24 de diciembre de 2010

REFLEXIÓN SOBRE LA FILOSOFÍA Y LA ACTITUD EGOÍSTA

YO SOY ÚNICO

La generosidad es un egoísmo

¿Qué es el egoísmo? El interés propio, ya sea exclusivamente hacia lo particular o hacia el bien colectivo. Pensar en ti y pensar en los demás es egoísmo. Lo segundo puede que mucho más si piensas en lo que te pueden dar a ti y no tú a ellos. En todas las relaciones humanas hay un interés por algo, eso es egoísmo: quien da comida tiene interés en parecer bueno y mantener limpia su conciencia, el que come se aprovecha de la buena conciencia, todo ello es egoísmo. Pensar en uno mismo o pensar por los demás por uno mismo, todo ello es egoísmo. Puede que todo sea egoísmo pues del ego emana todo. En definitiva, parece que el interés, cualquier interés, es el egoísmo.

La masa anula la particularidad
Sin duda hablar de egoísmo es hablar del hombre, más bien del hombre como individualidad. Aquí al menos me centro en el hombre pues desconozco si otras formas de vida son capaces de una intencionalidad tan compleja como la humana. El egoísmo requiere intención y acción  (conscientemente) y a veces pulsión y acción (inconscientemente, como si se tratara de una especie de reflejo egoísta). Así sospecho que toda acción humana encierra en sí algo de interés para nuestro ego. Es esa tendencia del hombre hacia sí mismo o hacia lo suyo lo que llamamos egoísmo. No es algo bueno, ni algo malo, simplemente es lo que es. Y sin embargo el egoísmo no impide la generosidad, es precisamente la generosidad otro modelo de egoísmo, sólo que correcto, comprometido, que pretende reciprocidad para el propio ego y para el de los demás. Si ayudas a alguien también te ayudas a ti, si ayudas a alguien y ese otro no te corresponde ni siquiera con un agradecimiento no merece más generosidad. No hay que hacer nada gratuitamente. Hacer nada gratuito no significa hacer todo por dinero, sino hacer de cada acción algo que te reconforte, algo que te enriquezca, es decir, ser egoísta.

De esta forma podemos afirmar que existe un egoísta generoso, un modelo de egoísta que no es plenamente egoísta pero tampoco plenamente generoso (tampoco plenamente abnegado). El egoísta egoísta es, por otro lado, plenamente egoísta, pero también plenamente generoso… consigo mismo y nadie más. Finalmente, aseverar que el desinterés es una quimera (o al menos una contradicción en sí misma) y que todo tiene una intencionalidad si se hace conscientemente, es decir, un interés hacia o por: lo inconsciente también tiene una intencionalidad, pero es sin querer. Las pulsiones egoístas, es decir, los reflejos egoístas, forman parte del carácter, la conducta y el comportamiento, pudiendo ser adquiridos por impregnación cultural o por mimetismos o simplemente autogenerados como respuesta a determinado medio, constituyéndose en parte de la particularidad de cada sujeto.

Asimismo, he de advertir que no hay que entender el egoísmo exclusivamente como una actitud humana. Es algo más. El egoísmo filosófico se ocupa de esa actividad egoísta y del individuo como un absoluto, como un todo que sólo debe pensar en su propio beneficio. No obstante, centrarse en el individuo es ya profundizar en la filosofía egoísta.

I. EL EGOÍSMO

Manipulable, controlable, determinado
El egoísmo filosófico, toda aquella tendencia que se centra en el individuo como un absoluto en cualquier ámbito de estudio (ética, epistemología, política, etc.), me fascina. Supone la reivindicación del hombre soberano, único, auto-crático. Sin embargo, estas filosofías poseen elementos negativos y extremadamente perniciosos –al menos para una mentalidad con inquietudes sociales-, aunque multitud de ideas provechosas –y son con éstas con las que nos debemos quedar, pues aún teniéndose inquietudes sociales no debemos olvidar el propio interés individual como forma de negación del totalitarismo y como muestra de que lo social y lo individual pueden complementarse. En este mismo blog, con una serie de artículos que dediqué a Max Stirner, ya me introduje en este tipo de filosofías.

Y ¿por qué son perniciosas estas filosofías egoístas?, os preguntaréis, si tenéis curiosidad. Pues por un simple detalle (lleno de complejidad por otro lado): estas filosofías están “poseídas” por la idea de «libertad»; y seré más claro: son autodestructivas porque sacrifican o son capaces de sacrificar “todo” en pos de preservar y respetar la utopía libertaria laissez-faire y un estado utópico-racional, despojando al hombre de todos sus vínculos (familiares, nacionales, culturales, históricos, etc.)

Ser libre no es algo que esté al alcance de cualquiera, pues requiere dominio de sí (voluntad) y responsabilidad (consciencia): y la libertad no es un derecho, es algo que se conquista (y no plenamente – puesto que la libertad no es algo que esté ahí y se coge: cada cual forja su propia libertad, su propia voluntad, cada cual sabe hasta dónde puede mandarse y obedecerse, comprometerse y hacerse promesas). Egoístas como Ayn Rand hablan de razón y de libertad como elementos indisolubles y unidos, como elementos que se deducen el uno del otro. Y ¿por qué un acto razonado previamente o algo razonado previamente sin acto físico posterior es un acto cometido libremente, es decir, a voluntad? Un acto es libre cuando uno lo decide y siempre a voluntad, pero para ello han influido sobre la decisión cientos de condicionantes, ¿existe, por lo tanto, un acto realmente libre? ¿No es la libertad una contradicción en sí misma, como ya he señalado en otros artículos? Porque en cierto modo una decisión la tomas tú mismo y un montón de condicionantes, incluso a veces son los condicionantes quienes deciden al margen de uno mismo.

Aquiles, el de los pies ligeros

Ayn Rand, elevando la razón a las cumbres “fantasmagóricas” de la libertad, racionaliza y logiliza el mundo al extremo. Así pues, se entiende cómo esta filósofa de origen ruso, ascendencia judía y nacionalizada estadounidense, que falleció el año 1982, critica a Nietzsche y su irracionalismo, un irracionalismo que podría definirse como “el hombre arrojado y entregado al orbe, superando, digiriendo y domando sus pasiones, hollando éstas vívidamente hasta agotarlas”. Y es que en la vida no todo se atiene a razones, la razón del hombre es incapaz e insuficiente para alcanzar toda la comprensión, magnitud y trascendencia de la propia existencia: una existencia basada en la razón exclusivamente te pone a la altura de una máquina. El hombre sólo debe usar la razón para entender la propia irracionalidad del mundo, para establecerse un orden, para hacer comprensible la realidad. Pero repito, el mundo es en sí irracional, la vida carece de sentido, en la vida no prima la razón sobre los sentimientos y la experiencia humana; no todo debe ser vertido en la cloaca racional, pues si no la vida se convierte en algo insípido, yermo, inerte y rígido. Y bien, admitir la irracionalidad del mundo, no desdeñar los sentimientos y las experiencias no es ser irracional.

En definitiva, negar el racionalismo como medio para acceder al mundo con paso firme es igual de estúpido que negar el irracionalismo inherente en la propia realidad. Negar la irracionalidad es por otro lado negar la vida o parte de ella. Es a voluntad que debemos ser racionales.

II. EL «EGOÍSMO EGOÍSTA» Y EL «EGOÍSMO GENEROSO»

El egoísmo como actitud humana es algo que no debemos negar, ni siquiera en nosotros mismos: si decimos que somos generosos, mentimos, si decimos que no lo somos, también mentimos. Como podéis observar, ser un negador es abolir una cualidad humana o elemento de la vida, asumir ambas es afirmar la totalidad admitiendo las contradicciones, es decir, acercarse al amoralismo, a estar por encima de los conceptos. Abreviando, la generosidad se nuestra en el egoísmo y éste en la generosidad. Son dos actitudes esencialmente de la misma naturaleza aunque con diferentes inclinaciones. ¿Por qué son esencialmente lo mismo?, pues porque ambas derivan a la consecución de un interés hacia algo; el egoísmo es un interés personal que se manifiesta en una acción que beneficia al propio sujeto que lo acomete, pero la generosidad también conlleva un interés personal, que es cierto que beneficia a más gente, pero que conlleva igualmente un interés personal que se manifiesta paradójicamente en el desinterés y en la abnegación. Podemos hablar del goce que supone hacer un “bien”, o del interés de cometer una acción para ganar simpatías, o del interés de tener la conciencia limpia y libre de culpa, por lo cual estas personas actúan según qué forma determinados por su conciencia y nunca por los demás: si lo hacen es por su conciencia no por generosidad desinteresada. Así que cuidado con los generosos, cuidado con los desinteresados, cuidado con los egoístas egoístas (egoístas al cuadrado, e2) disfrazados de egoístas generosos.

III. LA SOCIEDAD Y EL INDIVIDUO

Hércules contra Hidra representa la lucha del disidente
El individuo tiene por sí mismo mucho que ofrecer a la sociedad. Yo soy anti-totalitario en la medida en que deseo el pleno desarrollo del individuo. Pero al individuo es lícito exigirle compromiso con la misma sociedad que permite su realización; es gracias a todo un esfuerzo colectivo que el individuo tiene las herramientas para desarrollar su egoísmo, ya se trate de un «egoísmo egoísta» o de un «egoísmo generoso». Que uno debe pensar en su propio interés, desde luego, pero sin olvidarse de nada ni nadie y sabiendo cuál es su verdadero y necesario interés. Una persona sanamente egoísta debe pensar que el individuo válido es la excepcional individualidad en sociedad, que no hay nada más noble que el compromiso con el grupo e interactuar con dicho grupo: el interés es mejor cuando es recíproco. Por lo tanto, el egoísta egoísta es un ser despreciable al que no le importa los demás mientras esté bien cubierto. Éste tipo de hombre busca, como consecuencia, un interés o beneficio carente de reciprocidad: se aprovecha de los demás sin ofrecer nada, cuando un acto generoso consiste en que dos partes se beneficien mutuamente persiguiendo su propio interés. Por ejemplo, ¿qué beneficios dan los bancos? Ellos no son productivos por sí mismos, ellos sólo producen del dinero… ¡del trabajo de los demás! o del que se inventan.

Por otro lado, una cosa es ser egoísta y otra muy distinta es ser soberano, aunque ambas pueden conjugarse. El egoísta (ya hablemos del egoísta o del generoso) es aquel que o bien se rige por intereses propios materiales o bien por concepciones metafísicas: el ser único, la particularidad. O bien puede regirse por los dos. Sin embargo, en el soberano es inherente el dominio de sí y la voluntad: voluntad y dominio de sí son corolario. Así pues deduzco que existen dos modelos de egoísmo egoísta y de egoísmo generoso, ambos con o sin soberanía. Y ¿por qué con o sin soberanía? El egoísta no siempre percibe el interés que reclama de sus propias acciones. Digamos que existe un egoísta no consciente, un egoísta que no llega a ver en su “generosidad” egoísmo, es decir, un enriquecimiento personal. Sin embargo, ese otro egoísta soberano, ya sea egoísta egoísta o egoísta generoso actúa a voluntad conociendo su interés, es decir, siendo consciente de lo que da y de lo que pretende recibir. TODO LO QUE HACEMOS, DE UNA U OTRA FORMA, LO HACEMOS POR NOSOTROS MISMOS, PORQUE NOS GUSTA SER GENEROSOS CON NOSOTROS MISMOS: NADA NOS GUSTA MÁS QUE SER GENEROSOS CON NOSOTROS MISMOS. POR OTRO LADO, NADA MÁS BELLO QUE SER PARTE DEL INTERÉS DE OTRO ALGUIEN: EL INTERÉS ES AMOR, GENEROSIDAD, EGOÍSMO... ES TODO JUNTO O POR SEPARADO O COMBINADO.

¿Son todas las manzanas iguales?
Y no nos dejemos confundir con ciertos detalles aparentemente desinteresados. Posiblemente nuestros padres parezcan desinteresados porque nos alimentan o nos dan cobijo. Pero no es así, todo lo que ellos dan es por su propio interés, por la satisfacción que les proporciona ver a sus hijos felices y seguros y su obra realizada, se trata de un interés necesario, generoso y noble.

Muchos también pensarán que el amor es desinteresado, que es darlo todo por nada o al menos sin esperar nada a cambio. Mentira. El amor es en sí egoísta y totalitario y si no no es amor. Es por amor que alguien lo quiere todo de otro alguien. Que en la locura del amor existan personas que sean capaces de perderlo todo, incluso la vida, por poseer a otro ser en cuerpo y alma (como se dice, ¿veis lo totalitario del amor ahora?) sólo demuestra hasta dónde es capaz de llegar una persona por pura locura egoísta; demuestra igualmente lo inconsciente del egoísmo, lo fatales que son las posesiones idílicas o celestiales: nada peor que estar enamorado del amor.

El egoísta que muere por amor porque lo quiere todo para sí de una persona es, salvando las distancias, como aquel que lo pierde todo apostando a los caballos y se ahorca en su habitación de hotel. Uno porque no posee lo que desea, el otro porque ha perdido lo que poseía y no puede poseerlo más, pero ambos por impotencia y porque sólo pensaban en el tener todo o más para su goce personal.

Así que veamos en todo un interés, veamos en todo un egoísmo, ya sea generoso o egoísta, y así entenderemos mejor las relaciones humanas, sociales, políticas, etc., y desconfiaremos de tanto buenismo.

IV. EL EGOÍSTA COMPROMETIDO

Los andamios de la razón hacia lo irracional
El egoísta, ya hablemos del egoísta o del generoso, se mueve, cada cual en su propio espectro, dentro de dos vertientes: el material y el trascendental.

En el trascendental (el egoísta del ser, el egoísta metafísico), tanto el egoísta egoísta como el egoísta generoso se proclaman como únicos y absolutos: el hombre como individuo es un todo. Pero seguidamente el egoísta egoísta matizaría, a modo stirneriano: no me interesa nada que esté por encima de mí. El generoso, por otro lado, diría: me interesa todo aquello que habite fuera de mí, incluso lo que esté por encima. Empero, en lo material (el egoísta del tener, el egoísta materialista) el primero señalaría: lo quiero todo sólo para mí y no me importa el resto; y el segundo: distribuyamos los bienes por mi propio interés y el de los demás.

No podemos soslayar esta realidad que formula que todo se mueve por un interés., tal como he ido repitiendo de una u otra forma Lo que ocurre es que existen intereses nobles y otros no tan nobles. Otros intereses no llegan a la altura de nobles. Un interés noble es el de aquel que trabaja por su pueblo, su raza y su país, por el interés de todos ellos y él mismo aún a riesgo de perderlo todo. Intereses nada nobles son los de la banca, que en su coartada de entidades generosas te asfixian con abusivas hipotecas para luego expropiarte sin atenerse a la realidad social, pues los bancos, así como cualquier empresa, sólo viven en y les interesa su propia realidad, como buenos egoístas al cuadrado.

Así que yo reivindico a un nuevo egoísta, reivindico al egoísta comprometido con una causa, a ese egoísta generoso que va más allá de su propio ser absoluto. Y un egoísta se apodera de las cosas, claro que sí, por ello un egoísta comprometido se apropia de una causa y se apropia de unos valores, pues cada paso que da debe ser una conquista, un acto de voluntad, un hacerse a sí mismo. Ejemplos los tenemos en nuestros antiguos héroes. ¿Quién no se queda fascinado por lo que sólo un hombre es capaz de hacer? ¿Quién no se complace y siente un cosquilleo de emoción al leer la cólera de Aquiles? Es la auto-superación de los hombres lo fascinante. Espíritus de esa naturaleza, elevados, inclinados hacia arriba, ¡espontáneos!, son lo que una nación necesita.

V. EL GRAN EGOÍSTA O EL GRAN INDIVIDUO: EL GRAN HERMANO DE ORWELL

El comunismo anula al hombre
El hecho de haberme adentrado en el egoísmo es porque el individuo y la individualidad me interesan como elementos dinamizadores en una sociedad, siempre y cuando se mire por la nación, que es paralelo a mirar por uno mismo. Sin duda he dicho que en todo hay egoísmo, pues es así si asumimos que en todo se persigue un interés propio, incluso en lo aparentemente desinteresado; pero vayamos ahora un poco más allá y desechemos, en cierto modo, todo lo que he escrito anteriormente.

Por supuesto, el egoísmo es sólo viable cuando el sistema político, económico y social lo permiten. ¿Y qué sistema no lo permite a escala social? Cualquier sistema totalitario. Por ejemplo, en las sociedades comunistas no existe el individuo. Como tal sólo existe uno: el líder, el Gran Individuo. Son los intereses de tal líder, ya sean egoístas o generosos, lo único que gobierna a un grupo de personas. Surge así la figura del Gran Egoísta y la de sus acólitos egoístas, que se han apoderado –han hecho suyo por conveniencia o han sido poseídos– del interés –o gran capricho– del líder para así poder medrar. Pero todos, acólitos y masa –el individuo es ya inexistente– se convierten en un medio, en un instrumento del Gran Egoísta. En estos países comunistas sólo existe, en definitiva, un líder, una voluntad, una línea. El estado se convierte en UNO y el pueblo es sólo el arma del Estado, una prolongación de la conciencia y de la voluntad del UNO. En los estados teocráticos es exactamente igual, aunque la voluntad y el egoísmo no surgen de ningún hombre, sino de un ser superior que no tiene existencia en la tierra y cuyo mandato es revelado o ya ha sido revelado (los libros sagrados son prueba de tales revelaciones: Biblia, Corán...) a los hombres.

Sin embargo, no es precisamente en la actualidad -que se supone haberse llegado, en lo que llaman occidente, a las mayores cotas de egoísmo y libertad-, el oasis donde el totalitarismo y el Gran Egoísta no existen. Los hilos del Gran Egoísta han dinamitado la masa para convertirla en migajas o grano: cada migaja o grano es un individuo. “Por fin”, nos dice el Gran Egoísta, “he dispuesto a los hombres la facilidad de ser soberanos y libres para regirse a sí mismos”. Mentira. Ahora el Gran Egoísta controla a los individuos subrepticiamente. El control mental se lleva a cabo mediante los medios de comunicación y entretenimiento de masas, como los videojuegos, el cine, etc.; y el control corporal mediante la acción de consumir o el envenenamiento y pervertimiento masivos: alcoholismo, drogadicción, ludopatía, pornografía, trasmutando e invirtiendo todos los valores, etc. Cuerpo y mente dominados por la idea fija del tener, del tener más sin fin, y de la libertad. Es mediante el egoísmo en su tendencia más egoísta cómo el nuevo totalitarismo pretende dominar a todos los seres humanos de la tierra: así rompen los vínculos de todos con todos, de los componentes de una nación con los propios componentes de esa misma nación, etc.

Sociedad atomizada
Es tanto el poder de este nuevo totalitarismo que no necesita obligarte por la fuerza a hacer ciertas cosas, consiguiendo que todo aquello que queremos no sea lo que realmente queremos, sino lo que nos han obligado a querer. ¿Cómo? Sí, así es. Nos crean necesidades superfluas, fomentan los vicios, la sensualidad radical… nos dicen que todo elllo es necesario y nos lo creemos; y todo ello para cortejar y dominar nuestros cuerpos mediante el control de la mente, que es lo mismo que controlar nuestra voluntad, para evitar cualquier atisbo de autocontrol del individuo. ¿Es entonces posible el egoísmo? Es posible en cuanto que existe el individuo como ser aislado del resto, ¿pero realmente alguien se rige por su propio interés? ¿Una sociedad manipulada se rige por su propio interés egoísta? Una vez más, el egoísmo y la individualidad soberana son una quimera, una falacia. En la época de la historia humana más dispersa, más rota, más desecha y desarraigada, supuestamente más libre, el individuo, desposeído de todo vínculo, acaba siguiendo los intereses de otro, de otro UNO o de otros UNOS: ni siquiera ahora puede ser agoísta a volutad. Recapitulando, el gran logro del sistema actual es convencerte de que lo que quieres lo quieres de verdad porque tú lo has decidido, convencerte de que eres tan libre como para poder regirte por tu propio interés. Una vez más, ya no la masa, sino el individuo, todos los individuos, anulados y sometidos a la voluntad, al capricho y al egoísmo del Gran Individuo, un individuo con muchas cabezas. Es por esa voluntad egoísta al cuadrado que el mundo se manifiesta como esa voluntad. Ser disidente es NO SEGUIR LOS DICTADOS DE ESA VOLUNTAD; y es por ello que en una sociedad atomizada serán los grandes egos, los más grandes espíritus, las más formidables individualidades, quienes entablarán lucha contra esta moderna Hidra de Lerna por unos ideales y valores elevados. Vivimos en la época de la inconsciencia y de los egoísmos, pero… ¿dónde están los grandes héroes? Los trovadores están ansiosos por cantar nuevas gestas.■

Artículos relacionados.
- ARTÍCULOS ETIQUETADOS COMO MAX STIRNER
- EL PROBLEMA DE LA LIBERTAD: el origen de la decadencia de Occidente.
- «Reflexiones surgidas de una lectura» - HISTORIA, IDEOLOGÍA Y MUCHO MÁS (II): LOS TOTALITARISMOS

11 comentarios:

  1. Como decía José Antonio, el hombre es portador de valores eternos como la dignidad y la justicia.
    Y pienso que una vida plena, en la que el hombre pueda ser feliz, es un Estado totalitario al servicio del pueblo, donde pueda tener un trabajo que le permita realizarse y donde no sea explotado (un sistema corporativista donde se le trate firmemente pero de buenos modos por que es un ser humano, no como en el capitalismo que te tratarn bien por que así produces más).
    Evidentemente, el hombre es egoísta por naturaleza, como dijo Maquiavelo, el hombre debe ser tratado al mismo tiempo con fuerza e inteliegcia por que es malo por naturaleza. Es por eso que valores como los del cristianismo son buenos, como dice el refran, la música amansa a las fieras, y el cristianismo es una bella sinfonía de respeto, unión y justicia.
    En cuanto a la libertad...ya dije en mi blog que no creo en ella, el hombre renuncia a ser libre cuando crea la sociedad, y lo mejor es buscar un Estado fuerte que le aleje de las falsas libertades y donde pueda realizarse a si mismo y vivir feliz.

    ResponderEliminar
  2. Y pienso que una vida plena, en la que el hombre pueda ser feliz, es un Estado totalitario al servicio del pueblo, donde pueda tener un trabajo que le permita realizarse y donde no sea explotado (un sistema corporativista donde se le trate firmemente pero de buenos modos por que es un ser humano, no como en el capitalismo que te tratarn bien porque así produces más).

    Me encanta la fuerza y convicción con la que te expresas. La sociedad es la totalidad de un pueblo, yo también soy totalitario en la medida en que creo que todo debe ir orientado a la grandeza de la nación. Pero no lo soy en la medida, en una medida proporcional, en que considero sana la libertad individual. No creo que haya que anquilosar el estado en un punto determinado ni creo que sea positivo atosigar al individuo al extremo. Hay que ser firme, por supuesto, y debemos exigir que nos traten con firmeza.

    Tampoco debemos confundir autoritarismo con totalitarismo. A diferencia del autoritarismo, el totalitarismo lo que pretende es controlarte en “cuerpo y alma”, es decir, quiere de ti la totalida de tu ser, corporeidad más espiritualidad, por decirlo de alguna forma.

    En cuanto a la libertad...ya dije en mi blog que no creo en ella, el hombre renuncia a ser libre cuando crea la sociedad, y lo mejor es buscar un Estado fuerte que le aleje de las falsas libertades y donde pueda realizarse a si mismo y vivir feliz.

    Para realizarse a sí mismo hace falta un margen de libertad, es decir, que el estado no sea totalitario, porque en un estado totalitario al final te haces a semejanza de ese estado y entonces no te haces a ti mismo, si “que te haces a otro”.

    En todo caso, celebro tu reflexión sobre la libertad. Existe y no existe, es una contradicción en sí misma. No lo olvidemos, “la libertad te incapacita para la libertad” y “no creer” en algo es a la vez admitir que se “cree” en ese algo.

    Hasta pronto, amigo.

    ResponderEliminar
  3. AYN RAND, autora de obras "anticomunistas" como "los que vivimos", e inspiradora del filme "El manantial" es "filósofa"
    atea y judia que afiorma que la base de la libertad del individuo es el EGOISMO...
    Es una autora interesante...pero supongo que equivocada... y que realmente no nos sirve a los europeos. Curiosamente a ciertos liberales (palabra muyu noble y de origen español) les produce admiración:
    http://www.liberalismo.org/articulo/98/62/vivimos/ayn/rand/

    ResponderEliminar
  4. Qué de tiempo Julio, espero que te vaya bien y lo pases muy bien durante estas fiestas.

    Es una autora interesante...pero supongo que equivocada... y que realmente no nos sirve a los europeos.
    Cierto, no nos sirve, pero creo que en parte. Me he leído LA VIRTUD DEL EGOÍSMO y cuál ha sido mi sorpresa al ver que en el plano ético existe mucha influencia de Stirner (como es obvio) y de Nietzsche. En el plano ético, Rand, por mucho que me pese, tiene cosas rescatables y válidas; pero claro, tienen una doble lectura, hay que saber leerlo porque si conseguimos una sociedad de individuos como la que quiere Rand el mundo se va a la mierda. En cierto modo justifica todo lo que está ocurriendo en el mundo, todo lo desastroso: es una marxista cultural también en muchos casos aunque ella no lo crea, ni lo pensara.
    Además, su filosofía no se construye desde el egoísmo, no construye desde su materia prima, sino que surge como reacción del altruismo, es decir, lo que ella considera un sacrificio gratuito: sacrificarse por otro. ¿Pero por qué gratuito? Si hay gente idiota y abnegada al extremo qué vamos a hacerle, que hay gente que haga las cosas inconscientemente, qué le vamos a hacer.
    Pero bien, lo que debemos atacar de Rand no es el modelo ético en su totalidad (que también tiene cosas perniciosas) y ciertas ideas, sino su modelo económico y político. Eso sí que lo considero equivocado. Ese capitalismo laissez-faire que defiende es nefasto.

    Curiosamente a ciertos liberales (palabra muyu noble y de origen español) les produce admiración.
    Es venerada por esos círculos, Julio, muy venerada. Pero también, entre esos mismo círculos liberales, muy vilipendiada. Entre los liberales existen diferentes concepciones para un modelo de estado, partiendo del no-estado, que es otra concepción de estado. Cuanto más subimos el nivel de poder estatal que requiere un tipo de liberal determinado más antipatía surge hacia la figura de Ayn Rand.

    Hasta pronto.

    ResponderEliminar
  5. Lástima la absurda referencia al "NOM", estropea un buen artículo...

    ResponderEliminar
  6. Fausto, he quitado lo del NOM, a mí, a decir verdad, tampoco me convencía demasiado. Lo que quería expresar es que el nuevo Gran Egoísta tiene varias cabezas, que no se manifiesta como una única entidad o sujeto, sino que es pluricéfala. Pero creo que luego queda bien aclarada esa idea cuando hablo sobre la Hydra.

    Muchas gracias, Fausto.

    Hasta pronto.

    ResponderEliminar
  7. Acerca de la libertad, Nietzsche habló de una distinción fundamental: "libertad de..." que es negativa (rotura de tradiciones, normas, elminación de los vínculos puestos al Yo, etc)y "libertad para..." positiva y afirmativa de una voluntad creadora.

    Para Nietzsche sólo la segunda tiene valor: es decir las normas y los vínculos al Yo en general tienen un sentido y una razón de ser, por tanto sólo tiene derecho a infringirlos quien lo hace para afirmar una libertad superior, constructiva.

    Es una distinción en la que me reconozco plenamente: Si no está presente el elemento volitivo y afirmativo, que no lleva a exigirse menos sino todo lo contrario, el simple rechazo de toda norma lleva a una "liberación" que no es más que un desparrame psíquico, un estado amorfo de disolución interior. Creo superfluo mencionar ejemplos pues vivimos rodeados de ello.

    ResponderEliminar
  8. Oso dice: Si no está presente el elemento volitivo y afirmativo, que no lleva a exigirse menos sino todo lo contrario, el simple rechazo de toda norma lleva a una "liberación" que no es más que un desparrame psíquico, un estado amorfo de disolución interior.

    Excelente párrafada y buen comentario.

    ResponderEliminar
  9. Lo que comenta Oso Solitario es la diferencia que hace Max Stirner entre "libertad" (negativa) y "propiedad" (positiva).

    ResponderEliminar
  10. Hola Daorino. Aprovecho este espacio para plantearte una reflexión a ver si puedes hacer un articulo. Se trata del hecho de que los chinos son la fabrica del mundo. Ahora los chinos nos van a robar el trabajo a todo, pero en su día, cuando empezó con el textil, nadie decía que se comprase de empresas españolas porque si no van a tener que cerrar. En fin que todos somos cómplices de una parte de la falta de empleo actual. Pienso que si se denuncia y si hacemos todos el esfuerzo de rascarnos el bolsillo un poco más, y compramos cosas echas en españa por españoles. (no en fabricas españolas con chinos) y en su defecto productos europeos, se puede invertir la marcha de la manufactura a china.
    Te planteo esta reflexión a ti por si te agrada el tema y escribes algo y quizá se genere una concienciación en 5,6,7 o más personas. Perdona que diga que el comprar productos chinos nos hace ser unos inconscientes y unos hipócritas (sabiéndolo o no).
    Un saludo

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.