24 de junio de 2011

CHÉ GUEVARA S.A. (DECONSTRUYENDO AL MITO)

por DAORINO

Nota introductoria: Nuestros "amigos" los marxistas son muy amigos, a su vez, de la deconstrucción siempre y cuando ésta vaya dirigida hacia aquellas instituciones, personas y hechos sociales o históricos que ellos, en el fondo, desprecian. Pero, ¿acaso la deconstrucción es sólo aplicable a los enemigos del marxismo? No lo creo así. Hagamos nuestra la deconstrucción, sólo por un rato, y apliquémosla con rigor a uno de los mitos más queridos, y más rentables, de la ideología marxista, la figura del Ché Guevara, con la que los propagandistas de semejante ideología llevan encandilando a imbéciles de distinto pelaje desde hace al menos cuarenta años. (León Riente)


PATRIA O MUERTE. ¿PUEDES SER PATRIOTA SÓLO SI ERES MARXISTA?


¿PARA CUÁNDO LA CONDENA DEL COMUNISMO SIN TITUBEOS? ¿PARA CUÁNDO UNA HISTORIA SIN MENTIRAS?


LOS HOMOSEXUALES FUERON PERSEGUIDOS DURANTE EL CASTRISMO, ASÍ COMO EN OTROS REGÍMENES COMUNISTAS. SIN EMBARGO EN LA ALEMANIA NAZI CABE DESTACARSE TRES CORRIENTES: "La primera abogaba por la aceptación de la homosexualidad y la eliminación del §175, cuya cabeza visible más conocida era Ernst Röhm, jefe de las SA y él mismo homosexual. La segunda corriente sería la representada por Hitler mismo, que personalmente no parecía tener nada en contra los homosexuales, mientras fueran discretos. Finalmente estaban aquellos que eran profundamente homófobos, entre los que se cuenta Heinrich Himmler, que llegaría a ser jefe de las SS." (Fuente original: AQUÍ)


Röhm era un personaje muy controvertido, de espíritu arrogante e impulsivo y de carácter irascible; conocido entre la sociedad por su relativamente abierta homosexualidad, que llegaba a expresar sin vergüenza. Röhm sirvió como teniente en las filas bávaras durante la Primera Guerra Mundial, donde se destacó por su valentía en combate, siendo gravemente herido en la cara en 1914 en la Lorena, Francia. (Para ampliar la información del adorable, altivo y viril Röhm: AQUÍ)

Si alguien quiere ser totalitario, si alguien quiere venerar a genocidas, si alguien quiere ser dogmático o lo es (y quiere ocultarlo) pero a la vez ser considerado democrático y luchador por las libertades, el sistema democrático actual –y el mercado al que sirve dicho sistema de valores, que presumiblemente vela por nuestras libertades y derechos– pone a su alcance todo un abanico de iconos y líderes, una generosa oferta, entre ellos al engrandecido Comandante Ché Guevara, que para su escarnio se ha convertido en un mero producto de merchandising. Su rostro adorna camisetas, llaveros, paredes con sus posters, me atrevería a afirmar que la guevaramanía ha abarcado casi todo. Es, sin duda, el genocida más políticamente correcto que ha existido y que existe, pues el Ché sigue bien “presente”, como una estrella muerta en la inmensidad del cosmos. ¿Se imaginan tal aceptación en Hitler? ¿Se imaginan a los adolescentes yendo con una camiseta de Hitler? ¿O de Goebbels? ¿O de Mussolini? Sin embargo se puede venerar incluso a Stalin, al “bueno” de Stalin, y tener fantasías utópicas con un Lenin o un Pol Pot.

Por mi parte, no considero condenable moralmente –y voy a ser irónico, que nadie vaya pidiendo cita al abogado para barajar acciones legales contra mí– el hecho de que hayan cometido genocidios. No lo condeno porque Bush nos demostró que moramente (es decir, legalmente) se pueden cometer genocidios, al igual que los sucesivos gobiernos de Israel desde su creación en territorio usurpado. Es la superioridad moral del momento lo que dice qué genocidios son buenos o malos, o mejor dicho, qué genocidios se pueden conocer y cuáles no, incluso sobre quiénes puede inventarse genocidios y arrojar todo tipo de falacias.

Para mí el Ché es sólo un revolucionario que salía muy bien en las fotos. Hay que reconocer que en ellas salía favorecido y he de decir que posiblemente los fotógrafos marxistas sean mejores que los de cualquier ideología (jajajajaja). Tenía su encanto aquel comandante con esa barba y esa humareda que le acompañaba, producto de su vicio con los puros, unos puros que no todo el mundo podía permitirse. Además, los propagandistas marxistas son unos auténticos genios si se trata de ello; porque esas fotos son algo más que el álbum fotográfico familiar del Ché, son auténticas obras de arte propagandística que tienen como objetivo hacer al gran líder de los “adolescente” y trasnochados cercano, bondadoso e incluso atractivo para las mujeres. Esos poderosísimos fondos rojos con que se adornan algunos pósters del Ché, esa sugestiva estrellita de cinco puntas, ese blanco y negro que dibuja la atractiva silueta de la efigie del Ché… seamos sinceros, todo ello contiene un punto sugestivo e hipnótico, un diseño que sabe llegar, que arrebata y que es capaz de apoderarse de tu mente. Me imagino a muchos adolescentes viendo esos posters y esa efigie enigmática, ese icono encumbrado a las bondades: es más que comprensible que todo adolescente ingenuo y bienintencionado se quiera parecer al mito. Pero bien, hablemos de este personaje, ejemplo para muchos de los autodenominados de izquierdas o libertarios ¡que no saben nada del Ché! No voy a hablar de nacimiento y de muerte, no me detendré en cosas que todo el mundo sabe y que todo el mundo puede buscar fácilmente, sino que me ceñiré a lo polémico, a lo que para mí es polémico, lo que sé que puede molestar y acarrearme problemas con muchos fanáticos. Además, para qué mentiros, me gustaría que los rojeras comentaran en mi blog, necesito debate, pugna, dialéctica... y tener mucha mala reputación en esos círculos. (jajajaja)

Comunista de copa, café y puro
Para hablar del Ché voy a empezar por su abuelo. Su abuelo se llamaba Patricio Julián Lynch y Roo, y fue considerado el hombre más rico de Sudamérica. Su padre también fue un hombre de posibles, empresario –biógrafo de su hijo, al que aquí tratamos– y perteneciente a la clase alta argentina. Con esto no pretendo criticar al Ché, las ideas que uno posee son al margen de su propia realidad personal, sino a aquellos que en nombre de la humanidad y los necesitados aclaman como ejemplo a seguir al hijo de papa de un burgués que proclamaba "¡patria o muerte!"; sin duda no dejaba mucha elección a los perroflautas actuales, que no quieren patrias ni morir por nada. Además, sería una torpeza por mi parte intentar atacar al Ché en este sentido (en el de ser hijo de), pues el que muchos vean que el Ché renunciara a una vida más o menos fácil, dentro de los negocios y los sustanciosos beneficios, para luchar por esas causas justas como la humanidad… le engrandece (según mis amigos marxistas).

Sin hacer especial hincapié en ello, he de mencionar la ascendencia judía del Ché. Su madre, Celia de la Serna, fue una judía de origen ruso llamada realmente Sonia Sheinerman -¿Por qué se cambian tanto de nombre los judíos?-. Como sabréis, la ascendencia judía se transmite por línea materna. Y bien, es curiosa la dominancia de los judíos dentro del marxismo. Quien está instruido en lecturas prohibidas como las de David Duke lo saben:
Los documentos también establecían, sin duda, la naturaleza judía de la Revolución (Rusa). En uno de los informes oficiales de Schuyler, desclasificado en 1958, casi cincuenta años después de haber sido escritos y despachados, escribía: "Es probablemente imprudente decirlo muy alto en los Estados Unidos, pero el movimiento bolchevique es y ha sido dirigido y controlado desde el principio por judíos rusos de la mayor significación..." 
(…) El 9 de Junio de 1919, Schuyler cita a Wilton como sigue: 
Una lista confeccionada en 1918 por Robert Wilton, corresponsal del Times de Londres de Rusia refleja que en aquellos días habían 384 comisarios, incluyendo a 2 negros, 13 rusos, 15 chinos, 22 armenios y más de 300 judíos. De éstos últimos, 264 habían llegado de los Estados Unidos desde la caída del Gobierno Imperial. 
No había, por supuesto, razón alguna para impugnar los informes del Times o del capitán Schuyler. No daba crédito a mis ojos mientras observaba aquellos papeles dispersos sobre la mesa del comedor de casa. Me maravillaba de que pudiera ser verdad que la "Revolución Rusa" hubiera tenido tan sólo 13 rusos étnicos entre 384 miembros principales de su estructura gubernamental. La descripción de Churchill sobre "agarrar al pueblo ruso por el pelo de sus cabezas" cobró vida en las páginas que recibí de nuestros Archivos Nacionales. 
Una vez que empecé mis comprobaciones, los Archivos Nacionales continuaron enviándome los más increíbles documentos- No sólo nuestro principal agente de Inteligencia escribió al Presidente de los Estados Unidos sobre la naturaleza judía del Comunismo, sino que también lo hizo nuestro embajador en Rusia, David R. Francis. En Enero de 1918 cablegrafió a nuestro gobierno, afirmando:  
La mayoría de los líderes bolcheviques, la mayoría de los cuales son judíos, y el 90% de los cuales son exiliados que han regresado, se preocupan muy poco por Rusia o por cualquier otro país; son internacionalistas y están tratando de empezar una revolución social a escala mundial. - David Francis, embajador americano en Rusia en tiempos de la Revolución.”
Supremacismo Judío, de David Duke. Págs. 58-59

Con todo esto no pretendo relacionar al Ché con la Revolución Rusa, sino a la raza judía con la causa marxista; y que nadie me acuse de antisemitismo, pues esto es así y ellos mismos se jactan de ello. Y seamos realistas, objetivos, veamos el fenómeno en su esencia, la impunidad del marxismo en todos los ámbitos de la vida es apabullante, sino no se explicaría cómo en 1939 se les declaró la guerra a los alemanes por invadir Polonia por el oeste, estallando así la Segunda Guerra Mundial, ¡pero no a los rusos, que hicieron lo propio por el este!

Y para no alargar el artículo termino con unas palabras inéditas de León Riente y una reflexión personal. Las palabras de León Riente dicen:

El Che Guevara era un racista. Un racista en el peor sentido de la palabra, suponiendo que exista alguno bueno, que lo dudo. Quién aún cuestione el racismo del Che Guevara que revise El año que estuvimos en ninguna parte, y algunos artículos al respecto que han ido haciéndose públicos desde hace algunos años. Totalitario, intransigente, este niño de papá comunista aborrecía la supuesta molicie revolucionaria de los negros centroafricanos. Tuvo ocasión de conocerlos en el año en que estuvo en África, tratando de dinamizar las guerrillas comunistas por entonces existentes en El Congo. Y es que los guerrilleros negros tenían otras formas, otras costumbres, otras maneras, otros tiempos, ¡sus tiempos!, que Che Guevara condenaba y castigaba mediante rígida disciplina más que cuartelaria. Ese es el hombre, ese es el mito, un marxista sudamericano azotador de negros. ¿Para cuándo la película sobre el "señorito Guevara" dirigiendo a estos guerrilleros al estilo del terrateniente norteamericano de la plantación de algodón del siglo XIX, o más bien al estilo de la caricatura de esta época pergeñada por tanto film político? ¿Cuándo la verdad sobre este "bwana" marxista?

Eso me pregunto, ¿para cuándo? Los europeos con sangre europea, ¡pues en la sangre está nuestro pueblo!, y con consciencia de lo planteado, estamos más que hartos de soportar la propaganda hollywoodiense en la que se victimiza a los “elegidos” y se demoniza al siempre noble hombre blanco europeo o eurodescendiente, impulsor y capaz de lo peor y de lo mejor, pero motor de desarrollo en todas las ramas del saber.

El Ché aclamaba la patria como una especie de ideal, pero él iba más allá luchando por la humanidad. ¿Qué tipo de humanidad? Como siempre parece que hay quienes son más humanos que otros, incluso parece que los hay inhumanos. El propio Ché se dio cuenta, y lo escribió, si no no se explicaría cómo el luchador por las libertades, venerado por todo tipo de oenegetas y libertarios actuales, además de por buena parte del espectro político de la izquierda, dijera que los negros eran tales porque no se bañaban o que los indios argentinos tienen un olor más repugnante que el de un excremento de vaca. ¿Qué podría esperarse de un comunista? Son ellos los más racistas, los mismos que reduciendo todo a lo mismo quieren simplificar al hombre a una misma cosa, a una misma forma, dirigirlo hacia un mismo pensamiento. Nada es como os lo han contado, nada es lo que parece. Odio, desprecio, checa y fanatismo es lo que encontraréis en todo exaltado seguidor de esta ideología, capaz de cualquier atrocidad para conseguir la máxima irreal de que "todos son iguales", o "iguales pero diferentes", fórmula moderna derivada de la anterior para hipnotizar a desprevenidos. Y si os vienen con buenas palabras, con mestizaje, con multiculturalidad, etc., decirles bien claro que son unos racistas y que su superioridad moral (la que ellos creen tener) no os convence. No dejaros engañar por su verborrea, con ella conseguirán acabar de destruir nuestra cultura, nuestra identidad; con su verborrea nos han convencido de todo lo que ellos son: racistas, homófobos, intolerantes, dogmáticos... Pero todos los comunistas no son así y es porque la mayoría no saben por qué lo son.

En este blog, un blog que condena el racismo, sólo podemos defender la diversidad racial y la diferenciación natural. No somos iguales y a mí, como identitario, no me causa ningún trauma. Hemos, si acaso, de celebrarlo y condenar a la ideología que ha causado más terror en toda nuestra historia. Sin embargo, esto es ignorado por la mayoría, ni siquiera se enseña en las escuelas (o fábricas de marxistas). Es más, se les encumbra, prefiriendo denostar a aquellos que embargados de amor por aquello que era más que ellos y que a la vez les hacía más grandes, a aquellos que, poseídos por grandes valores y convencidos de que su lucha era justa para ellos y para los del futuro, lucharon por su patria, su sangre y su libertad aún a riesgo de sus vidas, una libertad auténtica, aquella libertad paradójica de la que tanto he hablado en este blog, una libertad de los fuertes, la del mandar y la del obedecer, una libertad que pervive a pesar de los pesares y que pasado mañana, quién sabe, erguirá su mano alzada hacia el cielo, pero esta vez para vencer... ¡sin piedad!... a todos nuestros enemigos, a los enemigos de los pueblos, a los enemigos de la sangre, a los enemigos de la vida.

Y este es el Ché, el que nadie os va a contar excepto en lugares como este blog.■


Artículos o webs de interés:
- ERNESTO CHE GUEVARA SHEINERMAN

17 de junio de 2011

EXPRESIÓN SENSIBLE DE LO INVISIBLE


Más allá de no agotarse en un naturalismo –tal como hoy sólo la ignorancia o la falsificación tendenciosa de algunos puede presentarla– más allá de conocimiento de los ideales de la superación viril y de la liberación absoluta, en la concepción pagana el mundo era un cuerpo viviente, compenetrado por fuerzas secretas, divinas y demónicas, por significados y por símbolos, de acuerdo al dicho de Olimpiodoro: era la “expresión sensible de lo invisible”. El hombre vivía en conexión orgánica y esencial con las fuerzas del mundo y del supramundo, de modo tal de poder decir, con la expresión hermética, que era “un todo en el todo, compuesto de todas las potencias”: no otro es el sentido que trasunta de la doctrina ario-aristocrática de âtmâ. Y esta concepción fue la base sobre la cual se desarrolló, como un todo en su manera perfecta, el corpus de las ciencias sagradas tradicionales.

El cristianismo infringió esta síntesis, creó un abismo trágico. Y así, por un lado el espíritu se convirtió en el “más allá”, lo irreal, lo subjetivo; de allí la raíz primera del abstractismo europeo; por otro, la naturaleza se convirtió en materia, exterioridad encerrada en sí misma, fenómeno enigmático. De allí la actitud que tenía que dar lugar a la ciencia profana. Y como el saber interior, directo, integral dado a la Sabiduría se le sustituyó el saber exterior, intelectual, discursivo-científico, profano, simultáneamente a la conexión orgánica y esencial del hombre con las fuerzas profundas de la naturaleza que constituía la base del rito tradicional, del poder del sacrificio y de la misma magia, se le sustituyó una relación extrínseca, indirecta, violenta: la relación propia de la técnica y de la máquina. He aquí pues en cuál manera la revolución judeo-cristiana contiene el germen de la misma mecanización de la vida.

Julius EVOLA, Imperialismo Pagano. Ediciones Heracles, año 2001. Págs. 102-103. Traducción del italiano y estudio preliminar a cargo de Marcos Ghio.■


Hay un impulso biológico que no es menos profundo por no ser espiritual; porque no es espiritual es por lo que es más profundo y por ello, sagrado, sagrado porque su violabilidad conlleva sacrilegio. ¿Qué valor puede tener una religión que se basa en oír y creer? La verdad no necesita ser creída, poco valor tiene aquello que necesita ser creído, que es cuestión de fe, que no tiene un lugar en el mundo, en el único mundo posible.

Crear un más allá, generar un abismo que separe a los hombres de lo sagrado y de la posibilidad de una experiencia vívida que supere lo perceptible por los sentidos, eso ha generado el judeocristianismo y otras formas de desacralizar el mundo; es mejor sentir la esencia de las cosas, vivir en un mundo vivo y no en un mundo donde lo sensible es mera materia, mera masa inerte sin posibilidad de transmitir nada, mera mecanización, en definitiva.

¿Existen los dioses? Si. Veo a Zeus a lo lejos en una lluvia con su trueno, a Poseidón en los mares calmos y crepitantes… ¡siento a Ares cuando la ira me embarulla y a Atenea equilibrándome para no generar un estrago que me perjudique! Siento a Eros ante la belleza irresistible de una mujer y en los impulsos que dicha belleza me genera por tan agradable impudicia; también siento a Hera, diosa de las mujeres y del matrimonio, cuando veo a una madre ofrecer su seno a aquello que es sangre de su sangre… Los dioses se manifiestan, nosotros les damos valor pues valor deben tener nuestras acciones, lo que hacemos. Que les hemos creado a nuestra semejanza… sin duda, ¡ellos no existen sin nosotros! Pero es que la única diferencia sustancial es que ellos son inmortales… ¡hemos creado dioses que nos sobrevivirán!

Los dioses surgen de la asunción de que hay un orden natural de las cosas, un orden no humano, no creado por nosotros. Es a partir de ese orden que con la razón hemos de generar un orden racional de las cosas. No es como siempre se ha hecho, generar un orden racional de las cosas que transforme la naturaleza: eso ha provocado toda una hecatombe de difícil explicación, una deriva perpetua. Nuestros dioses, nuestro Olimpo, nos ayudan a vertebrar ese orden natural, a generar un centro al hombre. Y esa es la misión de toda religión, fijar un punto, un centro, una brújula espiritual que pueda catapultarte a lo sagrado. Pero lo sagrado está en nuestro mundo, ¡ni en el más allá ni el más de ningún sitio!

Salir a la naturaleza es reconciliarse con los dioses. Un hombre reconciliado con los dioses es un hombre que tiene grandes posibilidades de ser humilde –pues reconoce sus limitaciones, PERO REALMENTE HUMILDE ESTÁ MAL DICHO, por lo que deduciréis– sin renunciar a su orgullo, es decir, en una contextualidad de amor propio. Para mí el orgullo es reconocerse en la justa medida, pues si orgullo es amor propio, ¡qué mal se quiere aquel que se sobrevalora o que se infravalora! Y ahora que surge el punto medio –inferido de justa medida–, decir que es algo totalmente subjetivo. En sí mismo no existe, es una medida racional de las cosas y como tal, de existir, sólo en nuestra cabeza. Así que amarse en su justa medida no es realmente el punto medio, sino verse objetivamente, verse de la forma más consciente posible, verse uno mismo tal como es, es decir, en toda su radicalidad.

Yo pienso, entonces, que los hechos se muestran de forma radical. Lo que es se ha manifestado como es. El punto medio, la comparación, etc. son medidas racionales, como he dicho, pero en realidad no ha habido punto medio, ni siquiera justa medida, pues el hecho o el fenómeno se ha manifestado en toda su plenitud. Las cosas son al margen de nuestra interpretación. Es la interpretación lo que hace que nos confundamos, lo que a veces nos hace ver lo que no existe. Es por ello lógico la necesidad de un mirarse a sí mismo, de un pararse, analizar y autocriticarse para no exagerarse o exagerar algo hacia arriba o hacia abajo.■

10 de junio de 2011

SOBRE AQUELLO QUE ES MÁS QUE EL AMOR

 «¡Mira, justo ahora se ha vuelto perfecto el mundo!» - así piensa toda mujer cuando
obedece desde la plenitud del amor.
Y la mujer tiene que obedecer y tiene que encontrar una profundidad para su superficie.
Superficie es el ánimo de la mujer, una móvil piel tempestuosa sobre aguas poco profundas.
Pero el ánimo del varón es profundo, su corriente ruge en cavernas subterráneas: la mujer presiente su fuerza, mas no la comprende.
Entonces me replicó la viejecilla: «Muchas gentilezas acaba de decir Zaratustra, y sobre
todo para quienes son bastante jóvenes para ellas.
¡Es extraño, Zaratustra conoce poco a las mujeres, y, sin embargo, tiene razón sobre
ellas! ¿Ocurre esto acaso porque para la mujer nada es imposible?
¡Y ahora toma, en agradecimiento, una pequeña verdad! ¡Yo soy bastante vieja para
ella!
Envuélvela bien y tápale la boca: de lo contrario grita a voz en cuello esta pequeña verdad»
«¡Dame, mujer, tu pequeña verdad!», dije yo. Y así habló la viejecilla:
«¿Vas con mujeres? ¡No olvides el látigo!»

Así habló Zaratustra, Friedrich Nietzsche

Hoy matrimonio es cualquier unidad para aquellos que no tienen un orden racional de las cosas y que tampoco obedecen el orden natural de las cosas, un orden no humano, un orden que procede de lo alto. Pero el matrimonio es la institución que da legitimación y vía libre al amor desorbitado que un hombre una mujer se tienen para dar de sí lo mejor para ellos mismos y para el mundo: descendencia. No es otra cosa que esa el matrimonio, unión entre un hombre y una mujer y nada más, órgano que da un centro a la mujer, un lugar común con su opuesto masculino para realizarse plenamente en su función femenina. No es la unión entre hombres, ni entre mujeres, es la conjunción de dos opuestos, el hombre y la mujer, que encuentran en el jardín del matrimonio un sentido pleno a lo que ellos son. Que el amor es el elemento que empuja volitivamente al matrimonio, por supuesto, pero como desarrollaré a continuación, es el amor una palabra que dice poco, que minusvalora a aquello que trasciende de lo propiamente físico y que realmente no es amor, sino algo más, algo indescifrable, oculto y dantescamente irracional.

En un mundo donde el amor carece de valor, donde la propia palabra amor llama amor a algo que mis sentidos perciben como inadmisible, he ahí que hemos de encontrar un significado nuevo al amor. El amor, palabra pequeña, demasiado poco para expresar una realidad que trasciende de los hombres -por incomprensible, por irracional-, algo que con palabras se empequeñece, esa sensación que supera al propio ego y lo funde con su contrario femenino o masculino creando algo superior de lo que ellos son por sí mismos. ¿Puede la palabra amor definir algo tan elevado, algo que no necesita motivo y que no obedece a nuestra voluntad? ¿Y es que no es eso indescifrable, sin nombre, en cuanto que no nos hace libres, que nos somete a su tiranía, por lo que la deseamos, pues a pesar de ello nos embarga de felicidad? ¿Acaso no es aquel que lucha por amor el que muestra una voluntad de sacrificio mayor? ¡Y en contra de su libertad! Es el amor el que nos enseña a obedecer, es el amor lo que nos dice que no es la libertad lo mejor.

La mujer, hecha para amar de verdad, para amar hasta lo indecible, es decir, para rendirse a las virtudes del varón - varón que es superior a la mujer en los dones propios del varón, lo mismo que la mujer es superior al hombre en los dones que le son propios a la mujer-, sabiduría impuesta por los sabios dioses -hoy desobedecida y corrompida-, que se manifiesta desde siempre en nuestra naturaleza... la mujer, descarriada, ansiosa por parecerse al hombre, hace que peligre el amor, ese amor superior, ese amor de verdad, ese amor que la mujer debe sembrar en el siempre belicoso varón -y si no no es varón- para equilibrarlo; un hombre que debe amar y saber amar en cuanto lo aprende de la sabia y peligrosa mujer, ¿pero dónde están esas sabias y peligrosas mujeres, esas mujeres capaces de derribar todas las resistencias que ofrece todo hombre bien constituido ante sus seducciones, esas mujeres que se hacían respetar de verdad? ¡Dónde!, ¡dónde están esas mujeres! ¡Sólo veo concubinas de mancebía, liberadas de tres al cuarto y victimistas! El eco me replica, ¡es desesperante! Los pocos guerreros de hoy anhelamos a las mujeres que amaban a los hombres, que se rendían ante su fuerza y curaban sus heridas, anhelamos las virtudes femeninas, anhelamos el consuelo que sólo ellas saben dar, anhelamos ese campo sembrado de placer donde los hombres, al llegar a casa, podían refrescarse, hacer suyo, conquistar, dejarse llevar por los goces que únicamente ellas sabían darnos en ese noble arte -hoy olvidado, o casi olvidado- de amar de verdad, de amar sin límites; donde la mujer obedece y se rinde a él; placeres sagrados que no son necesariamente vicio, sino expresión volitiva del amor si este se conforma con la mente centrada en la unidad que deben conformar un hombre y una mujer, cada uno en su sitio, cada uno en su lugar, pero ambos conducidos por su función, obedeciendo siempre el orden natural de las cosas, una ley no humana, una ley que procede de lo alto y que unió el destino del hombre y de la mujer para ser ellos algo más, para dar el gran fruto, la hermosa obra: el hijo -expresión humana que debe surgir desde el amor que sólo la mujer puede ofrecer. ¡Y es que de la mujer quiero una amante y una madre para mis hijos, también una guía y una educadora, pues tales son sus dones, entre otros muchos! ¡Yo a ella le ofreceré los míos!

Ver a una mujer estremecida por todo aquello que sólo puede ofrecer el varón, verla arder de placer ante el gran goce que le supone sentir la poderosísima fuerza masculina, que hace de ella su capricho, su tesoro, todo aquello por lo que merece morir y vivir al mismo tiempo, todo aquello que ha de amarse como lo más sagrado, pues la mujer no es sólo una mujer, es la fuente de la vida, es el flujo del que manarán nuestros hijos, futuros guerreros defensores... ¡reconquistadores del orden natural, del orden de lo eterno! Las mujeres, desorientadas, se han dejado arrastrar por el emputecimiento de la modernidad; el hombre no ha ido con mejor rumbo. Ella elige y se cree libre, piensa que poseer los dones que son propios del varón le dará mayor soberanía; lo mismo que el hombre, afeminándose, piensa que tendrá más éxito entre las mujeres, que su pacifismo le hará más superior moralmente... ¡mentira! La responsabilidad no es de unas ni de otros, sino de ambos. Y no hay nada más puro ni más hermoso que un hombre blandiendo la espada, un hombre siendo guardián de su familia, protector indomable y aguerrido, conquistador de la siempre traviesa mujer, que se desvía fácilmente. Ni hay nada más bello que observar a una mujer ofreciendo su generoso pecho a su hijo, ni nada más bello, en definitiva, que ver a la mujer entregada a eso de lo que más sabe, en su plenitud, es decir, mostrando ese amor tan elevado que toda palabra empequeñece y ante lo que todo guerrero no tiene más remedio que rendirse, ¡pues gloriosa es esta derrota! Quizá el hombre debe aprender a amar de la mujer, pero la mujer necesita del hombre para encontrar el amor, algo que aquí llamaremos amor, pero que no son amores de escaparate, sino algo tan elevado y a la vez tan profundo, que atraviesa y supera cualquier lenguaje.■

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