20 de noviembre de 2012

LA CASPA: CONTRA EL MUNDO FACHA

Tienes que querer quemarte a ti mismo en tu propia llama: 
¡cómo te renovarías si antes no te hubieses convertido en ceniza!
Friedrich NIETZSCHE, Así habló Zaratustra. 
Alianza Editorial, año 1997. BA 0612, Pág. 107. Traducción de Andrés Sánchez Pascual.


Este artículo va a molestar, y os aseguro que no es mi intención. Pero alguien tiene que decirlo, alguien debe decirlo de una vez, porque yo no quiero formar parte de un movimiento marginal, un movimiento que la ciudadanía relacione con estereotipos grotescos, que muchos asumen y visten: ha llegado el momento de hacer un llamamiento 'a muchos' al cambio de imagen y forma de proferir un discurso y por otro lado es hora de reivindicarnos los nacionalistas que no tenemos nada que ver con el mundo ultra o 'facha'. 

El caso es que en la izquierda existe el guarro, una persona de escasez en todos los sentidos, sobre todo en higiene, pero en el mundo nacionalista existe la caspa, el hombre de caspa, un hombre cuya existencia hace del mundo nacionalista algo manchado, algo que la gente normal relaciona con lo hediondo, con la basura, con cierta naturaleza escatológica... ¡y con Torrente! Hablamos de un ser que aunque pueda parecer limpio necesita urgentemente de un tratamiento anticaspa y de una formación. El facha es, en definitiva, el casposo, una antigualla, un hombre del pasado con un mensaje derrotado de por sí, o alguien derrotado y fracasado que no asume la derrota que si acaso vive de cierta gloria pasada hace ya muchísimas década que no nos va a salvar. No hay margen de edad, los hay muy mayores, de mediana edad, jóvenes, más jóvenes aun... Se distinguen mucho por llevar esas correas y esos llaveros con franjas rojigualdas, adorar al toro de Osborne y vender merchandising barato con banderitas de la época franquistas, así como otras trivialidades. Algunos llevan el aguilucho en la solapa. Se dejan barbitas recortadas, algunos un peinado con tanta gomina en la cabeza, que no sé qué pensar; se ponen camisas de botones, pantalones más o menos ceñidos y en algunos casos su mentalidad es capitalista, es decir, nada que ver con algo nacional-revolucionario o, en un terreno histórico, con el fascismo, el nacionalsindicalismo o nacionalsocialismo originario. También suelen ser marginados, pero ya siéndolo al margen de la marginalidad política, es decir, socialmente. Además, existe otro modelo donde predomina el tatuaje en muchos casos, tatuajes muy buenos que alcanzan cierto grado de maestría, pero poco disimulables. Bien, imagino que se los hacen para enseñar, pero actualmente, en un acto político, no creo que un busto de Hitler en el antebrazo llame la atención a un posible militante o votante con cierta conciencia nacionalista y que a su vez tenga conciencia social: más bien lo espantará y echará por tierra todo el trabajo realizado. Quizá no pase nada por tener a uno así, pero cuando todos los cuadros y bases dibujan dicho perfil... Interesante es también la mujer casposa. Esos peinados recortados de media melena y con flequillo a lo Tintín, esos rasurados mediante maquinilla por la nuca y los esfenoides... ni que decir que dan mucho morbo, y algunas son auténticas bellezas. Pero no son siquiera el modelo de feminidad que todo hombre quisiera, es decir, no se trata de una princesa de hadas. Para colmo, su pensamiento no es en muchos casos la de la mujer dispuesta a darlo todo por la posteridad, aunque en otra versión si (y el peinado es distinto), siendo Doña Pilar Primo de Rivera su único modelo, un modelo no recomendable parcialmente para la mujer actual, por retrógrado y asumir cierta inferioridad de la mujer; la propia Pilar dijo: "Anima a tu marido a poner en práctica sus aficiones e intereses y sírvele de apoyo sin ser excesivamente insistente. Si tú tienes alguna afición, intenta no aburrirle hablándole de ésta, ya que los intereses de las mujeres son triviales comparados con los de los hombres." 

Pero estos detalles mencionados no deben de por sí señalar al "casposo", claro que no, tengo camaradas con muchos tatuajes y tienen mi estima, de la misma forma que conozco a chicas con peinados como los descritos sin nada de "casposidad" en su mentalidad. Pero si algo define al casposo de forma determinante es su obsesión con Franco y otros dictadores, por su obsesión por el pasado y la glorificación de dicho pasado, careciendo de toda objetividad histórica o de visión de futuro: "pues lo mejor ya fue", dicen, "el modelo ya está hecho y sólo hay que revivirlo", piensan.

Asimismo, de todo lo que he citado, a excepción de las excepciones, "predomina" la escasa disciplina y voluntad, así como una pésima formación. Por otro lado hay cierta mentalidad de elegido y de sentimiento de superioridad por pensar de forma tan particular.

Y yo me digo que qué culpa tendremos muchos identitarios para soportar la existencia de estos supuestos patriotas en el entorno nacionalista, que mancillan toda noble causa, con su discurso caduco, anacrónico y, en algunos casos, infantil e incoherente. La caspa, sí, la caspa. La caspa de la ultraderecha, esa ultraderecha tan moralmente politizada como la ultraizquierda y toda la política de este país. Son seres que viven como ratas del mundo nacionalista haciendo fila en muchas falanges, en algunos partidos del área y en la iglesia. No me olvido de muchos skins, muchos de ellos son también caspa, y de la peor, pues su pésimo discurso, unido a su estrafalario vestir e inadecuado comportamiento, poco hacen por el nacionalismo en España y en Europa, por la defensa de España y de Europa, favoreciendo que el mensaje inteligente de muchos patriotas quede sumergido en la marginalidad. Y es que el mensaje identitario se hace complicado ante tanta caspa. La gente escucha España o inmigración en un patriota no casposo y ya se piensa en caspa: si defiendes España inmediatamente quien te oye pensará en franquismo, o en alguna falange (de las de '¡Viva Franco!')... si hablas de inmigración pensarán en racismo. ¡Hay que acabar con esa imagen de torrentismo político! ¡Cuánta caspa, Dios mío! ¡Cómo se puede ir por la vida así! ¡Y habrá quien se pregunte todavía por qué el discurso identitario en España vive en un segundo plano, que por qué demonios no nos escuchan! Pues señores, la respuesta está en la caspa, ahí reside el germen que convierte nuestro discurso identitario en una identificación con ese estrafalario y casposo hombre de ultraderecha. Quien tiene un discurso casposo es algo ajeno a la defensa de la identidad, o al menos a la lucha identitaria según nos atañe, pues éstos defienden la identidad de un régimen pasado, pero no el presente de los hombres y mujeres europeos de hoy. En definitiva, nosotros los identitarios somos incompatibles con la caspa, otra cosa es que haya quien nos relacione con ella o quien se identifique con lo identitario. Nosotros no somos la ultraderecha.

Calificarse de fascista es hoy un error. Lo es porque no se puede ser tal cosa, y si se es, pues como el que dice que es "carlista", un "piquero en Flandes", antifranquista o un romano en el Vesubio. El fascismo murió en 1945. Lo que seamos es y debe ser otra cosa bien distinta. Porque distinto fue lo que vino después de 1945; aunque siga la misma 'línea de sangre'. Pueden (y podemos) ser herederos del fascismo, pero no se le puede llamar fascismo a lo que vino tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial: en todo caso el tiempo del fascismo pasó, lo mismo que el tiempo para los "comunismos". Y es que no puede ser fascismo de ninguna forma, como no lo pueden ser los precursores del fascismo o del nazismo, que ni fueron fascistas ni nazis. El propio Marx no era marxista, sino Karl Marx. No obstante, muchos se autodefinen como fascistas, participando de un anacronismo, haciendo presente un pasado que ya fue. Los nacionalistas e identitarios deben ser partícipes de una nueva era, no levantadores de cadáveres. Y es que si por algo debe caracterizarse el identitarismo es por su versatilidad, su adaptación a los tiempos para mantener esa línea histórica de conexión siempre limpia y pura, pero en cada momento en su momento. Muchos falangistas o nacionalistas de otra índole tienen el mismo discurso de Franco. Su consigna no es avanzar, crear algo nuevo, sino volver al régimen franquista, revivirlo. Otros piensan en el Imperio español, y todo funciona de la misma forma como he relatado en cuanto al franquismo. Nosotros, identitarios del hoy para el mañana, debemos suponer una ruptura con todas las épocas, somos lo nuevo, somos ese movimiento que desde la nada forjarán una nueva era. Ahora somos nosotros la acción, ahora somos nosotros los dueños de nuestro destino, ahora seremos nosotros los héroes.

Insistiendo en lo mismo: existe un sector de la ultraderecha que para mí es arqueología política, cuya mentalidad es equivalente al republicano de izquierdas clásico que conocemos: anclados en lo pretérito, en la nostalgia, empeñados en revivir siempre el pasado (en lugar de meditarlo, trabajarlo intelectual e históricamente y superarlo), han perdido toda capacidad para construir el futuro. Mientras muchos identitarios pensamos en el presente y nos alzamos hacia el futuro como una flecha de fuego, hay quienes se empeñan en mantener el mundo en 1939 y fomentar esa imagen del mundo nacionalista para la actualidad, relativamente falsa por otro lado, de "facha", "patriotera", "franquista", "machista", "homofóbica", "racista", "ultracatólica", etc. Imagen que es toda una falsificación histórica por parte de quienes ya sabemos en algunos elementos citados pero que HOY se empeñan en fomentar ese skin, o ese falangista, o ese ultraderechista... Si, se empeñan en fomentarlo, por ello es más que necesario que EL MUNDO EN DEFENSA DE LA IDENTIDAD se desligue definitivamente de ese podrido submundo que conocemos como área y otros submundos que han proliferado en el nacionalismo español, donde predomina la caspa. Hay que generar unas bases distintas, con un pensamiento en defensa de lo propio, pero que incidan hacia delante, hacia el futuro, y desde el presente, siendo el pasado un ejemplo histórico que deberá servir de inspiración si cabe. Debe hacerse con nuevas bases, con nuevos cuadros, con gente normal que no pierda credibilidad con sólo una mirada. Gente de bien, gente no etiquetada, gente presentable en cualquier acto sin discursos camicaces, infantiles o llenos de consignas absurdas. 

Esto no me convierte en antifascista. Que nadie se equivoque. Yo no condeno los sucesos histórico. Como amante de la historia es mi responsabilidad ayudar a que se conozca la verdad del fascismo y del nacionalsocialismo, también del nacionalsindicalismo. Pero como amante de la historia quisiera no tener que contarla y ser parte de la misma, es decir, que la historia me contara a mí, ¡que la historia nos contara! De esta forma, si fracasamos seríamos inspiración para el futuro (que digo inspiración, que no lo mismo, de la misma forma que sobre el fascismo... inspiración, lo que no nos obliga a ser lo mismo). Y para ello olvidémonos de la caspa, dejemos que se recreen en toda su marginalidad, que nos favorece. Alcemos bien alto el discurso social y nacional, sin nostalgias ni odios, donde la auténtica lucha anticapitalista (contra el marxismo y el liberalismo) sean nuestra punta de lanza. 


¡No somos fascistas, ni nazis, ni nacional sindicalistas, sino parte del movimiento social! Pero dentro del movimiento nos situamos y debemos presentarnos por encima de ultras y de toda moral política (izquierda y derecha), como una ruptura radical con todo lo avenido hasta ahora, como un golpe revolucionario letal.■

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.