8 de junio de 2012

¿DÓNDE ESTÁN LOS NACIONAL REVOLUCIONARIOS?

Este texto no va dirigido a esos otros
que van de revolucionarios y de rebeldes.


Bien, a vosotros que vais de revolucionaros, respondedme a ¿qué es ser un revolucionario?: ¿Un fetiche? ¿Una moda? ¿Una promesa de futuro que os embarga mientras tanto de esperanza en que llegará algún día una revolución? ¿Vuestro rol? ¿Una tribu urbana? ¿Un estado de ánimo que os hace sentir guays? ¿Hacerle la pelota al sistema? ¿Ser, aunque parezca contradictorio, el sistema, una expresión más del sistema? ¿Ser groseros, desagradables, malhablados? ¿Tener mil tatuajes y ser sólo un tatuado? ¿Presumir y ser un mero adorador de Hitler y de Mussolini cual adolescente que se toca viendo el poster de la última ramera que sale en una revista porno? ¿Ser un nostálgico de los años veinte, treinta y cuarenta del siglo pasado? ¿Ser un tío de izquierdas con la bandera española alzada? ¡Decidme qué es ser tal cosa sin que me haga reír!

La nueva revolución, si ha de venir, la harán hombres y mujeres dispuestos a perderlo todo por nada... o por todo. Y es muy probable que a ella se unan hombres y mujeres que no tengan nada que perder. La harán hombres dispuestos a tomar decisiones valientes y a veces dolorosas, hombres decididos a conseguir aquello por lo que luchan sin piedad, con constancia y tesón. La nueva revolución, si ha de venir, la harán hombres nobles, hombres leales, hombres obedientes a su voluntad, hombres radicales que no dejen lugar a la duda y a sus posibilidades, hombres transparentes, pero sobre todo hombres honrados, hombres incorruptibles, hombres que sean una superación de sí mismos en cada momento, hombres que sepan ser compañeros, hombres que sepan de la unidad y conozcan al enemigo, y una vez conocido éste sepan tratarlo como se merece.

Y entre los nacionalistas, dispuestos a tales sacrificios... ¿dónde? Por lo que afirmo que los revolucionarios no existen y que el futuro se muestra en el mismo plano de existencia revolucionaria, al menos para nosotros (yo y mis iguales), que poco podemos hacer... que vivimos como si no existiéramos. Pocos en número, es escasa la fuerza; escasa la fuerza, es imposible cualquier pretensión. En el futuro atomizado, en el futuro desnacionalizado, ¡nuestro presente!, hemos los individuos vivir lo más consecuentemente con nosotros mismos. La revolución consistirá en resistir a cada golpe que recibamos del sistema, permanecer puros en lo único que nos puede pertenecer: ser nosotros mismos. Quizá gota a gota pueda llenarse un vaso... y ese quizá deja a la vista que también soy un hombre con esperanza, muy a mi pesar, muy a mi pesar...

Y es muy posible que muchos esperen a que se les quite todo para ser revolucionarios de verdad, es decir, de acción. Muchos se harán revolucionarios una vez no tengan nada. Si son necesarios tiempos de escasez, si son necesarios más tiempos malos hasta la maldad para que la gente despierte, que así sea. Y bien, ya peco de esperanza de nuevo, pues pensar en un despertar revolucionario es mucho esperar de algo que no tiene su origen en nuestra propia voluntad, un hombre solo.

Ser nacional revolucionario no es ninguna etiqueta, no es una marca que deba vivir con uno siempre, es algo circunstancial. El final de esa circunstancia será consecuencia del triunfo de la revolución.

Enlaces de interés y de obligada lectura (formación):
- ¿Qué significa Nacional Revolucionario?
- Ernst Niekisch
- Revolución Conservadora

1 de junio de 2012

PARA LA LUCHA NACIONAL, EDUCACIÓN PARA LA LUCHA

VIOLENCIA Y REVOLUCIÓN


«En las escuelas de un Estado nacional habrá de dedicarse más tiempo al ejercicio corporal. No deberá transcurrir un solo día sin que un muchacho no consagre al menos una hora al adiestramiento físico, así de mañana como de tarde, en forma de juegos y de gimnasia. Hay un deporte en particular que no se ha de excluir de ninguna manera: el boxeo. Apenas si es posible creer lo falsas que son las ideas imperantes sobre éste entre las personas «educadas». Suponen tales personas que es natural y honroso para un joven aprender esgrima y batirse en duelo, pero mirar como una grosería el boxeo. ¿Por qué? No existe deporte alguno que estimule tanto como éste el espíritu de ataque; requiere una decisión rápida como el relámpago y templa y agiliza el cuerpo. Y el hecho de que dos jóvenes resuelvan sus disputas trenzándose a puñetazos, no es en modo alguno más grosero que sí lo hicieran empleando al efecto una pulida hoja de acero».

Adolf Hitler, MI LUCHA (Mein Kampf: discurso desde el delirio). Colección «Ave Fénix Histórica» nº16, Barcelona, año 2003. Pág. 142. Traducción de Sandra Schenker.



El fragmento que habéis podido leer al principio es uno de los muchos que me llamaron la atención del libro de Adolfo. Dicen que es un libro aburrido, espeso, pero a mí me divirtió bastante. Léanse "El Capital" de Marx, o hagan el intento, y se adentrarán de lleno en un lugar farragoso, árido y aburrido. Las comparaciones son odiosas, lo sé, y no crean que hago este cotejo y esta crítica a la obra cumbre de Marx por pura animadversión al marxismo y a sus hijos ideológicos, ya que cualquier comunista o socialista marxista con la suficiente objetividad dirá que ese libro es como he dicho: farragoso, árido y aburrido. Sin embargo, el libro de Adolfo es más entretenido. No es que sea una novela de Charles Dickens, pero desde luego se puede leer, se puede leer sin caer en el hastío más absoluto o en el sueño más apacible... o desapacible. No me dan sueño sin embargo muchos libros anarquistas. Recuerdo la lectura hace unos años de 'La Conquista del Pan', del ruso Piotr Kropotkin, que me gustó mucho, o de alguna de Proudhom. Pero ahí quedó la cosa, "me gustó", y punto. Recuerdo que en aquellos años era comunista y había hecho "amistades" con muchos anarquistas: anarquistas que no tenían nada que ver con el anarquismo en realidad, que de anarquismo poco habían leído y que lo eran porque ellos me lo decían y porque se distinguían por sus ropajes de tribu urbana. En aquella época me parecía increíble ver cómo los anarquistas de izquierdas (porque eran de izquierdas, y anarquistas los hay de muchos tipos) odian a muerte a los comunistas. En fin, la historia del anarquismo en España está ahí, así como la historia compartida entre el anarquismo y el marxismo, en la que animo que indaguen y observarán que esa disputa y odio viene de muy lejos; y claro, como esas disputas se van transmitiendo de generación en generación, pues...

Disculpen esta digresión. Empecé con la intención de hablar de una cosa y acabé hablando de otra.

En los colegios no se enseña ningún tipo de disciplina. No se enseña porque primeramente los no comprometidos socialmente son los de arriba, que animan esta situación de decadencia. Los propios docentes, además, no están motivados en muchos casos y no pueden ejercer ninguna autoridad: su labor no puede apenas realizarse (quizá piensen que exagero, pero conozco muchos testimonios personales y no es difícil encontrar noticias que respalden mi argumento). No hablo de volver a la vara y a la mano abierta, sino a volver al respeto por la persona que debe ejercer una autoridad. Y es que a los niños y adolescentes cuando, como a los anarquistas que nunca han leído nada sobre anarquismo, les entra por una oreja la palabra autoridad se ponen como locos, como hienas, y empiezan a llamar a todo el mundo fascista, hasta a la profesora marxista-leninista. Si no hay orden allí donde reina el caos, si un hombre por sí mismo no es capaz de ordenarse, es necesaria una disciplina, una autoridad y a la postre un liderazgo. 

Una buena forma de educar a los jóvenes y a los no tan jóvenes es en la lucha. El entrenamiento duro, los deportes de contacto... fortalecen el espíritu. Un espíritu fuerte darán al individuo, si su voluntad le deja, si con su voluntad es capaz, una mentalidad y una forma física acordes con su espíritu. Y esto debería inculcarse en los colegios, en los institutos, etc. Porque la lucha educa. Y también habría que fomentar el ajedrez, como elemento puro de lucha intelectual, de escenificación de la guerra en un tablero. Porque el guerrero debe ser un buen estratega además de utilizar como un dios sus puños. Una lucha sin cabeza no es propia de un hombre, sino de una alimaña.

Quizá a muchos le parezca violento. Y claro, lo es... ¡lo soy! Pero la violencia y un buen puño han hecho más cosas buenas... y bellas por el mundo que cuatro palabras e ideas melosas que han postrado al individuo en la pusilanimidad, en el hastío, en el burdo pacifismo (que no consiste en buscar la paz, lo cual sería lícito, sino en dejar que te peguen), etc.

Y no se lleven las manos a la cabeza, no se trata de ir por la calle como un matón, no se trata de abusar de nadie, no se trata de dar rienda suelta a la violencia gratuita. Es todo lo contrario, es autodisciplinarse, es ser más fuerte, es tener más control, y todo eso se consigue a voluntad, cultivando el arte de luchar, la lucha física e intelectual. Y la mente intelectual primero, el puño después... porque cuando ya no se puede razonar 'con el otro' hay que golpear.

Y tal como están las cosas es el turno de cualquier cosa menos de hablar. Recortes, prebendas a la banca, paro al alza, etc. Una sociedad bien instruida, bien cultivada y sana, no habría votado lo que votó en las últimas elecciones. ¡Es que no habría dado tiempo a ello! Un pueblo sano no querría votar, sino tener soberanía; un pueblo fuerte no querría libertad, es decir, que se la dieran, sino conquistarla. Sobre todo, un pueblo maduro, un pueblo que ha recibido tales golpes de sus políticos, banqueros, sindicatos... no aguantaría tanto sin hacer nada al respecto. ¿Y aún queréis hablar? ¿Aún no os queréis defender?.■

Enlaces de interés: