19 de marzo de 2010

SOBRE EL BUENISMO Y LA UTOPÍA

«Muchos se han imaginado repúblicas y principados que nadie ha visto jamás ni se ha sabido que existieran realmente; porque hay tanta distancia de cómo se vive a cómo se debería vivir, que quien deja a un lado lo que se hace por lo que se debería hacer aprende antes su ruina que su preservación: porque un hombre que quiere hacer en todos los puntos profesión de bueno labrará necesariamente su ruina entre tantos que no lo son. Por todo ello es necesario a un príncipe, si se quiere mantener, que aprenda a poder ser no bueno y a usar o no usar de esta capacidad en función de la necesidad». 

Nicolás MAQUIAVELO, El Príncipe. Alianza Editorial, año 2008 (Décima impresión). CS 3401, Pág. 95. Traducción de Miguel Ángel Granada.


El texto transcrito más arriba de Maquiavelo tiene a mi parecer un mensaje muy claro: hay que hacer lo que hay que hacer en todo momento sin dejarse llevar por metas que la condición humana no tiene responsabilidad ni madurez para asumir. Y lo que hay que hacer no es lo que se debería hacer, si no lo que es coherente en cada coyuntura; toda decisión debe hacerse con una mirada realista, con los ojos, la cabeza y los pies en el suelo; metas que se puedan tocar con las manos, podría decirse. Quién no desea utopías, quién no desea un mundo donde no exista el odio y la guerra… pero ese mundo no está hecho para nosotros, si así fuera habría ya hecho tiempo que todo estaría yendo bien: el hombre se ha bordado un modelo diferente de destino.

En nuestro mundo hemos de luchar, porque la utopía proviene de una concepción humana espiritual y religiosa que cree haberse emancipado de la vida en la selva o en el bosque, cuando no es así; y ese luchar requiere quizá renunciar a los sueños y a lo que debería ser por lo que hay que hacer. Las utopías que nos venden los políticos no dejan de ser elementos equiparables a los paraísos ofrecidos por las diferentes religiones. Si antes no ser realista era la ruina para un príncipe hoy es la ruina de toda una nación, una etnia o un pueblo entero. Es el propio pueblo quien quiere el buenismo, es el propio pueblo quien desea ver y votar a políticos que dan una cara a sus votantes con un haz de misericordia; y eso es una muestra más de que la ciudadanía no hace lo que tiene que hacer ni sabe lo que necesita.

Si antes mandaba un príncipe y su ruina era la profesión de bueno, como se ha dicho en el párrafo anterior y señala el propio Maquiavelo, hoy la ruina la traen los votantes que eligen cada cuatro años a su «príncipe», pues los ciudadanos no hacen lo que tienen que hacer… se dejan llevar por fachadas de hombres que vitorean en un púlpito dando una imagen no real, por hombres que son una construcción propagandística; esto tiene un nombre: populismo y demagogia; ¡quién le iba a decir a Maquiavelo que en la actualidad triunfaría la profesión de bueno! Una sociedad donde la gente vive manipulada sin conciencia clara y sin saber lo que debe hacer, que ni siquiera sabe lo que es importante, no está instruida para el sufragio universal: la democracia no es un ejercicio para cualquiera, el voto no debería valer lo mismo según qué personas: la democracia es una ruina, porque le da al pueblo una responsabilidad para la que no está capacitada: no es algo para los más, sino para los menos. Por eso digo que este país tiene lo que se merece; él solo, su masa de votantes inculta, manejable y estúpida, es la que nos transporta hacia todo un término muy oscuro.

Pero el panorama no pinta bien para el futuro, en España no hay ninguna respuesta política coherente que defienda los intereses de sus verdaderos y auténticos ciudadanos autóctonos. No me refiero por supuesto a aquellos a quienes han venido para quedarse o se les ha regalado el DNI como “auténticos y verdaderos ciudadanos de este país”, éstos han venido a decidir por nosotros y a... Un pueblo bien constituido no se deja engañar por el buenismo, ni adopta postura de bueno, porque un hombre bien constituido ni manipula ni se deja manipular. Un pueblo bien constituido conoce de su sangre, de su lengua y de su territorio y lo defiende. Un hombre bien constituido es un guerrero, es un sabio y un buen amante y defiende aquello que es suyo y de sus allegados, respetando siempre lo diferente: pues tan único me hace lo que me es ajeno como mis propios actos. En definitiva, un hombre bien constituido hace lo que tiene que hacer porque sabe que la naturaleza humana es la que es y punto; sólo unos pocos pueden estar por encima de su propia naturaleza, pocos hay que puedan ser abnegados sin llegar a ser idiotas, generosos y auténticamente «buenos» (no lo quiero decir en sentido moral). El buenismo dista mucho de la bondad, es la ideología del lobo vestido de cordero, es la ideología de la nueva casta político-sacerdotal, es la ideología de manipulación que necesita un pueblo ávido de esperanza, utopía y… ¿ruina?■

5 de marzo de 2010

LA IMPOSTURA E HIPOCRESÍA ATEA

No creo en vuestras utupías espirituales y materiales, no creo en vuestro camino recto ni en vuestra esperanza, no creo en aquellos que prometen un paraíso; yo solamente creo en una felicidad construída con esfuerzo, sufrimiento y heroicidad, una felicidad hecha de triunfo y de sangre, una felicidad que brote de mis ojos en forma de lágrimas, una felicidad por la que deba luchar y no bajar la guardia. No creo en nada regalado, sólo en mi voluntad. (daorino)

No quiero poner a los ateos en el mismo saco, pues entre los mismos existen infinitud de formas; por ejemplo, no quiero referirme a Michel Onfray, que se denomina ateo por el simple hecho de no haber una palabra mejor, y a otros hombres y mujeres consecuentes con lo que dicen que demuestran su repulsa a cualquier religión... abrahámica («estos hombres y mujeres serían entonces bastante ignorantes, al identificar religión y creencia en lo divino con religión abrahámica, así que no sé si serán consecuentes o no, pero melones sí que lo son y bastante», dijo León Riente). Tampoco quiero acusar a todos los creyentes en su Dios en su totalidad. Mi intención es pormenorizar analíticamente dentro de mis posibilidades la hipocresía de un grupo muy fuerte de ellos y que denominamos comúnmente como progres, ya que la palabra progresista –que no por ello significa algo mejor– les queda grande. Los progres de hoy son unos catetos en lo teórico en comparación con sus ascendientes ideológicos del siglo XIX.

Así pues, es interesante exponer la relación del «ateo hipócrita» frente al cristianismo y sus diversas formas (católica, protestante, etc.) y el Islam en concreto. Es curioso como los progres se abanderan con la tolerancia convirtiéndola en su seña de identidad y en una de sus artimañas favoritas para defender su supuesta superioridad moral. Sin embargo, ésta queda anulada cuando se trata de ser tolerante con las diversas vertientes cristianas, de forma que reaccionan con odio y resentimiento: no defiendo el cristianismo, sino que señalo la hipocresía de un tipo de ateo en concreto. Contrariamente, se demuestran muy complacientes con el Islam… En definitiva, al “ateísmo hipócrita progre” lo que le molesta es el cristianismo, mientras que ve en el Islam una especie de aliado ideológico. Su ateísmo queda en entredicho, pues un ateo debe reaccionar contra todo aquello que sea religión al margen de a los dioses que se veneren: ¿queremos que nos gobierne de nuevo la fe? Pues el ateísmo es la nueva fe, una fe destructiva dañina para todos los seres. En definitiva, mientras que los progres dejan vía libre al islam con su malentendido concepto de tolerancia, demuestran que no son tan ateos realmente, ni no creyentes, sino que ven en el cristianismo su enemigo doctrinario y en el islam un aliado para combatirlo con el que simpatizan.

Socialismo (marxista) e Islam son dos formas confluyentes y altamente complementarias para muchos:

Aunque no demasiado para otros:

Célebres son por otra parte la conversión de muchos comunistas al Islam, lo cual no es casualidad, y las alianzas tipo Venezuela-Irán.

En todo caso la realidad es manifiesta y existe una gran connivencia por parte del gobierno español en apoyar y promover con sus leyes de discriminación positiva al colectivo islamista, por lo cual es innegable que existe un trato de favor y una política que va en contra de los propios españoles y europeos, quienes pagamos encima los costes de la colonización que resistimos algunos, que toleran otros y que agradecen otros muchos. Señores, si el cristianismo, que es una religión extranjera, dejó a la bella Europa en el oscurantismo, la que se avecina con el Islam y el progre-socialismo («Universalsocialismo» o «globasocialismo», permítanme los neologismos), otra religión extranjera la primera –proveniente del desierto y por lo tanto extraña para nuestras montañas, ríos y fauna– y perversión y autoodio del hombre europeo la segunda (sentimiento reaccionario contra el cristianismo, una respuesta nefasta ante la podredumbre judeocristiana: es como una pelea entre «gitanos»), no dejarán un reguero de luz por nuestra cultura europea precisamente, ¿para qué se usa el velo y el burka si no? (jeje). Por otro lado, no debemos dejarnos llevar por el victimismo de las diferentes iglesias cristianas, dicha religión es consecuencia y origen de nuestro problema con el progre y el islam.

¿Por qué los progres, furibundos perseguidores de todo cristianismo no recelan de la misma forma ante el Islam? Porque por experiencia propia he hablado con muchos socialistas y es evidente la simpatía que sienten hacia el Islam sin ver en ellos una amenaza al hombre blanco y al espíritu europeo: el hombre español, especialmente el andaluz, se siente hermanado con el pueblo musulmán por alguna anomalía racionalista o patología mental que desconozco. Se escudan con que éstos (los moros y sarracenos) eran tolerantes y trajeron a España una época de apogeo cultural… ¿cómo? Incluso llegan a decir que los musulmanes que conquistaron España dejaron un legado mucho mayor que la de los propios romanos. Así que está claro que los ateos hipócritas no son ateos en tanto que fervientes creyentes y seguidores de su moral judaizada de cristianismo invertido y de admiración a todo lo que mire a la Meca. ¡El socialismo es la cuarta religión abrahámica!


¿Por qué justifican su repulsa contra el catolicismo español en que éstos no deben inmiscuirse en lo político y permiten que se constituya legalmente un partido de ideología islámica a nivel nacional? Cuando esto ocurre el Islam deja de ser una pretensión exclusiva de lo privado y se le da la posibilidad de hacerse fuerte e inmiscuirse en toda la vida pública. El estado aconfesional y laicista queda en entredicho.

Prosiguiendo con el análisis al ateo, no es la primera vez que en este blog de dice que el socialismo progresista es una religión más que se basa en la fe y en la esperanza. Como dije anteriormente es la cuarta religión abrahámica, pero en lugar de estar basada en el amor a un Ser Superior se basa en el odio a ese Ser. Eso sí, si las tres clásicas religiones abrahámicas tienen un componente masoquista el «progresocialismo» lo ha transformado en auténtico goce, promiscuidad, perversión de la juventud, de la sociedad, de la educación… ¡ES SU REPRESENTACIÓN DE VENGANZA, PERO DE UNA VENGANZA PÉRFIDA Y LLENA DE RESENTIMIENTO! Los ateos no dejan de parecerme meros sacerdotes que venden su moral de autoodio y de desagravio contra su propio país y raza; lo demuestran aliándose con el islam, simpatizando con él, dejando vía libre al inmigrante, promulgando la piedad y la pena ante el desvalido (pobre marroquí, vamos a darle una casa, ropa, comida…) y sobre todo condenando el exceso fuerza, tachándolo como una muestra de autoritarismo y represión. Una vez más, mala conciencia, chantaje emocional, castración de la voluntad, exaltación de la podredumbre y de la pusilanimidad, falsa superioridad moral: los ideales ascéticos trasvasados a la modernidad pero con forma adulterada. ■