24 de febrero de 2012

VIOLENCIA Y REVOLUCIÓN


"En todos los lugares donde encontré seres vivos, encontré voluntad de poder, e incluso en la voluntad del que sirve encontré voluntad de ser señor [...] Y este misterio me ha confiado la vida misma: "Mira, dijo, yo soy lo que tiene que superarse siempre a sí mismo.
En verdad, vosotros llamáis a esto voluntad de engendrar o instinto de finalidad, de algo alto, más lejano, más vario: pero todo esto es una única cosa y un único misterio [...]"
En verdad, yo os digo: ¡Un bien y un mal que fuesen imperecederos no existen! Por sí mismos deben una y otra vez superarse a sí mismos [...]
Y quien tiene que ser un creador en el bien y en el mal: en verdad ése tiene que ser antes un aniquilador y quebrantador de valores.
Por eso el mal sumo forma parte de la bondad suma: mas ésta es la bondad creadora [...]
¡Hay muchas cosas que construir todavía! 
FRIEDRICH NIETZSCHE, ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA.



La voluntad de poder es la actitud del hombre alzado hacia arriba, creador y destructor a la vez, como parte de la expresión nihilista activa y vitalista de Nietzsche. El hombre con voluntad de poder es el hombre que dice sí a la vida, es el hombre que se proyecta hacia el mundo como soporte y medio para sus ambiciones, deseos y aspiraciones. El hombre, luchando como la hierba bajo el asfalto desquebrajado, abriéndose paso... ¡eso es la voluntad de poder!, ¡eso es la voluntad de vivir... pero más!, ¡esa es la voluntad del hombre que quiere expandirse y siente necesidad de hacer uso de su poder y de sus fortalezas! ¡Ese es el hombre que se afirma constantemente!

Y la violencia... si la voluntad de poder es el motor de la vida y lo que empuja a todo ser a su realización, qué es la violencia sino su lenguaje. No hay nada más. La violencia propia que vemos "no" genera más violencia (es decir, no es el principio de la misma), sino que la propia vida, como violenta, genera la violencia: el hombre, como cualquier ser, es consecuencia de la violencia. ¿Acaso somos culpables de querer vivir, acaso hemos elegido un orden natural propio no-violento?, ¡¡las cosas son de una forma aunque nos empeñemos en lo contrario!!... ¿Y qué es la violencia? ¿Acaso no es querer someter a otro bajo nuestro poder? Voluntad significar someterse uno mismo (mandarse y obedecerse) o someter a (mandar y que te obedezcan, como si el ordenado fuera una prolongación de nuestra voluntad, y de hecho así sería), y con violencia o sin ella, pues alguien puede poseer un atractivo tal que la violencia se expresa en la tiranía de esa atracción, que domina las voluntades. Violencia física, violencia verbal, pero ahí está, esa necesidad de poder sobre otros, de someter la voluntad, el cuerpo, el espíritu... de nuestras presas, ¡esa necesidad de afirmación de nuestra existencia! ¡Todo y todos como un medio para nuestra realización y nuestra propia superación!

El diccionario nos dice que violento es aquel "que está fuera de su natural estado, situación o modo". No, el violento está en su estado natural, vive, sabe de qué va el juego en el que nos hemos involucrado involuntariamente los nacidos en este mundo. El violento quiere poner su orden, pues es un ser de poder. ¿Los que hacen los diccionarios dan por el hecho esa máxima de que el hombre es "bueno" por naturaleza?; y he aquí bueno en un sentido nada aristocrático, porque... ¿Qué es bueno?
¿Qué es bueno? Todo lo que eleva el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo en el hombre.
¿Qué es malo? Todo cuanto procede de la debilidad.
¿Qué es felicidad? El sentimiento de que el poder crece, de que una resistencia queda superada. 
FRIEDRICH NIETZSCHE, EL ANTICRISTO.
Y esta expresión de Nietzsche si es toda aristocrática... ¡superar, superar, superar!

Y que ahora se echen las manos a la cabeza los pacifistas (¡Los de la (pseudo)revolución pacífica!) y demás hombres y mujeres de la pusilanimidad. La violencia es la vía que pone orden, cualquier orden, incluso la que genera el caos para luego imponer su orden. Dejar hacer, es decir, que aquel que tiene la voluntad, el poder, la fuerza, consienta con su pasividad ese "no ejercer la violencia", "no ejercer el poder", sólo provoca el caos, que todo valga, que no haya ley. Si la democracia consiste en que no nos gobiernen los más capacitados, significa que gobernará el caos y que por lo tanto hoy democracia no signifique otra cosa que caos. Un caos provocado por el golpe violento de un poder que divide y vence, el poder violento de la inacción de esa vieja moral de esclavos, del pacifismo, del masoquismo, del martirio, que inutiliza al hombre para dar cuerda al motor de su voluntad y al de la propia vida, incapacitándolo a su vez para luchar. ¡El caos es el orden de los débiles y liberticidas!

¿Y por qué detestáis, pacifistas, mis palabras?, ¡quitaros las manos de la cabeza! Vuestro pacifismo es muy violento, ¿por qué os escandaliza que corra un poco de sangre entonces? Pero el pacifista adora y afirma la violencia: ¡¡sois entonces unos paradójicos adoradores de la vida!!, pero la adoráis con un rictus en la cara, como muertos, pues os da cierto asco. La violencia justifica vuestra existencia, da sentido a vuestra piadosa lucha. La adoráis tanto que necesitáis de ella para luego llorar como niñas. ¿Por qué tanta necesidad de martirio, de tristeza y de autoculpa?, ¿por qué tanta necesidad de victimismo? No hay nada más penoso ni más despreciable que aquel que desea ser víctima, que se hace la víctima o que adora a las víctimas. No digo que adoremos a los verdugos, a los que ejercen su poder sobre otros aunque sea justamente, etc., sino que animo a que cada cual ejerza su poder, su fuerza, sobre otros, sobre lo que desprecia, sobre aquellos que nos tienen sometidos: pero primero sobre nosotros mismos.

Hoy se hace necesaria una llamada a la violencia, más en unos tiempos de crisis donde nuestra impotencia se queda reprimida aún observando el abuso de las imposiciones hipotecarias, de un mercado laboral injusto, de los desahucios, de los despidos masivos, de las tropelías de la banca y otras aberraciones.

Asúmanlo, hay que gritar ¡basta!, el pacifismo y la inacción no han hecho nada bueno por los hombres, si acaso el juego a otros que pululan con total libertad sabiendo que hagan lo que hagan no van a recibir su merecido. Es la lucha lo que reventará un orden para instaurar otro, es la sangre la que debe correr y ahogar a nuestros enemigos.




¡LA REVOLUCIÓN SERÁ VIOLENTA O NO SERÁ!
¡LAS REVOLUCIONES O SON VIOLENTAS O NO LO SON!

Pues las revoluciones no son ni transición, ni punto seguido, ni siquiera punto y aparte, sino que suponen el cambio radical de la forma de pensar, de la forma de ver el mundo y de la forma de actuar. Una revolución supone una ruptura en el devenir histórico, un cambio tan violento que todo parece partir desde cero. Pero esto surge de hombres que a priori se han revolucionado a sí mismos.■


Fuentes consultadas:
- FRIEDRICH NIETZSCHE 1844-1900
- Voluntad de poder
- FRIEDRICH NIETZSCHE, ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA. Alianza Editorial, año 1997. BA 0612, Pág. 176-178. Traducción de Andrés Sánchez Pascual.
- FRIEDRICH NIETZSCHE, EL ANTICRISTO. Alianza Editorial, año 1997. BA 0613, Pág. 32. Traducción de Andrés Sánchez Pascual.

10 de febrero de 2012

EL SER ÚNICO Y LA DISIDENCIA

EL LOCO

Me preguntáis como me volví loco. Así sucedió:

Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras,. -sí; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando:

-¡Ladrones!¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!

Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas.

Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó:

-Miren! ¡Es un loco!

Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, y mi alma se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité:

-¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!

Así fue que me convertí en un loco.

Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser.

Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.

Khalil Gibran. OBLAS COMPLETAS, VOLUMEN I. Edicomunicación, S.A., año 2003, pág. 209. Traducción de Fath al-Santott.

Khalil Gibran fue un poeta, pintor, novelista y ensayista que nació en Bisharri (Líbano) en 1883. No voy a decir nada más sobre su biografía porque hay mucha información en Internet y prefiero centrarme en el texto que habéis podido leer. Dicho texto lo leí hace más de diez años por primera vez, y aún recuerdo el impacto que me causó. Me pareció algo nuevo, algo totalmente revolucionario. Sin duda no es para tanto, pero con veinte años muchas cosas nos parecen más de lo que son. No quiero minusvalorar al autor de esta obra pero lo cierto es que a ciertas edades tendemos a mitificar y a idolatrar de forma desmedida, y yo siempre he sido desmedido en todo, así que imaginaros, jajaja...

En muchas de las últimas entradas publicadas se ha tratado el tema de lo real, un tema recurrente y que me obsesiona en cierta manera. Por ello, en parte, este texto, que al recordarlo y reencontrarlo me ha parecido muy conveniente mostraros. Se puede leer: "(...) corrí sin máscara por las calles atestadas de gente". Sin duda esa máscara dice mucho, siendo esa realidad que encubre la verdadera realidad. No digo nada nuevo, lo sé, pero me parece evocador esa metáfora que une lo desnudo con lo verdaderamente real, ese titubeo que nos concede o a que nos obliga irremisiblemente todas las inseguridades provocadas por la pudicia al ser descubiertos tal como somos.

Hagamos énfasis en lo verdaderamente real o en lo que puede acercarse a ella, en oposición a lo falsamente real, que sería la susodicha máscara. Conocer lo verdaderamente real me parece altamente complicado, por no decir imposible, pues nuestros sentidos no están capacitados para en un sólo instante, en el mayor grado de consciencia, hacernos participe de todo lo que es en todas las dimensiones de percepción posibles: por ello lo real, lo que es lo real en sí, es algo casi ajeno al hombre, que sólo aspira a sus verdades. Pero la máxima "Todo es real" hace fácil todo análisis, así como el hecho de que es más fácil llegar a cierta verdad poniendo al descubierto la mentira, rompiendo la máscara. A partir de ya no hay que cuestionar lo real, no hay que ser un negador, al menos un negador en el sentido de negar un hecho que puede darse de cualquier forma, incluso no dándose.

El texto sigue así: "Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas." Por la calle va el hombre desnudo, el hombre que dicen que está loco. Aquí la locura es mostrarse tal cual uno es, en toda su autenticidad. La máscara hace que los demás no se rían de ti, el ser despojado de ella hace posible que unos se burlen o te humillen y que otros huyan, pues el hombre auténtico, el hombre que no se da miedo a sí mismo, que no reniega de sí, que no se avergüenza de sí, que no es ajeno a sí mismo... ¡es el terror! Y así es un poco la disidencia, la disidencia real: es como ir desnudo, es como ir sin máscaras, es como ser una especie de ser que a veces es motivo de admiración pero que en demasiadas ocasiones es objeto de burla y escarnio. Existen personas verdaderamente reales y otras falsamente reales. No está loco el loco, sino quien llama loco a otro. Y bien, aquí la locura es ajena a toda desviación o trastorno mental, no hablamos de una locura clínica.

Para concluir, esta parrafada: "Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser." Al leerla por primera vez sentí un gran remover en las entrañas. Lo considero un pensamiento profundo, un pensamiento abismal. El derecho a la incomprensión, a ser una entidad indescifrable, a ser alguien que suponga en sí un misterio. Es una reflexión curiosa la de este autor libanés, plantea la comprensión de uno hacia otro como una especie de robo, un hurto de su ser, como si nos metiéramos en su mente y le poseyéramos. Se puede estar deacuerdo o no pero lo que sugiere dicha parrafada tiene un gran poder, pues se trata de un pensamiento poderoso, una evocación que invita a ser cada cual poseedor y defensor de sí mismo,  A SER ÚNICO.■

3 de febrero de 2012

EL PENSADOR: ENTRE LA DUDA Y LA CERTEZA

El pensador, de Auguste Rodin
El primer pensador fue sin duda alguna el primer maniático del por qué. Manía poco habitual y de ninguna manera contagiosa. Raros, en efecto, son los que la padecen, los que están roídos por la pregunta y sin poder aceptar ninguna certeza, pues nacieron en la consternación.

E. M. Cioran. DEL INCONVENIENTE DE HABER NACIDO. Santillana, S.A. (Taurus), año 1995, pág. 40. Traducción de Esther Seligson.


Desde pequeño he sentido una gran inclinación hacia el noble ejercicio del pensar, de hecho siempre he querido ser filósofo y de alguna forma lo soy, pues un filósofo no se fragua en las facultades, desde donde sólo surgen licenciados en filosofía; y bien, no quiero decir que de allí no salgan filósofos, pero una cosa es aprender filosofía y otra ser la propia filosofía. Reflexionar, meditar, llegar a conclusiones, crear mis propias convicciones y valores (si tal cosa es posible) ha sido uno de los quehaceres que llevo conmigo casi desde la cuna. Muchos desengaños y muchas desilusiones, pero siempre con la idea clara de que siempre puedo empezar, que siempre puedo emprender el camino desde cero y generar una nueva cosmovisión, complementar la que tenía o mejorarla. Creo que esta capacidad de empezar desde cero, de resetearme, ha hecho favorable que no me estanque en ideas fijas, tener posturas más abiertas y sobre todo ser más consciente de qué debo o no debo ser, qué debo y qué no debo seguir. Me puedo equivocar una vez, y es disculpable, pues errar es algo normal, pero si me equivoco de nuevo en lo mismo ya es culpa mía.

Un por qué incesante en mi cabeza, un por qué que poco a poco va perdiendo fuerza en mí. La razón es creo muy lógica: ese por qué es la duda, una duda que ciertamente me llena de consternación y que muchas veces no lleva a respuesta alguna. La duda ha convertido durante siglos y milenios a la filosofía en mera especulación. Y es que los filósofos han perdido mucho tiempo en la duda, en dudar y ya está. Hay que buscar la certeza, dejar de perdernos en laberintos y dar una respuesta inmediata a lo que es. Tanto dudar la filosofía parece haberse alejado de las cosas reales. Por supuesto, estoy generalizando, pero tal cosa no es mi intención, pues sé que la filosofía es muy amplia y no una sola cosa. Al final tendríamos que dudar sólo de nuestras certezas, no obstante.

Y bien, hoy todo el mundo llama filósofo a todo charlatán, a todo aquel que da consejillos. Ese ser no es un filósofo, sino un manual de autoayuda, un libro barato lleno de consignas vacías y expresiones manías. Y es que un filósofo no da consejos, sino que busca respuestas. Busca respuestas razonadas, y no empíricamente, cierto es, pero también se sirve de multitud de disciplinas que si son empíricas. Difícil tarea la del filósofo, entre la certeza y la duda se mueve, y es posible que sea entre las dos donde el filósofo encuentre la verdadera consternación: al nacer tiene la certeza de haber nacido y a la vez la duda de por qué ha tenido que nacer.

Es frustrante tener la certeza de las cosas que son y no saber el por qué éstas son o dudar de si son el realidad como se muestran. Así pues, ¿es la tarea del filósofo una tarea imposible? ¿Tiene entonces algún valor la tarea del filósofo?

Ciertamente tiene valor cuando su pensamiento aporta una sabia y una fuerza nuevas a un grupo concreto de hombres o a una cultura en general, cuando su pensamiento es capaz de mover la materia gris de todo un país y con ello construir un mundo nuevo. También cuando una cosmovisión particular es capaz de hacer más fuerte a personas individuales y luego éstas empujar a todo un grupo de personas con su carisma y personalidad atractivas. En definitiva, el poder de los pensamientos está ahí, parecen irreales, fantasmagóricos, pero su fuerza reside precisamente en ello. Hay que reivindicar la figura del filósofo, porque las armas son siempre más letales cuando van unidas a la virtud de la palabra y del pensamiento. De nada sirve ser el más fuerte, el mejor armado, si ello no va acompañado de valores, de una cosmovisión surgida del pensamiento (un pensamiento surgido a su vez de las cosas que son por sí mismas, de lo que es real sin más) y de los hombres formidables, que en un momento histórico concreto, deben mostrarse consecuentes, incorruptibles e implacables.■