno que hay en el hombre. El cristianismo, alejándose del panteísmo, genera una dualidad, un mundo terrenal y otro divino, donde lo terrenal representa el mal y donde todo lo que era bueno se invierte para convertirlo en malo. El paganismo está por encima del bien y del mal, pues son la misma cosa, el monoteísmo, sin embargo, con su filosofía dualista, moraliza el mundo.

Se habla de Hipatia como mártir pagana, pero no fue una mártir. Un mártir se sacrifica por una orden dada o revelada, lo hace por un Dios porque piensa que le debe algo, su sacrificio es para glorificar a algo superior a él. Un Héroe sin embargo se sacrifica por la gloria y por él mismo, por su familia y su pueblo, porque quiere equipararse a los dioses y ser amado por ellos: el pagano goza de su propio esfuerzo, de su cuerpo y de su sufrimiento porque le hace sentir mejor, porque se siente parte de este mundo sagrado, ¡le hace sentir vivo! El primero se humilla y quiere conseguir todo con rezos y abstinencias, el segundo es capaz de desafiar y retar a los dioses: el primero es pasivo, el segundo activo. Hipatia no fue ni lo uno ni lo otro, simplemente fue asesinada. En ello no hay nada de mártir ni de héroe, porque ella no buscó el sacrificio, ella no se ofreció a nadie, su sacrificio no fue voluntario ni ordenado por Dios; fue humillada, y tanto como que fue ofrecida a un Dios Único en sacrificio, lo mismo que una vaca o una gallina, y nadie piensa que las gallinas y las vacas sean mártires.

Recomiendo esta lectura donde delimito mejor la dicotomía mártir-héroe en relación con Sócrates, el famoso Sócrates, no Sócrates Escolástico:

http://www.mundodaorino.es/2009/08/ciclo-genealogia-de-la-moral-parte-iiiv.html

Hasta pronto.■

6 de noviembre de 2009

MAX STIRNER, «el único» y «su propiedad» (III): LAS POSESIONES CELESTIALES

Datos de la edición de "El Único y su Propiedad", de Max Stirner, a que se refiere el artículo: Editorial Valdemar [Enokia S.L.], octubre de 2005. Letras Clásicas nº3 Traducción de José Rafael Hernández Arias.

(…) Quien no ha intentado y osado nunca dejar de ser un buen cristiano, un protestante creyente, un hombre virtuoso, se encuentra preso y confundido en la creencia, virtuosidad, etc. Al igual que los escolásticos sólo filosofaron dentro de la fe de la Iglesia (el Papa Benedicto XIV escribió tochos dentro de la superstición papista, sin jamás poner en duda esa fe), así hay escritores que llenan volúmenes enteros sobre el Estado sin ni siquiera poner en duda la idea fija del Estado, nuestros periódicos rebosan de política porque están poseídos de la demencia de que el hombre ha sido creado para ser un «zoon politikon», y así los súbditos vegetan en el sometimiento, hombres virtuosos en la virtud, liberales en la «humanidad», etc., sin jamás haber tocado esa idea fija con el cortante cuchillo de la crítica. Definitivos, como definitiva puede ser la demencia de un loco, permanecen esos pensamientos sobre pies firmes, y quien duda de ellos, ¡ataca lo sagrado! Sí, la «idea fija», ¡eso es lo verdaderamente sagrado!

¿Nos encontramos simplemente con poseídos del demonio, o topamos con la misma frecuencia con poseídos contrapuestos, que están poseídos por el bien, la virtud, la moralidad, la ley o cualquier otro «principio»? Las posesiones demoníacas no son las únicas. Dios obra en nosotros, y el demonio también, aquel mediante la «gracia», éste de manera «demoníaca». Los poseídos están empeñados en sus opiniones.

Si os desagrada la palabra «posesión», llamadlo «apasionamiento», sí, llamadlo así, porque el espíritu os posee y de él vienen todas las «inspiraciones», toda exaltación y entusiasmo. Añado que el perfecto entusiasmo –pues uno no se puede detener en el débil e incompleto– se llama fanatismo. 

El fanatismo se encuentra precisamente en los instruidos, pues el hombre es culto en cuanto se interesa por lo espiritual, e interés por lo espiritual es (y debe serlo necesariamente cuando es activo) «fanatismo»; es un interés fanático por lo sagrado (fanum). (…)■ (Pág. 77-78)

Vivimos en un mundo moral, o mejor dicho, en un mundo donde las personas son dominadas por una moral. No hacen lo que deben hacer, simplemente se guían por el ambiguo camino de lo que creen que está bien. Sus acciones se reducen a un guión de valores, y ese guión se sigue a rajatabla: no existe la posibilidad de elegir, de ser soberano. Una moral no da tregua a la libertad, las acciones de cada individuo deben erigirse bajo el código moral dominante. Pero el Bien y el Mal no existen, y si existen están tan mezclados que es imposible diferenciarlos. El TAO, aún siendo una noción dual del mundo, muestra claramente que en el Bien se oculta también el Mal y que, por el contrario, dentro del Mal se oculta el Bien. Entender el mundo bajo la senda del Bien es por lo tanto hollar un camino demasiado rígido. Ese camino del Bien ha sido antes labrado por otro, ese Bien no es tú Bien, sino el de alguien ajeno. En la vida no hay moral, la vida está exenta de ese "coste". La moral es esencialmente humana, demasiado humana, una invención, un artificio más.

Bajo el bien se erigen las cosas sagradas y divinas. Lo Bueno y lo Malo se nutren de aquello que beneficia o perjudica a una época determinada. Pero la moral no debe ser necesariamente un error, de hecho creo que es necesario un sistema de valores, un cierto orden ético. Pero el orden debe obedecer a intereses lo más reales posibles. Una moral erigida por el Hombre y para el Hombre, por beneficio del Hombre y que repercuta sobre todo en el individuo: una moral que respete al individuo. Respetar los valores de cada uno, la pluralidad, eso es la única moral que admitiría. Nadie está en posesión de la verdad, y por lo tanto nadie está en posesión del Bien.

Existen poseídos de la divinidad o celestiales, quienes son antitéticos respecto de los poseídos por el Mal, por el Diablo. ¿Por qué no iba a ser lo celestial en el Hombre producto de una posesión?, lo es de hecho. El Dios celestial, la idea de Humanidad y toda idea con miras morales bondadosas domeñan el alma o el espíritu (¡lo que sea!) de la misma forma que el Diablo quiere el alma de los mortales. Tanto el Bien y el Mal quieren dominar tu conciencia, pretenden que te reconozcas en sus atributos esenciales. Lo que ocurre es que siempre el Bien y el Mal se confunden, será porque forman un sólo "ser". Sin embargo, el Hombre con verdadera conciencia siempre estará por encima del Bien y del Mal y por lo tanto alejado de las posesiones celestiales y demoníacas: «Mi moral es la que yo decida».

Yo nombro a Stirner Rey de los sacrílegos. Dilapida todo lo sagrado, no existe nada intocable, todo puede ser atacado por la crítica, todo puede ser cuestionado. La censura nace del entendimiento de que hay ciertas cosas sagradas. ¿Qué es lo sagrado? Lo intangible, lo fijo, lo que está por encima de los hombres, de cualquier hombre. Y es de lo sagrado y de lo divino, que es igualmente lo sagrado, lo que Stirner llama «la idea fija».

La «idea fija» es el génesis del fanatismo. Como diría Cioran: «En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado… Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas». (E. M. Cioran. Breviario de Podredumbre. Suma de letras, S.L., enero de 2001, págs. 29.) Con el fanatismo, la «idea fija» se convierte en dinamita; excitada por el Hombre, convierte el mundo en una traca. No es menos fanático el presidente de un país desarrollado que invade una nación por considerarla inmoral que un mártir con explosivos que se inmola en una cafetería del centro de Tel Aviv por considerarlos igualmente inmorales e infieles. Todos luchan por su concepto de lo sagrado, por su moral. No obstante, solamente una conciencia alejada de parámetros morales puede darse cuenta del infantilismo al que está sometido al mundo, además del torrente emocional emponzoñado que lo recubre y la poca cordura que existe en su seno. ¿Estoy siendo catastrofista? No, simplemente comento la catástrofe; efecto de la esencia fanática del Hombre que ha inoculado lo insalubre e innatural en la Tierra.

Aquellos que luchan por algo "grande", por su moral, por lo sagrado, aquellos que dirigen y controlan "la fiesta", son unos egoístas involuntarios, pues solamente se sirven a sí mismos. Incendian a los más débiles para que luchen por su causa. Lo sagrado, la moral, es una inoculación más para eliminar la conciencia y la pluralidad. Ese tipo de egoísta crea a seres superiores para servirles porque sufren debido a su egoísmo, porque ven inmoral su naturaleza. Luchan contra su egoísmo, y cuanto más luchan más se benefician a sí mismos, pues lidian por amor propio, para superarse.

(…) Lo sagrado sólo existe para el egoísta que no se reconoce a sí mismo, el egoísta involuntario, para él, que siempre se ocupa de lo suyo y, sin embargo, no se tiene por el ser supremo, que sólo se sirve a sí mismo y al mismo tiempo cree servir a un ser superior, que no conoce nada superior a él y, no obstante, se entusiasma por lo elevado, en suma, sólo existe para el egoísta que no quisiera ser egoísta, y se humilla, esto es, lucha contra su egoísmo y, sin embargo, sólo se humilla «para elevarse», es decir, para satisfacer su egoísmo. Como quiere dejar de ser egoísta, busca por todo el cielo y la tierra seres elevados a los que servir y por los que sacrificarse; pero por más que se esfuerza y se martiriza todo lo hace por amor a sí mismo, y el desacreditado egoísmo no se separa de él. Por eso le llamo el egoísta involuntario. (…)■ (Pág. 69)

El «egoísta involuntario» necesita ser zarandeado por una idea fija; por alguna extraña razón no quiere equipararse a los dioses, no quiere ser soberano. ¿Acaso no se entiende el egoísmo como dominio de sí? El «egoísta involuntario» quiere ser dominado, prefiere ser el esclavo, no achacarse toda la responsabilidad de sus acciones: todo lo que hace es producto de algo superior a él mismo que le guía y le dicta su destino (su culpabilidad queda siempre disculpada ante los hombres pues su acción proviene de la divinidad, del Logos). Por lo tanto, este tipo de egoísta cree servir a intereses superiores a él, se muestra desinteresado, ¿no os recuerda a la figura del mesías, a la del revolucionario, a la de todo tipo de salvador, a la de todo aquel que se abandera con su moralidad y concepción del Bien? Ojo con estos egoístas, son pastores de cabras, a ellos les harán culto aquellos que creen en su «idea fija». Les seguirán los «desinteresados», que son aquellos que convierten una idea en su soberana, es decir, en su voluntad y su conciencia.

(…) ¿Dónde comienza el desinterés? Precisamente donde una finalidad deja de ser nuestra finalidad y nuestra propiedad, de la que nosotros, como propietarios, podemos disponer a nuestro antojo; donde ella se convierte en una finalidad fija o en una… idea fija, donde comienza a entusiasmarnos, a apasionarnos, a fanatizarnos, en suma, donde se manifiesta en ergotismo y se convierte en nuestra… soberana. (…) (Pág. 96)

Por lo tanto, no es de negar que en el mundo gobierna la moral. Encima una moral de humildes, es decir, de débiles. La humildad es una humillación a la potencialidad humana, es una forma de detestar e inmoralizar cualquier demostración de nobleza. La humildad es un valor nada aristocrático, negar la fuerza, el sentimiento de grandeza y de triunfo es negar en sí lo más vital que puede llegar a ostentar todo ser. Un hombre bien constituido debería potenciarse y agotarse mayúsculamente, darlo todo sin escatimar. La humildad al final aboga por la no acción, por el no cultivo del vivir. La humildad es una rendición en toda regla.

Pero si le digo: rezarás, honrarás a tus padres, respetarás el crucifijo, dirás la verdad, etc., pues esto es propio de los hombres y es su vocación o, simplemente, eso es la voluntad de Dios, ya tenemos la influencia moral: un hombre debe aquí humillarse ante la vocación del hombre, debe ser obediente, humilde, tiene que renunciar a su voluntad frente a un extraño que se erige como regla y ley; él debe humillarse ante un superior: humillación voluntaria. «Quien se humilla a sí mismo, será elevado». Sí, sí, los niños deben ser acostumbrados muy pronto a la piedad, beatitud y honradez; el hombre de buena educación es uno a quien le han enseñado, inculcado, insuflado y grabado «buenos principios». (…) (Pág., 119)


 Para colmo, el mundo se instituye bajo el «amor», ¿entendéis porque digo que gobiernan las emociones? El amor es toda negación de razón y de reflexión. Cuando el amor manda estamos siendo poseídos por lo más parecido a lo que llaman Dios. El Amor es el yugo por antonomasia, la mayor fuerza totalitaria, la excelencia religiosa y ascética. Huyamos de todo amor que no sea a nosotros mismos y a nuestros iguales. Bajo el amor se erigen todas las morales, todas las ideologías, todas las instituciones… por amor también fue la Revolución Francesa y la guillotina… El amor como justificante de todas las masacres, como «idea fija» más allá de lo sagrado.

El «amar» es un concepto que surge como inversión del «querer», es decir, del «poseer», o así entiendo yo. «Amar» es entregarse, rendirse, humillarse, sin embargo, «querer» es poner en valor lo que uno codicia conquistar y avasallar con sus propios medios. Alguien que se humilla dice "amo a esa chica", pero alguien que se respeta a sí mismo señala "quiero poseer a esa chica". Con el amor amas al amor, estás enamorado del amor, con el querer posees el objeto de tu capricho y goce y lo puedes hacer tuyo, puedes hacer que forme parte de ti. ¡Acaso no es el amor todo lo contrario a todo egoísmo! ¡Yo quiero ser egoísta, yo quiero poseer y hacerlo propio de mí, de lo que yo considero importante, yo quiero que sea mi propiedad y que me dé placer! Yo sabré ser generoso.

(…) Bien puedo aspirar a la racionalidad, puedo amarla, como a Dios y a cualquier otra idea: puedo ser filósofo, un amante de la sabiduría, al igual que amo a Dios. Pero lo que amo, a lo que aspiro, eso está sólo en mi idea, en mi imaginación, en mis pensamientos: está en mi corazón, en mi cabeza, está en mí como el corazón, pero no es yo, yo no soy ello. (…) (Pág., 119)■