31 de diciembre de 2012

UNA NUEVA VUELTA AL SOL



Todo el mundo felicita durante estas fiestas por las propias fiestas, para un próspero año nuevo y toda serie de bien-intencionalidades que no se dan el resto del año; no puedo evitar vislumbrar una teatralización masiva, tradicional, en la propia idiosincrasia y conducta de las personas: poco me sirven vuestras palabras, porque yo no soy de quedarme con la duda, me gusta ver lo que hacéis, prefiero la certeza a confiar ciegamente. No habría nada de malo si estas fiestas fueran sentidas verdaderamente y el espíritu que de él se pretende construir durara todo el año, pero únicamente veo ganas de emborrarse, de olvidar las vidas de cada uno, que pese a todo, se sienten insoportables. Generalizo, lo sé, pero es que mis palabras no se refieren a todos a la vez.

Yo paso de esas tonterías de felicitar, aunque en realidad no me queda más remedio que responder con el “igualmente” o felicitar también como se hace habitualmente, ya que me resulta muy costoso y poco práctico tener que explicar mi filosofía cada dos por tres, sabiendo que sólo los menos la van a entender.

FORTALEZA
Las felicitaciones de navidad o para el próximo año me parecen producto de una falta de miras, pues si de desear lo mejor se trata… corto se quedan. Sé que hay mucha buena intención, y no malinterpretarme, no es mi propósito herir a nadie, pero hay algo en estas fechas y en el espíritu falso o verdadero que de ella emana que choca frontalmente, o quizá sólo en parte, con mi propia cosmovisión y planteamientos. Porque yo no os deseo felicidad de ningún tipo, ni tonterías, y menos en estas fechas (que parecen más indicadas para recordar las miserias y lo que nos falta, un alegato a la piedad y a la podredumbre); porque la felicidad no es ni de lejos lo más importante en esta vida… ni en ninguna otra, sino sólo aquello que te conduce a ella; y porque la felicidad no debe ser un fin en sí mismo, pues no es algo que pueda retenerse. ¡Lo importante es vivir!, reírse del absurdo ante el abismo que se abre ante nosotros. ¡Vitalidad frente a la melancolía navideña, que suena a despedida de tanatorio, a rancio sentido de la muerte en un tiempo lineal! Así que yo sólo deseo que todo hombre tenga una buena vida, una buena vida hasta el final. Sí, que su vida sea una buena vida, y que su muerte una buena muerte. ¿Y cuál es la buena muerte? Una que diga en su último suspiro: volvería a vivir mi vida otra vez. Nuestra vida, nuestra obra, nuestra creación. Que cada instante sea una proeza de nuestro espíritu artístico, que nadie diga que en algún instante de nuestra vida retrocedimos, que nos rendimos, que tiramos la toalla… que nos arrodillamos. Os deseo orgullo, que os sintáis orgullosos de vuestras propias vidas: ¿y cuántos podrán sentirse orgullosos…? Os deseo fuerza, voluntad y un espíritu agresivo, valiente y retador, sólo así la felicidad os embargará, y no porque la hayáis buscado, no porque hayáis hecho de ella el producto de vuestros anhelos.

Os deseo que deis lo mejor de vosotros mismos, porque eso dará más de lo que pensáis a los demás. La generosidad no consiste en dar, sino en sembrar para alimentar, en dar ejemplo, en hacer que nadie viva de la autocompasión y tome la decisión de levantarse. Os deseo que tengáis una voluntad de afirmación ante la vida en toda su tragedia. Es la única forma de que dejéis de perderos en la mortificación que supone esa concepción de un valle de lágrimas.

2012 ha supuesto para mí muchas cosas. Ha estado lleno de decepciones, de alegrías y de tristezas, también de pérdida y de nuevos seres para la posteridad que nos contempla desde el futuro. A todo le he dicho que sí, con lágrimas y sin ellas.

Buena vida a todos. Sí a la vida.■

21 de diciembre de 2012

DIGRESIONES BAJO LA LUNA INSOMNE


Soy un amante de la naturaleza y de las cosas bellas. Todo lo que procede de la naturaleza está inspirado en un elevado y sagrado ideal estético; pero es bello por el mero hecho de la existencia de un orden natural de las cosas que conduce siempre a la vida y a la muerte, como sino trágico: el uno primordial en su incesante desgarramiento. Obviamente aquí la belleza como concepto e ideal puede entrar en contradicción con muchos, pero no entre los que dicen sí a la vida.

La naturaleza es a vistas del hombre moral una carnicería despiadada. Empero, yo veo belleza por doquier. Veo belleza en la carroña y en el buitre, en la gacela y en el león, incluso cuando una hiena se come viva a su presa: no puedo dejar de maravillarme, hay algo que me atrae a los designios de Ares. Ninguno de los protagonistas citados son culpables de actuar como lo hacen, porque la hiena no puede dejar de ser hiena, ni el león… así que aceptémosles tal cual. El hombre es el único animal que no se acepta, y he ahí que surge la moral, como elemento en respuesta a su no aceptación, a la no asimilación de una parte propia y esencial de su naturaleza humana. Aceptando toda la dimensión humana podremos enfrentarnos a todos nuestros problemas como especie. ¿Pero por qué el hombre no se puede aceptar, por qué es capaz de tanta mala conciencia? La única respuesta posible es que es la única forma de ser hombre, que no hay otra forma de ser hombre que con todo nuestro mal de conciencia, con toda nuestra negación. El hombre parece el único animal no nacido para serlo. Y este planeta es testigo de ello: la Tierra, deidad que nos da cobijo, que nos hace sentir como hormigas en la panza de un oso… pero es hermosísimo andar sobre los lomos sagrados de una diosa. Por esta tesitura humana, este mal de nuestra especie, por este problema avenido por la inteligencia, que por un lado nos da todo pero que por el otro nos lo quita todo también, muchos pensadores hayan reflexionado sobre que el hombre debe ser superado y enunciado la batalla entre el último hombre y el superhombre: el superhombre es la superación de todo lo humano en su sentido moral. El último hombre contra el superhombre no es un capricho filosófico, no es una ensoñación germánica en un sanatorio, sino que quizá se trate del futuro paso evolutivo de nuestra especie, aunque sea en su dimensión ética. Un hombre despojado de moral, de moral bipolar, de moral del desierto, será un hombre sin mala conciencia, un hombre abarcándose por completo, con aceptación de toda su naturaleza... siempre trágica.

El hombre ha hecho de sí el centro de todo y ha olvidado que en realidad no pone orden sobre nada, que si acaso su orden es efímero e inconsistente, y que su desafío constante algún día se volverá contra él: que nadie piense que esta civilización no acabará sepultada bajo la tierra o los mares. Síntomas de tal realidad se están dando. Y no quiero decir que centrarse en las necesidades humanas y centrar el mundo a nuestra proyección y cosmovisión, sea lo incorrecto (hemos de tener nuestra propia brújula), pero lo cierto es que el hombre como tal ha hecho de sí el centro absoluto olvidándose del resto, y diría que hasta despojándole de importancia a todo lo demás; y atinando, afirmo que ese antropocentrismo procede de una minoría privilegiada que ha hecho de sí el centro de todo y que por lo tanto hace del resto el medio para sus fines perversos; los demás hombres y todo lo que no son los hombres, reducidos a meras baratijas prescindibles: bestias que poder llevar al matadero. Obviamente esta visión no tiene por qué venir de esa minoría, quizá me haya ido muy alto, pues es evidente que a niveles más cercanos existen sujetos éticamente dañinos e insalubres. No todos los hombres y mujeres son dignos, el derecho a la dignidad debería ganarse; si así fuera el mundo estaría repartido de otra forma, de mejor forma. Sin embargo hasta esto nos provocaría problemas, porque claro, todo dependería del significado dominante de dignidad. Las palabras «hoy» tienen valor y significado relativos, siendo impuestos por la subjetividad del poder.

La inteligencia no es un mecanismo exclusivo de los hombres. La capacidad de entender y solucionar situaciones, problemas, etc. se da en muchos más animales. Es probable que por su debilidad relativa en un terreno natural lleno de depredadores físicamente superiores, la inteligencia haya tenido en el hombre un impacto mayor en su desarrollo evolutivo para a la larga poder sublevarse ante la adversidad del medio. Pero bien, la inteligencia se da en todos los seres vivos, en mayor o menor grado, lo mismo que el instinto; instintos que tal vez hayan sido capados por el propio hombre para huir de su origen más salvaje y ser un sujeto menos determinado, menos predecible: aquí quizá no sea antropocéntrico pero me podrían tildar de “occidentalocentrico”; no obvio la realidad de que a pesar de todo existen hombres y mujeres que andan con los pies desnudos sobre la tierra y sin embargo son felices, tanto como nunca sabrán serlo muchos hombres y mujeres atiborrados de comida y de comodidades, y de diversos elementos baladíes (¡y no me estoy refiriendo al buen salvaje ni a ninguna tesis de optimismo antropológico!). El asunto es que el hombre, o cierto tipo de hombre, ha perdido el rumbo del orden natural de las cosas por la razón antes mencionada de haber capado sus instintos y haberse desorientado de toda comprensión sobre la auténtica realidad de las cosas. Pero no está todo perdido, existen elementos esenciales en el ser humano que son puramente instintivas, en cuanto irracionales, y que siempre entrarán en contradicción con los 'constructos' artificiales venidos de la ingeniería social humana. ¿Y qué es el instinto? No es otra cosa que ese mandato del ordenador natural de todas las cosas, el fatum que conduce irremisiblemente a un orden no humano, cuyo fin es la vida... la vida y la muerte como una misma cosa. Si existe un factor fundamental en la vida, en el orden natural, ese es el de la renovación constante, de transformación de la materia en diversas formas de vida con idiosincrasia diversificada. Quien se tuerce perece, quien no... perece también, pero su semilla germinará.

Las orcas son unos cetáceos fascinantes. Se comunican con su propio lenguaje, tienen su propio modelo de sociabilidad y demuestran una gran inteligencia, es decir, capacidad de aprender técnicas, de comprender y de solucionar problemas. También son implacables en la caza, un tanto sanguinarias... pero hacen lo que tienen que hacer... y punto; y cómo no, es trágicamente bello.


8 de diciembre de 2012

LA ALEGRÍA PARADÓJICA

LA FURIA DE AQUILES, DE CHARLES COYPEL
LOS HÉROES ACEPTABAN SU DESTINO, Y NO LO HACÍAN CON RESIGNACIÓN, SINO ANHELOSOS DE FORJARSE UNA ETERNIDAD, DE CUMPLIR AQUELLO QUE ERA MISIÓN, QUE ERA SU VIDA. HÉROES, GRANDES HOMBRES TOCADOS POR LOS DIOSES, FAVORITOS DE ELLOS O QUE CON SU TESÓN Y VOLUNTAD CONSIGUIERON GANARSE EL FAVOR; TODOS ELLOS ENTRE LA TEMERIDAD Y LA CORDURA, Y AUNQUE ARQUETÍPICOS, EJEMPLOS PARA LOS HOMBRES MORTALES. 

La alegría paradójica, idea del maestro Clément Rosset, invita a desafiar a la vida, invita a desafiarla y no a negar la realidad de las cosas tal como devienen. A desafiarla como afirmación de la vida y como loa a la propia vida, pues nada confirma más una cosa que su oposición, que la convierte en parte de sí misma: pero no hablamos realmente de una oposición, sino de la afirmación de la vida mediante el combate en ella. En realidad no existen los contrarios, hay una unidad implícita en todo: hay algo de atracción en el amor, ¡lo mismo que en el odio! Sí, alegría paradójica, ¡que nada ni nadie nos impida ser alegres! Afrontemos todas las tragedias con alegría y todas las alegrías con más alegría; y digamos sí a la vida, siempre, sin distinción de lo bueno y de lo malo, del dolor o del placer; ¡digamos sí!, un sí radical a todas las cosas, a todos los hechos, a todas las catástrofes, muertes, nacimientos, deformidades, calamidades, etc., digamos si a todo, y digamos sí a todo porque sí, porque la realidad sólo tiene un motivo, ¡porque sí!, y sólo un sentido: el que nosotros le damos. Y gracias a que así sea, pues de otra forma nunca podríamos ser libres, es decir: tener la oportunidad de hacernos a nosotros mismos mediante nosotros mismos. Sentimiento trágico el que describo, sentimiento de magnitudes poco piadosas, de pocas concesiones, difícil de digerir por los más sensibleros. No crean que fue fácil para mí aceptar esta forma de afrontar la vida...

No hablo de reírnos en un tanatorio o de disfrutar de las calamidades ajenas... ¡no! La alegría paradójica consiste en racionalizar y digerir la tragedia, ¡en ser un buen rumiante!, en asumirlo como un elemento que forma parte de la realidad y que poco se puede hacer contra ella. Es asumir la tragedia como trama principal de la vida, como elemento esencial que mueve las vicisitudes históricas y realidades más próximas, como elemento precipitador de las grandezas y de las miserias de los hombres. ¡Acepta lo trágico y ya vivirás trágicamente! ¡Vive trágicamente y habrás cimentado los comienzos de una vida heroica!

Cuántos años estuve inmerso en el peor de los abismos, rodeado de monstruos acusadores por los que me dejaba juzgar y condenar moralmente. ¡No dejar que os juzguen, no dejar que os definan! No dejar no quiere decir "impedirlo", sino despreciar ese juicio para no convertiros en la propia sentencia. ¡Qué tiempos aquellos deambulando entre el suicidio y el mal de amores en tragedia absurda de dimensiones adolescentes, llorando mi nimio sufrimiento como empalagosa serenata! ¡Cuántos años tuvieron que pasar para crecer y darme cuenta de que no valía la pena vivir apesadumbrado, hallando en una negación imposible de la vida y del propio hecho de vivir! Ahora devengo despreocupado de la desdicha, pero eso no quiere decir que sea inconsciente o no sienta la tragedia como un clavo que pudiera atravesar mi cuerpo. Simplemente asumo toda la realidad, asumo toda su dimensión, siento toda su irracionalidad e intento evitar que los avatares internos me enturbien.... aunque aveces me dejo llevar, pues en lo irracional, en lo que no sabemos por qué sucede o por qué sentimos, se esconde algo de divinidad... Y asumir no quiere decir en ningún concepto que en caso de poder no hiciera lo que estuviera en mi mano por evitar un incidente, asumir no quiere decir disfrutar de todo; pero desde luego no voy a sentirme culpable ni voy a llorar a cada instante por todo lo que pasa en el mundo, de lo que no soy responsable. ¡Despojaros de toda tragedia que no sea la vuestra! ¡Una vez más aquí el pathos de la distancia se hace necesario!

Mirar a cada dificultad como un desafío. Mirar al desafío con aceptación. La muerte es demasiado poco ante una visión así. La muerte será el hecho consumado de una vida sentida con alegría, con alegría paradójica. La absurdidad de la existencia no debe ser motivo para mortificarse... para nada.■

28 de noviembre de 2012

LO HUMANO EN SU DIMENSIÓN MORAL

La moral de esclavos debe ser superada


La mano del piadoso nos quita siempre honor;
mas nunca ofende al darnos su mano el lidiador.
Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente;
escudo, espada y maza llevar bajo la frente;
porque el valor honrado de todas armas viste:
no sólo para, hiere, y más que aguarda, embiste.
Que la piqueta arruine, y el látigo flagele;
la fragua ablande el hierro, la lima pula y gaste,
y que el buril burile, y que el cincel cincele,
la espada punce y hienda y el gran martillo aplaste. 


Poco importa lo que creas bueno o malo, justo o injusto; poco importa tu moral o la de tu vecino. Sólo importa quien tiene la fuerza para imponer su moral, sólo importa quien tiene la fuerza para imponer su política. Por ello la lucha es una condición indispensable para prevalecer o simplemente sobrevivir. "Humano eres si obedeces al que se impone, bestia si desobedeces", dice el hombre de la superioridad moral, embajador del bien y del mal, el que dice lo que está bien y lo que está mal.

La humanidad es un concepto biológico. No debería ser otra cosa. No obstante se le ha otorgado, mediante particular idealismo, una faceta que tiene que ver con lo moral y por lo tanto ha de asumirse, aunque sólo como concepto... para dilapidarlo. Existen hombres humanos, muy humanos, y otros... inhumanos. Desconozco cómo se concibe la idea de alguien que pueda ser hombre y a la vez inhumano y desconozco cómo de repente los hay humanos e inhumanos. Desde luego existen aquellos que son capaces de concebirlo. Lo conciben mediante una visión que alcanza lo patológico: aquello que no se rige bajo los preceptos morales que yo sigo, que son la bondad absoluta, son elementos más semejantes a las bestias, elementos sin alma, elementos sin ningún tipo de humanidad y todas aquellas cualidades propias de los hombres, humanos enfocados hacia el Bien. Esta idea es en sí misma criminal, pues es más fácil matar a una bestia que a una persona. Cuando se concibe una realidad así las carnicerías sólo necesitan un empujón para generarse.

Las matanzas morales adquieren dimensiones grotescas en la historia, son repugnantemente bellas pues el sinsentido de las acciones criminales esconde algo artístico, por caprichoso, por inmensamente aciago, por inevitable aveces y porque en ocasiones así debe ser, porque así está mandado, al no haber alternativa para dirimir las diferencias. Y no denoten en mi cierto grado de morbosidad o de contumelia infligida, pero es que no dejo de entrever en la tragedia una obra de arte sobre aquel aspecto más oscuro de lo humano, aunque también de lo más luminoso. El hacer del hombre es el arte de la historia, y en ese hacer se ha mascado siempre la tragedia: ¿acaso no es la sangre cayendo a borbotones, el crujir de los huesos y las vísceras desparramadas en el campo de batalla el hilo conductor de nuestra vida y de todo arte? ¿No es acaso todo lo que sea paz, arte aséptico o utopismo una reacción al hilo esencial, una visión poco realista de lo humano? El dramatismo de la historia es una hermosa obra de arte, la mayor obra que en ningún teatro ha podido imitarse, pues tal es su dificultad. El planeta Tierra, escenario de nuestras tropelías, matanzas y hecatombes, también el escenario de héroes, de amoríos y de esperanzas, un planeta perdido en un lugar remoto del universo, dibujando un espantoso espectro, como el hipnotizante zumbido del fuego. ¡La democracia y la corrección políticas han acabado con todo ese hacer de grandes hombres que hacían de sus decisiones, de sus acciones y de las consecuencia de éstas una obra de arte! La política ha perdido todo su colorido, la historia se ha vuelto aburrida, ¡es hora de que surja alguien capaz de ser protagonista de los sucesos, de generar grandes cambios y de agitar el tiempo, alguien capaz de hacer de su vida un arte y de la historia el nuestro! La Gran Política se echa de menos... Y lo echo de menos por ausente, no por nostalgia. Nuestro presente necesita de grandeza, tanta mediocridad harta.

El día que se comprenda de una vez que aquello que llaman inhumanidad, refiriéndose a algo que carece de las cualidades bondadosas del hombre, el día que aquello que llaman inhumanidad sea eliminado semánticamente como una actitud fuera de lo humano, cuando se entienda que es precisamente lo inhumano una enunciación esencialmente humana por excelencia, la moral caerá hecha añicos, como un cristal se hace añicos contra una roca, y por ende todos estarán preparados para entender completamente la dimensión humana de la persona, en un sentido biológico y psicológico, alcanzando la dimensión moral de lo humano, si ha de tenerlo, otro cariz; un cariz más amoral, entendiendo el hacer humano de una forma ajena al bien y al mal.

Y es que no creo en hombres malos ni en hombres buenos, sólo en hombres que actúan según sus preceptos o los de otros, o bajo su capricho: capricho del que luego se sienten culpables, por esa imposición de lo moral y de una sola forma de lo humano. Digamos que creo en hombres que hacen en cualquier momento lo que creen que es lo correcto, o lo necesario, o lo que tenían que hacer. Y es que si moral ha de haber, hemos de tener en cuenta que nuestra moral es nuestra propia conducta, nuestro propio hacer, y entonces la dimensión moral alcanzará su grado originario: el de costumbre. Y entonces la bondad alcanzará otro valor, el de la acción, el de la estética y el de la expresión de lo bello, habiendo ya no hombres encumbrados en la bondad o en la maldad por servir ciertos preceptos o por propio endiosamiento, sino hombres y mujeres naturalmente diferenciados entre el bien y el mal por su propio hacer, por su propia costumbre, y no por imperativo moral.

Así entiendo yo una mirada más allá del bien y del mal, así observo ese laberinto semántico, que tanto enloquece a los hombres, que tantos monstruos internos ha generado, penetrando y corrompiendo la conciencia humana. Así dilapido yo esa concepción de lo moral que tanto daño ha penado, hace y seguirá penando, en pos de mantener a los hombres divididos entre el bien y el mal, una moral que no se genera en el propio hacer humanos, sino que manda al hombre como afrontar su propio hacer.

20 de noviembre de 2012

LA CASPA: CONTRA EL MUNDO FACHA

Tienes que querer quemarte a ti mismo en tu propia llama: 
¡cómo te renovarías si antes no te hubieses convertido en ceniza!
Friedrich NIETZSCHE, Así habló Zaratustra. 
Alianza Editorial, año 1997. BA 0612, Pág. 107. Traducción de Andrés Sánchez Pascual.


Este artículo va a molestar, y os aseguro que no es mi intención. Pero alguien tiene que decirlo, alguien debe decirlo de una vez, porque yo no quiero formar parte de un movimiento marginal, un movimiento que la ciudadanía relacione con estereotipos grotescos, que muchos asumen y visten: ha llegado el momento de hacer un llamamiento 'a muchos' al cambio de imagen y forma de proferir un discurso y por otro lado es hora de reivindicarnos los nacionalistas que no tenemos nada que ver con el mundo ultra o 'facha'. 

El caso es que en la izquierda existe el guarro, una persona de escasez en todos los sentidos, sobre todo en higiene, pero en el mundo nacionalista existe la caspa, el hombre de caspa, un hombre cuya existencia hace del mundo nacionalista algo manchado, algo que la gente normal relaciona con lo hediondo, con la basura, con cierta naturaleza escatológica... ¡y con Torrente! Hablamos de un ser que aunque pueda parecer limpio necesita urgentemente de un tratamiento anticaspa y de una formación. El facha es, en definitiva, el casposo, una antigualla, un hombre del pasado con un mensaje derrotado de por sí, o alguien derrotado y fracasado que no asume la derrota que si acaso vive de cierta gloria pasada hace ya muchísimas década que no nos va a salvar. No hay margen de edad, los hay muy mayores, de mediana edad, jóvenes, más jóvenes aun... Se distinguen mucho por llevar esas correas y esos llaveros con franjas rojigualdas, adorar al toro de Osborne y vender merchandising barato con banderitas de la época franquistas, así como otras trivialidades. Algunos llevan el aguilucho en la solapa. Se dejan barbitas recortadas, algunos un peinado con tanta gomina en la cabeza, que no sé qué pensar; se ponen camisas de botones, pantalones más o menos ceñidos y en algunos casos su mentalidad es capitalista, es decir, nada que ver con algo nacional-revolucionario o, en un terreno histórico, con el fascismo, el nacionalsindicalismo o nacionalsocialismo originario. También suelen ser marginados, pero ya siéndolo al margen de la marginalidad política, es decir, socialmente. Además, existe otro modelo donde predomina el tatuaje en muchos casos, tatuajes muy buenos que alcanzan cierto grado de maestría, pero poco disimulables. Bien, imagino que se los hacen para enseñar, pero actualmente, en un acto político, no creo que un busto de Hitler en el antebrazo llame la atención a un posible militante o votante con cierta conciencia nacionalista y que a su vez tenga conciencia social: más bien lo espantará y echará por tierra todo el trabajo realizado. Quizá no pase nada por tener a uno así, pero cuando todos los cuadros y bases dibujan dicho perfil... Interesante es también la mujer casposa. Esos peinados recortados de media melena y con flequillo a lo Tintín, esos rasurados mediante maquinilla por la nuca y los esfenoides... ni que decir que dan mucho morbo, y algunas son auténticas bellezas. Pero no son siquiera el modelo de feminidad que todo hombre quisiera, es decir, no se trata de una princesa de hadas. Para colmo, su pensamiento no es en muchos casos la de la mujer dispuesta a darlo todo por la posteridad, aunque en otra versión si (y el peinado es distinto), siendo Doña Pilar Primo de Rivera su único modelo, un modelo no recomendable parcialmente para la mujer actual, por retrógrado y asumir cierta inferioridad de la mujer; la propia Pilar dijo: "Anima a tu marido a poner en práctica sus aficiones e intereses y sírvele de apoyo sin ser excesivamente insistente. Si tú tienes alguna afición, intenta no aburrirle hablándole de ésta, ya que los intereses de las mujeres son triviales comparados con los de los hombres." 

Pero estos detalles mencionados no deben de por sí señalar al "casposo", claro que no, tengo camaradas con muchos tatuajes y tienen mi estima, de la misma forma que conozco a chicas con peinados como los descritos sin nada de "casposidad" en su mentalidad. Pero si algo define al casposo de forma determinante es su obsesión con Franco y otros dictadores, por su obsesión por el pasado y la glorificación de dicho pasado, careciendo de toda objetividad histórica o de visión de futuro: "pues lo mejor ya fue", dicen, "el modelo ya está hecho y sólo hay que revivirlo", piensan.

Asimismo, de todo lo que he citado, a excepción de las excepciones, "predomina" la escasa disciplina y voluntad, así como una pésima formación. Por otro lado hay cierta mentalidad de elegido y de sentimiento de superioridad por pensar de forma tan particular.

Y yo me digo que qué culpa tendremos muchos identitarios para soportar la existencia de estos supuestos patriotas en el entorno nacionalista, que mancillan toda noble causa, con su discurso caduco, anacrónico y, en algunos casos, infantil e incoherente. La caspa, sí, la caspa. La caspa de la ultraderecha, esa ultraderecha tan moralmente politizada como la ultraizquierda y toda la política de este país. Son seres que viven como ratas del mundo nacionalista haciendo fila en muchas falanges, en algunos partidos del área y en la iglesia. No me olvido de muchos skins, muchos de ellos son también caspa, y de la peor, pues su pésimo discurso, unido a su estrafalario vestir e inadecuado comportamiento, poco hacen por el nacionalismo en España y en Europa, por la defensa de España y de Europa, favoreciendo que el mensaje inteligente de muchos patriotas quede sumergido en la marginalidad. Y es que el mensaje identitario se hace complicado ante tanta caspa. La gente escucha España o inmigración en un patriota no casposo y ya se piensa en caspa: si defiendes España inmediatamente quien te oye pensará en franquismo, o en alguna falange (de las de '¡Viva Franco!')... si hablas de inmigración pensarán en racismo. ¡Hay que acabar con esa imagen de torrentismo político! ¡Cuánta caspa, Dios mío! ¡Cómo se puede ir por la vida así! ¡Y habrá quien se pregunte todavía por qué el discurso identitario en España vive en un segundo plano, que por qué demonios no nos escuchan! Pues señores, la respuesta está en la caspa, ahí reside el germen que convierte nuestro discurso identitario en una identificación con ese estrafalario y casposo hombre de ultraderecha. Quien tiene un discurso casposo es algo ajeno a la defensa de la identidad, o al menos a la lucha identitaria según nos atañe, pues éstos defienden la identidad de un régimen pasado, pero no el presente de los hombres y mujeres europeos de hoy. En definitiva, nosotros los identitarios somos incompatibles con la caspa, otra cosa es que haya quien nos relacione con ella o quien se identifique con lo identitario. Nosotros no somos la ultraderecha.

Calificarse de fascista es hoy un error. Lo es porque no se puede ser tal cosa, y si se es, pues como el que dice que es "carlista", un "piquero en Flandes", antifranquista o un romano en el Vesubio. El fascismo murió en 1945. Lo que seamos es y debe ser otra cosa bien distinta. Porque distinto fue lo que vino después de 1945; aunque siga la misma 'línea de sangre'. Pueden (y podemos) ser herederos del fascismo, pero no se le puede llamar fascismo a lo que vino tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial: en todo caso el tiempo del fascismo pasó, lo mismo que el tiempo para los "comunismos". Y es que no puede ser fascismo de ninguna forma, como no lo pueden ser los precursores del fascismo o del nazismo, que ni fueron fascistas ni nazis. El propio Marx no era marxista, sino Karl Marx. No obstante, muchos se autodefinen como fascistas, participando de un anacronismo, haciendo presente un pasado que ya fue. Los nacionalistas e identitarios deben ser partícipes de una nueva era, no levantadores de cadáveres. Y es que si por algo debe caracterizarse el identitarismo es por su versatilidad, su adaptación a los tiempos para mantener esa línea histórica de conexión siempre limpia y pura, pero en cada momento en su momento. Muchos falangistas o nacionalistas de otra índole tienen el mismo discurso de Franco. Su consigna no es avanzar, crear algo nuevo, sino volver al régimen franquista, revivirlo. Otros piensan en el Imperio español, y todo funciona de la misma forma como he relatado en cuanto al franquismo. Nosotros, identitarios del hoy para el mañana, debemos suponer una ruptura con todas las épocas, somos lo nuevo, somos ese movimiento que desde la nada forjarán una nueva era. Ahora somos nosotros la acción, ahora somos nosotros los dueños de nuestro destino, ahora seremos nosotros los héroes.

Insistiendo en lo mismo: existe un sector de la ultraderecha que para mí es arqueología política, cuya mentalidad es equivalente al republicano de izquierdas clásico que conocemos: anclados en lo pretérito, en la nostalgia, empeñados en revivir siempre el pasado (en lugar de meditarlo, trabajarlo intelectual e históricamente y superarlo), han perdido toda capacidad para construir el futuro. Mientras muchos identitarios pensamos en el presente y nos alzamos hacia el futuro como una flecha de fuego, hay quienes se empeñan en mantener el mundo en 1939 y fomentar esa imagen del mundo nacionalista para la actualidad, relativamente falsa por otro lado, de "facha", "patriotera", "franquista", "machista", "homofóbica", "racista", "ultracatólica", etc. Imagen que es toda una falsificación histórica por parte de quienes ya sabemos en algunos elementos citados pero que HOY se empeñan en fomentar ese skin, o ese falangista, o ese ultraderechista... Si, se empeñan en fomentarlo, por ello es más que necesario que EL MUNDO EN DEFENSA DE LA IDENTIDAD se desligue definitivamente de ese podrido submundo que conocemos como área y otros submundos que han proliferado en el nacionalismo español, donde predomina la caspa. Hay que generar unas bases distintas, con un pensamiento en defensa de lo propio, pero que incidan hacia delante, hacia el futuro, y desde el presente, siendo el pasado un ejemplo histórico que deberá servir de inspiración si cabe. Debe hacerse con nuevas bases, con nuevos cuadros, con gente normal que no pierda credibilidad con sólo una mirada. Gente de bien, gente no etiquetada, gente presentable en cualquier acto sin discursos camicaces, infantiles o llenos de consignas absurdas. 

Esto no me convierte en antifascista. Que nadie se equivoque. Yo no condeno los sucesos histórico. Como amante de la historia es mi responsabilidad ayudar a que se conozca la verdad del fascismo y del nacionalsocialismo, también del nacionalsindicalismo. Pero como amante de la historia quisiera no tener que contarla y ser parte de la misma, es decir, que la historia me contara a mí, ¡que la historia nos contara! De esta forma, si fracasamos seríamos inspiración para el futuro (que digo inspiración, que no lo mismo, de la misma forma que sobre el fascismo... inspiración, lo que no nos obliga a ser lo mismo). Y para ello olvidémonos de la caspa, dejemos que se recreen en toda su marginalidad, que nos favorece. Alcemos bien alto el discurso social y nacional, sin nostalgias ni odios, donde la auténtica lucha anticapitalista (contra el marxismo y el liberalismo) sean nuestra punta de lanza. 


¡No somos fascistas, ni nazis, ni nacional sindicalistas, sino parte del movimiento social! Pero dentro del movimiento nos situamos y debemos presentarnos por encima de ultras y de toda moral política (izquierda y derecha), como una ruptura radical con todo lo avenido hasta ahora, como un golpe revolucionario letal.■

16 de noviembre de 2012

CONSTRUYENDO LO NUEVO: ROMPER CON EL PASADO


Hoy todo parece inventado. Parece que todo lo que puede hacer el hombre ya ha sido hecho antes, o al menos soñado (y quién dice que los hombres del presente no somos el sueño cumplido de nuestros ancestros en algunos aspectos). La originalidad, lo nuevo, parece imposible: el hoy es un reflejo del pasado, no hacemos otra cosa que repetirnos, aunque, por supuesto, cada época con su particularidad. Cambian los formatos, según los tiempos una idea que no es nada nueva adquiere una presencia diferente. Los coches de los años veinte no son nada en comparación con los coches de hoy, pero en cuanto coches siguen cumpliendo la misma función y participan de una misma idea: la de 'coche'. Así que cómo crear una idea nueva, cómo hacer surgir algo de la nada o descubrir algo nuevo. Matiz nada pequeño el de 'crear' o 'descubrir'. Quien crea descubre algo, quien descubre no crea, sino que se ve con algo creado. Sin embargo, quien 'desarrolla' ni crea ni descubre; o quizá si descubra, y no poco: descubre un horizonte cada vez mayor de una idea concreta, hace que la idea de coche, por ejemplo, adquiera una dimensión mayor.

Buscando en el pasado nos sumergimos en el cementerio que es la historia. Todos los hombres y mujeres están enterrados en él. Del pasado recogemos algunos frutos, de nuestros abuelos, bisabuelos, tatarabuelos... todos ellos nos han dejado un gran legado. Un legado universal puesto que cualquier persona del mundo puede tener acceso a ese legado histórico y aprender de él, de esa obra forjada por generaciones y generaciones pretéritas. En ese legado hay quienes figuran con letras doradas, y otras personas no aparecen. Se me agolpan en la cabeza historias de hombres y de mujeres anónimos, amontonados en cunetas, apuñalados en un campo de batalla o desollados en algún lugar de la América 'virgen'... personas que parecen no haber tenido una sepultura digna en la historia. Quizá, ganarse la eternidad significa obligar a la historia a que te haga un hueco; es decir, ganarse un nicho en el que perecer y todos te recuerden. Si la historia te recuerda todo hombre lo hará, la historia es nuestra memoria universal. Obviamente, la eternidad, bajo mi concepción, es algo más amplio, pero no corresponde aquí desarrollar tal concepción.

La historia, como reflejo del pasado, debería ser un lugar para visitar y del que aprender. No hay que renegar del pasado, no hay que condenar la historia, no hay necesidad de ninguna culpabilidad. Pero tampoco existe la obligación de hacer pagar deudas en el presente o seguir al pie de la letra el camino de nuestros ancestros. Porque de algo estoy seguro, el pasado puede ser una inspiración, un ejemplo, pero nunca la salvación o la solución de nuestros problemas.

Como heredero de todo un legado histórico he de decir que no me siento en la obligación de ser cómo mi padre o cómo mi madre. Mi padre se llama fascismo, o nacionalsocialismo, o nacionalsindicalismo, qué más da; todo aquello que participe de la idea de identidad, del reclamo nacionalista del derecho y obligación de un pueblo a su determinación y soberanía, forman parte de mí y de ello me siento heredero, aunque no de todos (esto daría para un sin fin de matizaciones). Pero tal hecho no me convierte en un fascista, o en un nacionalsocialista, o en un falangista, y tal rechazo a la conversión, no obstante, no ha de interpretarse como un rechazo al pasado o no rendir tributo a mis ancestros y héroes. La historia, como cementerio, ha de tener un lugar donde poner flores a nuestro héroes, inspiradores para los tiempos del presente. Pero ese tributo no debe suponer la praxis de todo hombre actual, no debe constituir el modo en el cual nos forjamos y nos damos forma. Los cementerios, como lugares de paz, están para que los muertos descansen tranquilos; ellos libraron sus batallas, hoy nos toca librar las propias... por y para nosotros. Tenemos el derecho y la obligación de ser nosotros mismos, de crear en el sentido estricto de la palabra, de reinventarnos como hombres. No quiero ser un mero reflejo.

Es difícil expresar lo que quiero decir y sin duda caeré en más de una contradicción: no olvidar el pasado, pero a la vez no revivirlo, no hacerlo presente; no identificarnos con los símbolos del pasado y tener la voluntad de escribir nosotros nuestro propio tiempo, construir nuestros propios símbolos...; identificarnos con el futuro en cuanto nosotros lo escribimos, con el devenir, con el poderoso destino de nuestras grandes ideas; ser dueños de nuestra época y no depender del legado de nuestros 'padres'... Porque aunque nuestros padres fueron lo nuevo, fueron lo revolucionario... algunos parece que no saben ser otra cosa distinta que nuestros padres. Hay que independizarse del pasado, como hicieron ellos de su pasado.

No seamos víctimas de la historia, o, lo que es peor, de la nostalgia. Clément Rosset me enseñó que ésta es la esperanza pero al revés, o a la inversa. Y así es. Pero la nostalgia, esa mirada con esperanza al pasado, tiene una curiosa particularidad: mientras del futuro puede esperarse algo, por malo que sea, el pasado ha dado de sí, ha dado ya todo lo que tenía que dar. La nostalgia supone la absurdidad de la espera o la necesidad de mantener los cadáveres del pasado presentes... en un congelador.

Y no confundamos lo viejo con lo nuevo ni lo nuevo con lo viejo. Aquello que parece muy viejo a veces puede ser tan actual como el mismísimo instante fugaz del presente. Existen elementos que siempre son lo nuevo, que o bien nunca han perecido o una vez perecidos viven para siempre: no se puede romper con ello, no forman parte del tiempo, son todas las épocas, todas las dimensiones... Existen elementos atemporales, que no son medibles en el tiempo, elementos que trascienden toda comprensión humana y que por su naturaleza trascienden lo propiamente humano: estos elementos viven ya por sí mismos, no necesita de ningún esfuerzo humano por ser recordados, revividos o invocados como siempre presentes. Esa eternidad es a la que aspiramos, esa eternidad es la que queremos otorgar como herencia para nuestros hijos. El sino de nuestro movimiento debe aspirar, por lo tanto, a lo siempre presente, a algo que trascienda del propio tiempo, un movimiento tan instaurado en el orden natural de las cosas, que para su comprensión no sea necesaria la imposición, sino la práctica de la vida. Esta percepción no tiene nada que ver con algo físico, no se trata de mantener los cadáveres frescos. No es un culto tampoco a los sujetos, sino a lo volitivo, a lo 'predicado', a la acción. Nuestra acción debe tener su eco en la eternidad, como diría un romano.

Romper con el pasado no significa olvidarlo, sino no vivir sumido en la derrota, en la gloria pasada, en la nostalgia o en peleas estériles; no mantener vivos a nuestros muertos como si fueran zombies. Nuestro espíritu debe ser el del montañero que nunca retrocede, la de aquel que es capaz incluso de morir por alcanzar una cima. Ningún paso atrás, que sea todo nuestro sino un avanzar. Sentimiento trágico el nuestro, cierto, ingrediente perfecto para nuestro heroísmo, heroísmo que no elegimos, sino que forma parte de nuestra forma de ser, que es nuestra vida y que aún así disfrutamos.■

9 de noviembre de 2012

LA MISOGINIA

con todos mis respetos *


El mundo del lenguaje me fascina, concretamente su semántica. El significado de las palabras, su origen, su mutación en 'lenguas' que tergiversan, se inventan o ensucian un significado real, entendiéndose como real  el yacimiento etimológico del que procede y desde el cual la palabra crece, me parecen dignos de análisis y mayor atención. Pero que una palabra mute, que se transforme en otra cosa, o pierda su significado, parece obra o producto de alguien que no sabe distinguir los perros de los gatos o una flor de un árbol; o una clara intención de transformar la realidad a capricho mediante el lenguaje para unos fines concretos. En la obra de Orwell 1984 existe un claro ejemplo, con el neologismo neolengua, que describe el desarrollo de mutación y tergiversación de la verdad enunciada en el significado de los diversos significantes. 

En CIN hemos profundizado mucho sobre las formas de racismo existente, insistiendo si cabe en el racismo antiblanco, pues es de una gran preocupación el hecho de que no se reconozca su existencia, que se la minimice o incluso se celebre que por fin los blancos sean oprimidos incluso en su propio territorio, pues tal es el resentimiento de muchos. Y es que nosotros aquí somos incansables denunciantes de toda forma de racismo -en su sentido hoy impuesto y mutado de "odio racial"-, no como ciertos personajillos en los despachos de sus ONGs, agencias de racismo antiblanco en muchos casos. 

Pues bien, de la misma forma que racismo parece una palabra en clave de antiblanco, es decir, una adjetivación utilizada por ciertas personas para desacreditar e injuriar a aquellas otras personas que denuncian a otros grupos raciales o étnicos que cometen tropelías y excesos contra la minoría mundial blanca por el simple hecho de ser blancos (o simplemente por ser blanco, denuncies algo o no), misógino o machismo (que no significan literalmente lo mismo pero se complementan), concibiendo esto como odio a o sentimiento de superioridad respecto a las mujeres, parece una palabra en clave de antivirilidad, antivaronilidad o antimasculinidad, y afirmaría que es una palabra en clave de que si no defiendes el feminismo, si no defiendes el hecho de que las mujeres por ser mujeres deben tener trato de favor o preferencias o ayudas y todo lo demás, si no reconoces el histórico y supuesto sojuzgamiento sufrido por la mujer ejercido por el hombre, eres un misógino y un machista que no defiende la igualdad entre sexos (o ya lo eres por ser hombre, defiendas o no tal cosa, pues por el hecho de serlo ya estás bajo sospecha: COMO MÍNIMO YA DEBES SENTIRTE CULPABLE).Por supuesto entre sexos es imposible que exista igualdad, pero entiendo una igualdad de derechos, siempre al margen de la sexualidad, pues ésta no supone ningún mérito, puesto que no es opción de la persona (sino objeto de asimilación natural), ni supone elemento para ejercer una discriminación, pues la diferenciación natural existente entre hombres y mujeres dictará qué dones del hombre o de la mujer prevalecerán según la función a desempeñar. 

Podríamos concluir que hoy misoginia es una palabra culta representándose en ella la forma de machismo más radical. Porque misoginia es machismo pero más, o al menos, a más suena. Esta sociedad generada mediante los mass media de propaganda masiva ha fabricado una conciencia feminista, lo mismo que una conciencia cosmopolita y de suicidio colectivo del hombre blanco, una conciencia que deriva a odiar o ridiculizar todo lo viril, todo lo masculino, al hombre en definitiva por ser lo que es. De la misma forma que el hombre y la mujer blancos deben pagar hoy una deuda histórica (deuda inexistente) por la que deben sentir una gran culpabilidad, los hombres han de hacer lo propio por ser hombres. Y lo mismo que las mujeres, auténticas privilegiadas del sistema económico liberal junto con los inmigrantes, se sienten doblemente oprimidas por ser mujeres y trabajadoras, quejándose por nada (o no por algo que no le ocurra al hombre igualmente, como es la injusticia laboral, el paro, etc.), generándose una conciencia de opresión inducida por el marxismo cultural -de génesis moderna-, el hombre blanco si debería sentirse diversamente oprimido, pero esta vez de verdad, por la propia propaganda feminista -inductora de divisiones y de peleas que sólo benefician "a los de siempre"-, obligándole a aguantar a mujeres cada vez más insoportables -lamento tener que generalizar-, y siendo coaccionado a sentir una forma de culpabilidad original por el hecho de ser hombre, masculino y viril, elementos que caracterizan al macho y que tanto han humillado a la mujer (o eso dicen) durante toda la historia del hombre (y ahora a nosotros, hombres del siglo XXI nos va a tocar pagar, ¡qué mala suerte!)... y claro, también debe ser una víctima oprimida por ser trabajador. Ya que nos ponemos, pobrecitos somos todos, no sólo la mujer. 

No es mi intención generar una conciencia de oprimido, pues no soy un marxista. No es mi intención participar del "llantismo", forma de expresión del carente de voluntad. Ni fomentar una forma de victimismo, que es el fingimiento de una injusticia. Mi intención es clara: mostrar que de la misma forma que racismo es una palabra en clave de antiblanco, contra el hombre blanco por ser blanco, no porque sea racista; misógino o machista es una palabra en clave de antimasculinidad, antihombre, antivarón... contra el hombre por ser hombre, porque éste en algunos casos no obedece el dogma feminista.■ 
  

3 de noviembre de 2012

EL REVOLUCIONARIO IMPOSIBLE


Nuestra revolución debe ser la de la vida, la de un sí a la vida. Nuestra revolución debe ser la de la alegría, pues alegres debemos ir por el mundo, insultantemente alegres, incluso en el paredón... si a tal extremo llegamos. Nuestra revolución debe ser la de la lucha, pues mediante ella nos expresamos vitales y alegres; y mediante ella alzamos un camino que nos llevará a la consecución de nuestros ideales... y estado ideal de cosas. Sin piedad, sin temores, somos la superación a la muerte... la muerte no existe como un no a la vida, sino como un lugar dentro de la vida, es nuestra eternidad: la superación de la propia muerte y... de la propia vida.

Nuestro mayor valor reside en la acción, no nos fijamos en la palabra, sino en el ejemplo. Por ello, nosotros, los revolucionarios, debemos ser ejemplares: que la palabra vaya siempre acompañada de una acción. Ejemplares para los niños, ejemplares para los adolescentes, ejemplares para todo nuestro pueblo. Por ello la revolución empieza por uno mismo; quizá sea la hora de renunciar a un montón de cosas, a cambio nada o muy poco, pero nosotros no esperamos nada. ¿Para qué esperar, no somos acaso hombres y mujeres de acción?

Queremos al enemigo, sólo a cierto enemigo, porque nos entretiene y nos hace ver cuánto valemos: sobretodo le queremos por costumbre, por inevitable. Le rondamos, ansiamos que se mida con nosotros. Cuanto más decente mejor: un enemigo formidable hace dulce la victoria, pero digna la derrota. Así que despreciar al enemigo pequeño, ansiar al enemigo fuerte y erguido. Y que aquí la palabra desprecio adquiera dimensiones superlativas. Que nuestro respeto sea ganado con sangre, que el ganado por nosotros sea igualmente sangriento... pero sobre todo merecido.

El socialismo no es una opción. No lo es si eres nacionalista. Si realmente lo eres... con la acción demostrarás ser socialista, porque de lo social harás tu preocupación, es decir, de tu pueblo harás tu misión y de él harás tu lucha hasta el final. Pero lo social no es todo, lo social es sólo tu comunidad, la comunidad de tus iguales, de aquellos que se asemejan a ti por dentro y por fuera. La comunidad es sangre y espíritu: ambas se contienen mutuamente, ambas conforman lo que somos. Y es que ser nacionalista es amar lo propio. Y no es odiar lo ajeno, sino respetarlo, pero respetarlo mediante el pathos de la distancia, entendido este pathos en todo su sentido aristocrático, hiriente para el hombre actual. Por supuesto, nuestro amor debe ser celoso, no debemos amar otra cosa que no sea a nosotros mismos y aquello que nos haga ser más nosotros mismos. Nuestro amor no es gratuito, no es universal, nuestro amor nos protege de los enemigos... no se puede mezclar, nos ha de mantener enérgicos y puros.

Y somos hombres y mujeres de acción. No nos gusta esperar, no nos gusta esperar con esperanza. Repudiamos la esperanza, es la antítesis de la voluntad. Nuestra voluntad es nuestro ego, nuestro ser, lo volitivo nuestra expresión en el mundo. Somos pasado, presente y futuro, somos un devenir que viene de todos los espacios temporales, una corriente difícil de imaginar... ¡pero imparable!

Nuestro orgullo no es presunción, nuestro amor es amor propio y autoconocimiento de nosotros mismos: mal se quiere aquel que se sobrevalora o se infravalora. Por ello detestamos al humilde, sobre todo si es falsamente humilde, pues quien presume de humildad pretende ser un hombre distinguido, un penoso hombre distinguido. Sea este un modelo de hombre despreciable para nosotros, no menos el que se vanagloria de la imagen engrandada de sí mismo.

Y nosotros nuestros iguales, nosotros los hombres y mujeres de un mismo pueblo, con una misma misión y con una misma lucha... necesitamos nuestros héroes y nuestra jerarquía. Tanta comodidad ha aburguesado los sentidos y los instintos de lucha. Repudiemos el igualitarismo... ¡que nadie te confunda con el otro! No hagas del dinero, de los objetos, de lo superficial, del mercado... el fin de todas cosas, sino haz de ti el fin de todas las cosas y de todo lo demás un medio.

No perdamos el empeño. Nuestra fuerza no perecerá jamás. De las cenizas surge siempre el pájaro más bello, el ser de luz por excelencia, aquel que renace, que es un desgarro de la muerte... El fénix es nuestro sino. Hoy parece que todo juega contra nosotros, que el mundo nos aplasta, que las injusticias nos persiguen, que la vida se ha convertido en un laberinto sin salida en el que no existe el futuro. La vida parece habernos convertido en mera existencia parecida a la de una roca, un lugar en el que la vida está parada. Pensemos en el fénix, pensemos en nuestras alas de fuego, pero antes pensemos en quemarnos... en consumirnos... para resurgir en toda nuestra gloria.■

19 de octubre de 2012

EL SER UNO MISMO Y LA PSICOLOGÍA DEL FALSO REVOLUCIONARIO

Estoy acostumbrado a ver en las redes sociales, así como en otros lugares de Internet, frases que invitan a las personas a ser ellas mismas. Frases a veces un tanto empalagosas, de autoayuda (empalagosas de por sí) o que adolecen de cierto espíritu adolescente que vive de una rebeldía que no es real, sino un subproducto de las series televisivas, grupos de rock, etc. Dicho espíritu inunda a muchos jóvenes de cierto "espíritu antisocial" que al final no deja de ser una pose que en la práctica se traduce en cierto espíritu autodestructivo: fumar desde temprana edad, cogerse borracheras colosales cada fin de semana, romper mobiliario urbano, sentirse víctima de todo, acostarse con todo el mundo, faltar el respeto a los padres, etc. Y todo bajo el auspicio del todopoderoso concepto 'libertad', que todo el mundo da por hecho que conoce y que sin conocer todos obedecen pues es aquello que te abrirá la puerta de todo: la libertad a veces surge como un fantasma moldeable a las necesidades de cada cual, todos luchan por la libertad porque todos, de alguna forma, ven que todo lo que les rodea atenta contra ellos mismos, aunque realmente no atente nada.

¿Quién en esta democracia no dice que es un luchador por la libertad? La libertad actual es un concepto impuesto por la moral de esclavos, pues a tal libertad se le une una voluntad de lucha característica y esa voluntad obedece siempre a la sensación de que existe alguien más elevado que te oprime, simplemente; es la lucha de siempre del esclavo de quitarse las cadenas, aunque esas hoy sean invisibles. Este concepto de libertad es contrario a un sentido aristocrático, que tiene mayor relación con la soberanía, el autocontrol, la autodisciplina, el autoconocimiento y la responsabilidad, pues se acepta que la libertad es una conquista individual, personal y de nuestra propiedad, una propiedad inalcanzable hasta para el más ávido de los avariciosos y acapadores de voluntades o de cuerpos: podrán someternos, humillarnos, encerrarnos, pero jamás nos tendrán... totalitariamente. El hombre soberano ha sido un problema en todas las épocas, en algunas litigaba mejor, en otras peor, hoy lidia con la masa aborregada, que obedece al dogma impuesto de la democracia moderna, superestructura evolucionada de los logros de la Revolución Francesa, una revolución burguesa. Y entiéndase soberanía como una forma más perfecta de libertad, como una superación de la libertad.

En definitiva, en esta sociedad tan extraña que nos ha tocado vivir siempre nos dicen que vivimos en libertad, pero hasta para ser libres nos dicen cómo hay que serlo, por lo que al final ¿qué libertad puede haber? Porque si uno no puede construirse sus propios principios morales, si uno no puede crear su propia ética, porque los medios te enseñan y determinan a pensar de cierta manera... insisto: ¿qué libertad puede haber? ¿Qué libertad puede hallarse si sólo existe un modelo de ser libre que yo debo acatar o...?

Muchos hombres y mujeres que quieren ser ellos mismos se inundan de un espíritu de superioridad, aunque no lo admitan: se sienten especiales; y se inducen ese espíritu porque quieren ser más de lo que son, algo que sólo pueden ser con el disfraz y no por ellos mismos: es el narcisismo de El elegido, del que se cree señalado para un gran propósito. Al final, esa búsqueda de uno mismo se traduce en un inventarse a uno mismo, y ahí surge la idea del rol de la persona: proyectarse como un personaje en la sociedad, despojado de autenticidad real: como la existencia de un yo después del yo real del que sólo se tiene consciencia del segundo, que ha usurpado el primero. Además, es absurda la búsqueda, pues uno se tiene ya y lo que debe hacer es construirse bajo una perspectiva real de la persona, proyectándose desde el pasado de su estirpe y de su historia (lo que le ha llevado a ser lo que es) para proyectarse hacia el futuro construyendo todo aquello que le haga ser más él mismo: y esto tiene una base real, uno no es lo que quiere ser, sino lo que es si es que quiere ser él mismo por sí mismo. Así que en esta sociedad las personas se convierten al final en subproductos de ellas mismas, en personajes fotocopiados de un molde transmitido por las revistas, la televisión, la música, etc. o 'por lo que le da la gana' o 'porque él/ella lo vale'. Las sombras de Platón se transmiten desde los medios de comunicación.

Hoy ha triunfado el modelo de hombre cosmopolita y tolerante hasta lo indecible. El hombre que defiende valores nacionales, de sangre, de familia, es un hombre anticuado y anacrónico que es tolerado o no pero siempre visto con cierta pena. La idea de progreso ha convencido a la masa de que avanzar es acabar con todos los elementos que en el pasado... ¿el pasado? ¡No! ¡Con todos los elementos que desde siempre han sostenido, amparado y cohesionado una comunidad concreta en un territorio determinado! La humillación que hoy sufren los pueblos europeos es la misma que la de aquellos alemanes pagando "reparaciones de guerra" muy abusivas tras su derrota en la Primer Guerra Mundial, sólo que hoy nadie se da cuenta de tal hecho. No existe una consciencia de invadido, de sometido por un imperio que impone unas normas y unos valores precisos para acabar con nuestra identidad... y nuestra soberanía.

Recapitulando, volvamos a aquellos que van de ellos mismos y que no dejan de ser subproductos. Esto al final no deja de ser resultado de un inducido vacío en las personas, estrategia inteligente para el sostenimiento de las sociedades de consumo, al ser el consumo lo que llena la vida de los individuos. Ese rol que los medios te suministran no deja de ser algo que te obliga a consumir. Por ejemplo, para ser gótico debes gastarte una pasta curiosa en ropa negra, unas botas con detallitos metálicos, una chaqueta de cuero que te llegue hasta los tobillos, etc. No entiendo por qué para disfrutar de algo es necesario disfrazarse. Así surge la tribu urbana: la pose de mantener un rol ha generado sus propias divisiones y elementos que caracterizan a cada cual con unas determinadas señas de pertenencia a.

Volvamos al vacío inducido, a las personas despojadas de una ética y de valores propios: ese es el vacío que existe y que hace de la sociedad actual un lugar informe y enfermo. Lo único que hace feliz a la persona, lo único que le proyecta en la sociedad es el dinero. El dinero ha sustituido los valores y la ética y toda motivación de vivir. Las personas no son más que su cuenta corriente, sus intereses, sus fondos, eso es lo que es la persona hoy. Esclavos del capital hasta lo más profundo de las entrañas, así viven los seres humanos. Casi diría, que la tierra rota bajo el influjo del dinero, sino el mundo no se movería

La persona vacía, que ha olvidado su historia y sus orígenes, se llena con lo primero que ve. Alguien que quiere ser ella misma rinde culto a sus raíces, las riega, pretende que esas raíces lleguen más hondo, a lo más hondo de una patria que no debería tener fin si de verdad se siente.

La persona vacía es manipulable. Lo es tanto como un software de programación. Cada sujeto es una pantalla en blanco donde sólo se ven los menús del programa. Los ingenieros sociales de la modernidad hacen el resto. En la calle sólo observo algoritmos, movimientos mecánicos, nihilismo en su sentido más criminal y destructivo.

Ser identitario no es encontrarse a uno mismo, ni buscarse, es ser simplemente consciente de lo que uno es. A mí me ha costado, yo fui ese adolescente adolecido de rebeldía estúpida, ese que adoptaba un rol, aquel que iba de sí mismo y no era más que un subproducto de la serie juvenil de moda. Ser uno mismo es algo muy serio. Es la mayor de las rebeldías, no es un subproducto, ni un producto, eres tú si quieres. Ni siquiera debes crearlo, lo tienes en ti, sólo debes verte en toda tu desnudez: uno es por sí mismo. Nuestra identidad la llevamos con nosotros, pero este sistema nos la borra de nuestra mente durante la forzada y obligatoria enseñanza de inducción al dogma democrático, a edades muy tempranas, para que en el futuro seamos buenos siervos, personas redirigidas hacia un determinada libertad, pues eso es lo que hoy vivimos, una libertad dirigida. Nos convierten en personas sumamente racionales, en personas enfadas con la naturaleza, siempre de mal humor, sufriendo la contradicción de no saber concebir las contradicciones entre lo que nos dicen los sentidos y los impulsos naturales y ese mundo tan racionalizado que nos han enseñado. Aunque luego eso se soluciona con autocompasión, autoculpa y miles de males pequeños que algún freudiano o estafador de diván iluminado te resolverá, y si no siempre tendrás las rebajas. La democracia moderna, la llamada occidental, ha impuesto un modelo ético y de convivencia. Un modelo universal que hace de las diversidades culturales meros reclamos turísticos siempre y cuando no hablemos de culturas 'étnicamente europoides' (raza más cultura europea, por lo que un chino nacido en España no es étnicamente europeo, por ejemplo), que hay que destruir.

En las sociedades moderas se han generado los mecanismos adecuados para que aquellas personas que realmente se muestren por sí mismas, transparentes, de la forma más consciente posible, sean señaladas y marginadas. Porque en eso consiste la tolerancia democrática, en marginar, en marginar al que piensa diferente. Y si se hace demasiado ruido el sistema recurre a la justicia democrática, que en su cruzada en pos de la libertad te encerrará o multará, o te marginará aún más: pues no lo olvides, sólo hay un modelo de libertad, y es el que dicta el régimen democrático. Ese aún más puede ser el tildarte de nazi o de fascista aunque no lo seas. Y aunque no lo seas me refiero a si realmente no procesas la doctrina nacionalsocialista o fascista. Hoy esos conceptos no tienen valor ideológico a vista de quien lo dice para denunciar, sino que son simplemente palabrotas, palabrotas dirigidas a aquel que desobedece el mantra de lo políticamente correcto. Hoy el concepto fascismo y nazi son una palabrota o una forma de denuncia, no es más. Y yo sé bien que no es eso, pero póngase en la mente de cualquiera que pase por la calle, hable con ella, es posible que se crea un catedrático de historia por haber visto en el cine 'El niño con el pijama de rayas' o cualquier película realizada en Hollywood.

Esta realidad crea una fractura social. Una fractura de ideas, pues ante el miedo y el peligro de la denuncia existe cierto mensaje prohibido que pocos valientes lanzan no sin peligro. Y bajo esta consigna, la de atacar a todo aquel que no se ciña al dogma democrático, nace el antifascista moderno, el luchador todopoderoso por la libertad, que hace de tal forma de vivir su vida y su yo propio (yo soy antifascista, dice este ser), sintiéndose en la tierra como alguien elegido para llevar una misión: acabar con el fascista. Este tipo de ser se convierte en sus muchas vertientes en una persona que dicta el dogma de la tolerancia y de la libertad, es decir, te dicta lo que puede ser tolerado y lo que es ser libre. Si no aceptas lo que te dice tú no puedes ser tolerado, y algunos pensarán que pobrecito que no es libre, aunque otros querrán machacarte por ser tan idiota que no sabes ser libre. Bajo esta forma de pensar se ha generado la forma perfecta de perro callejero que vela por el sistema democrático y que a la vez piensa que lucha contra el sistema o que es antisistema, en su forma más radical; y por otro, en su forma más suave, surge la de aquel psudorevolucionario que hace de la paz una forma de rebeldía y que va a las manifestaciones a que le peguen: un antisistema que no es tal, que es dócil y manejable, y que bajo la represión democrática hará al represaliado sentirse más democrático aún. Una oposición blanda que el estado democrático necesita y que el estado fomenta para no perder de lejos el hecho inducido de la lucha antifascista, hecho que vela por la seguridad de tener convencida a la opinión pública de que siempre existirá algo peor que la democracia y de que hay fascistas por todas partes, y por ello se debe estar siempre alerta.

Pocos hay que son ellos mismos. Pocos hay que luchan por algo realmente revolucionario. Políticos, manifestantes, sindicatos, todos esos grupos que hemos visto interactuar últimamente en realidad sirven a un mismo fin, a un mismo esquema, a unas mismas realidades. No existe una realidad política, no una basada en amigos y enemigos, como diría el gran Carl Schmitt, ni existe a día de hoy una minoría incipiente que se pueda postular en años como una oposición real a lo que ya hay. Lo que se ve en los medios es simplemente el resultado de desacuerdos normales en toda familia o grupo de personas, pues todos obedecen al final a lo mismo: todos ellos son el sistema. Salgamos de él y reventémoslo.■

18 de octubre de 2012

POR LA TOLERANCIA CON LOS HOMOSEXUALES


Este artículo va a contentar a muy pocos, desde luego no voy a hacer amigos y en esta vida no es mi intención ser parte de las mayorías, sino ser yo mismo, yo mismo y mi palabra, yo mismo y mi palabra y mis actos.... y bienvenido el que me siga, algún día seremos legión. Por un lado los homosexuales me llamarán homófobo, y ya saben a dónde les mandaré, y por otro: nazis de salón y de calle, nacional-revolucionarios, identitarios de otra índole, anticuados derechistas del Partido Popular o nostálgicos franquistas, capillitas y otros elementos de la iglesia, islamistas... todos ellos, aunque no todos, más muchos más que no he nombrado, me llamarán maricón, homosexual, culo de pozo, etc. Bien, insultos de esta índole ya he sufrido por parte de algunos anónimos. Me da absolutamente igual, no tengo necesidad de justificar mi sexualidad. Yo, al contrario que muchos, no necesito insultar a nadie para hacerme fuerte. Es más, considero que insultar a alguien de forma tan ruin, lanzando falacias contra las personas o parodiarlas y ridiculizarlas por su sexualidad es una muestra de debilidad por una parte, pero de maldad por otra, de maldad gratuita, que procede de la susodicha debilidad y de una vida privada muy empobrecida, quien sabe por qué motivos.

Pero bien, en ese etcétera se incluyen también los tolerados comunistas. Famosa es la historia de Reinaldo Arenas, un magnífico escritor cubano, represaliado por el estado comunista de Castro.


Y he de subrayar que mi experiencia con conocidos y amigos cubanos guevaristas es la de observar en su ética una homofobia desbordante. Y es que en realidad la homofobia es menos predominante en los movimientos nacionalsocialistas o nacionalrevolucionarios en comparación a. Ernst Röhm fue un homosexual declarado y tolerado, incluso admirado. Y todos los nacional revolucionarios deberíamos hacer tributo a su persona al margen de su homosexualidad. Ningún lobby gay, sin embargo, defiende a este personaje tan audaz en la actualidad. Recomiendo esta lectura, muy celebrada, en su momento, en El Mundo de Daorino:


En dicho texto cabe destacar, pues conviene a este artículo, lo siguiente:

"LOS HOMOSEXUALES FUERON PERSEGUIDOS DURANTE EL CASTRISMO, ASÍ COMO EN OTROS REGÍMENES COMUNISTAS. SIN EMBARGO EN LA ALEMANIA NAZI CABE DESTACARSE TRES CORRIENTES: "La primera abogaba por la aceptación de la homosexualidad y la eliminación del §175, cuya cabeza visible más conocida era Ernst Röhm, jefe de las SA y él mismo homosexual. La segunda corriente sería la representada por Hitler mismo, que personalmente no parecía tener nada en contra de los homosexuales, mientras fueran discretos. Finalmente estaban aquellos que eran profundamente homófobos, entre los que se cuenta Heinrich Himmler, que llegaría a ser jefe de las SS." (Fuente original: AQUÍ)"

Por lo tanto, dentro del nazismo cabe destacar la existencia de cierta pluralidad, como no podía ser de otra forma en un movimiento tan diverso que sólo se concretó con la llegada al poder de Adolf Hitler.

Por lo tanto, aquellos que achacan de homofóbico el nazismo lo hacen por pura ignorancia, pues no lo fue en su totalidad. Es el comunismo y todas las ideologías que confluyen en la idea de lo idéntico, de lo mismo, etc., es decir, de que todo tiene que ser igual, que todos por igual, que sólo una forma de hombre, las ideologías más racistas, homofóbicas, machistas, etc. La supuesta tolerancia de la auténtica izquierda de hoy obedece a otros planes (o a la ignorancia de lo que es la izquierda en el que se dice izquierdista) y paradójicamente hemos de dar gracias a que tal milagro de la tolerancia a la homosexualidad se haya producido, como más abajo explicaré.

En España la homosexualidad siempre ha estado mal vista, sin embargo en los últimas décadas, incluyendo el franquismo, no ha habido una persecución contra ellos, o al menos no ha de entenderse como tal, a pesar de que se hablen de numerosas víctimas. Ha existido una velada tolerancia por un lado y el miedo del homosexual a mostrarse como lo que es, una persona que se siente atraída por los de su mismo sexo, por otro. A tal hecho ha contribuido la Iglesia y la moral ultraconservadora del estado franquista, por supuesto, en un régimen que podríamos calificar de nacionalcatolicismo. Así que bien, es cierto que ha habido víctimas homosexuales producto del franquismo, pero también es cierto que ello no supone una razón para que los homosexuales de hoy se sientan oprimidos o tengan derecho a algo más por la simple razón de que unos homosexuales fueron condenados durante una época. El victimismo homosexual de hoy no tiene sentido y los heterosexuales, avenidos a asegurar el orden natural, no tenemos la culpa de nada ocurrido en el pasado.

Lorca es sin duda el homosexual represaliado por el franquismo más famoso de la historia española. Personalmente siento admiración por su obra, especialmente por su teatro, más que por su poesía. Lorca, en vida, fue uno de los grandes artistas de España y su obra, al margen de la ideología, merece su reconocimiento. Pero bien, todo el mundo habla del Lorca represaliado, pero nadie habla de esos falangistas, de la familia Rosales, que se jugaron el cuello por salvarlo.


Y es que aquí ya entramos de nuevo en la ignorancia de las masas, una ignorancia inducida (todo sea dicho), que desconoce la historia. Y lo mismo que la masa desconoce esta realidad, la masa desconoce la realidad del falangismo antifranquista.





Y es más, me atrevería a decir que el franquismo fue una forma de gobierno antifalangista, sirviéndose de ésta como imagen disfrazada con gorra carlista.

Pero volvamos al asunto de la homosexualidad, y hablemos del milagro de la tolerancia a los homosexuales.

Durante mucho tiempo los homosexuales tuvieron que fingir su sexualidad, llevando vidas heterosexuales, creando familia y existiendo la posibilidad de que dejaran descendencia. La homosexualidad tiene un evidente componente genético (a eso apunta la ciencia), por lo que es transmisible. La tolerancia con la homosexualidad facilita la "salida del armario", una organización distinta de su vida por parte del homosexual, y provoca que la mayoría de los homosexuales dejen de procrear y transmitir una posible descendencia con tendencia a la homosexualidad. La homosexualidad, aun surgiendo de forma natural, no responde al fin último del orden natural de las cosas, que siempre ha de conducir a o concluir en la dación de vida. No obstante existe otro tipo de homosexualidad, una homosexualidad inducida por un ambiente afeminado u homosexualizado. Sin embargo este es muy ínfimo a pesar de los esfuerzos de la ideología de género en hacer creer que la masculinidad y la feminidad son roles que nada tienen que ver con la propia sexualidad de la persona. Así que: animo a todos los identitarios de cualquier índole a que adopten una actitud tolerante con la homosexualidad, a que la acepten en la sociedad de forma natural y como algo natural, y a que confíen en el sabio orden natural de las cosas, que obrará por sí mismo. El homosexual nacido como tal no es culpable de su homosexualidad, merece una existencia digna y todo el respeto siempre y cuando lo merezca, pues no se va a respetar a alguien por el simple hecho de su homosexualidad, que no constituye un mérito. La cultura grecolatina es parcialmente un buen ejemplo de un contexto de tolerancia hacia la homosexualidad. Que digo tolerancia en cuanto que su existencia era consentida, pero que no era en todo caso celebrada como muchos piensan, lastrados mentalmente bajo el influjo del mito de una Grecia o Roma sodomitas; al contrario, en aquellas culturas fuertes la homosexualidad estaba vista como una aberración, pero sin embargo era tolerada. Aquí di un leve esbozo a tal asunto.


Esta tolerancia hacia o normalización para con la homosexualidad que sugiero no significa, por otro lado, asumir todas las reivindicaciones del lobby gay, adherirse a dicho movimiento o hacerse amigo de un montón de homosexuales. Existen elementos inaceptables, como la del matrimonio homosexual, puesto que el matrimonio sólo corresponde a la unión de un hombre con una mujer (hecho que me ahorro aclarar en este espacio). Asimismo no supone equipararse ideológicamente con el marxista cultural, pues nuestra tolerancia no responde a fines perversos, mientras que la de ellos corresponde a unos fines poco claros y siniestros, cuya finalidad es, al fin y al cabo, no acabar con ni erradicar la homosexualidad por la fuerza, como los antiguos comunistas, tan brutos como intolerantes, sino fomentarla y utilizarla como ariete que lanzar contra la sociedad. Pero a su vez, paradójicamente, el marxista cultural sufre de una homofobia oculta, pues precisamente como el marxista cultural fomenta la homosexualidad va acabando con ese estado de cosas que hacía del homosexual un oprimido que no podía mostrarse en el mundo como es, lo que le obligaba a llevar un modo de vida heterosexual, con esposo/a e hijos. Visto así el marxista cultural trabaja activamente para acabar con la homosexualidad. Así que ningún izquierdista tolerante tendrá derecho a llamarnos homofóbicos si adoptamos esta saludable, estratégica y necesaria actitud eugenésica en este mundo tan extraño y decadente que nos ha tocado vivir.■

16 de octubre de 2012

LA GUERRA, LA PAZ Y LA UE

POR UNA EUROPA SOBERANA

Se avecinan tiempos divertidos, tiempos belicosos que deberán pertrecharse de mil y una audacias y astucias humanas para sobrevivir... pues el tiempo puede fenecer para dar lugar a una nueva era. Me tomo la guerra como algo natural, como una inclinación humana hacia la demostración de superioridad, poder y de valentía. No es una frase hecha "la ley del más fuerte", sino una realidad que a muchos que viven enfadados con la naturaleza les genera profundas frustraciones. Muchos no estarán deacuerdo con estas palabras, sobre todo aquellos que suponen de la paz una forma de poner orden o de orden mismo.

La paz, hasta hoy, ha servido para darle todo aquello que reclama a aquel que si usa la fuerza y la violencia: asumir el pacifismo ya te pone bajo la sombra de la inferioridad. El pacifista es como una persona atracada en una esquina que amedrentado por el filo de una navaja es desvalijado por un sinvergüenza. La fuerza, la violencia, la guerra, son elementos insoslayables, y señalaría casi sin equivocarme que son elementos de los cuales las personas de bien han de servirse para defender su propia paz, su propia justicia y mantener firmes los pilares de una sociedad sana, fuerte y duradera. Es que las armas son condición indisoluble para toda cultura, porque aquella cultura que no está dispuesta a la lucha tiene mayores posibilidades de perecer. Toda cultura que haya de morir si ha de hacerlo, y si lo quiere hacer con dignidad, debe hacerlo en el campo de batalla.

Muchos habréis leído esta noticia:
LA UE RECIBE EL NOBEL DE LA PAZ EN EL PEOR MOMENTO DE SU HISTORIA 
- El jurado obvia la penosa situación económica de la eurozona y se justifica en la historia 
- Destaca los logros de la UE para "el avance de la paz y la reconciliación" en Europa, así como el establecimiento de "la democracia y los derechos humanos" desde 1945 
A mi modo de ver es una tomadura de pelo. Y no lo es porque piense que Europa no sea beligerante (lo es si lo mandan sus amos), sino por el hecho de que en realidad es un reconocimiento a la sumisión de Europa tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial. La UE es un Estado de Ocupación del Imperio, es un títere que no representa los intereses de los identitarios europeos.

Una Europa desarmada de valores fuertes, una Europa que acepta la sumisión, está condenada a perecer. Y no lo hará con dignidad, pues pese a milagro, no lo hará en el campo de batalla. Sin embargo, que nadie diga que "nosotros" no luchamos. Y ese nosotros es un nosotros muy concreto, habla de hombres y de mujeres hoy marginados, hoy vistos como la hez y como elementos no gratos para esta sociedad que avanza a su suicidio.■