19 de octubre de 2012

EL SER UNO MISMO Y LA PSICOLOGÍA DEL FALSO REVOLUCIONARIO

Estoy acostumbrado a ver en las redes sociales, así como en otros lugares de Internet, frases que invitan a las personas a ser ellas mismas. Frases a veces un tanto empalagosas, de autoayuda (empalagosas de por sí) o que adolecen de cierto espíritu adolescente que vive de una rebeldía que no es real, sino un subproducto de las series televisivas, grupos de rock, etc. Dicho espíritu inunda a muchos jóvenes de cierto "espíritu antisocial" que al final no deja de ser una pose que en la práctica se traduce en cierto espíritu autodestructivo: fumar desde temprana edad, cogerse borracheras colosales cada fin de semana, romper mobiliario urbano, sentirse víctima de todo, acostarse con todo el mundo, faltar el respeto a los padres, etc. Y todo bajo el auspicio del todopoderoso concepto 'libertad', que todo el mundo da por hecho que conoce y que sin conocer todos obedecen pues es aquello que te abrirá la puerta de todo: la libertad a veces surge como un fantasma moldeable a las necesidades de cada cual, todos luchan por la libertad porque todos, de alguna forma, ven que todo lo que les rodea atenta contra ellos mismos, aunque realmente no atente nada.

¿Quién en esta democracia no dice que es un luchador por la libertad? La libertad actual es un concepto impuesto por la moral de esclavos, pues a tal libertad se le une una voluntad de lucha característica y esa voluntad obedece siempre a la sensación de que existe alguien más elevado que te oprime, simplemente; es la lucha de siempre del esclavo de quitarse las cadenas, aunque esas hoy sean invisibles. Este concepto de libertad es contrario a un sentido aristocrático, que tiene mayor relación con la soberanía, el autocontrol, la autodisciplina, el autoconocimiento y la responsabilidad, pues se acepta que la libertad es una conquista individual, personal y de nuestra propiedad, una propiedad inalcanzable hasta para el más ávido de los avariciosos y acapadores de voluntades o de cuerpos: podrán someternos, humillarnos, encerrarnos, pero jamás nos tendrán... totalitariamente. El hombre soberano ha sido un problema en todas las épocas, en algunas litigaba mejor, en otras peor, hoy lidia con la masa aborregada, que obedece al dogma impuesto de la democracia moderna, superestructura evolucionada de los logros de la Revolución Francesa, una revolución burguesa. Y entiéndase soberanía como una forma más perfecta de libertad, como una superación de la libertad.

En definitiva, en esta sociedad tan extraña que nos ha tocado vivir siempre nos dicen que vivimos en libertad, pero hasta para ser libres nos dicen cómo hay que serlo, por lo que al final ¿qué libertad puede haber? Porque si uno no puede construirse sus propios principios morales, si uno no puede crear su propia ética, porque los medios te enseñan y determinan a pensar de cierta manera... insisto: ¿qué libertad puede haber? ¿Qué libertad puede hallarse si sólo existe un modelo de ser libre que yo debo acatar o...?

Muchos hombres y mujeres que quieren ser ellos mismos se inundan de un espíritu de superioridad, aunque no lo admitan: se sienten especiales; y se inducen ese espíritu porque quieren ser más de lo que son, algo que sólo pueden ser con el disfraz y no por ellos mismos: es el narcisismo de El elegido, del que se cree señalado para un gran propósito. Al final, esa búsqueda de uno mismo se traduce en un inventarse a uno mismo, y ahí surge la idea del rol de la persona: proyectarse como un personaje en la sociedad, despojado de autenticidad real: como la existencia de un yo después del yo real del que sólo se tiene consciencia del segundo, que ha usurpado el primero. Además, es absurda la búsqueda, pues uno se tiene ya y lo que debe hacer es construirse bajo una perspectiva real de la persona, proyectándose desde el pasado de su estirpe y de su historia (lo que le ha llevado a ser lo que es) para proyectarse hacia el futuro construyendo todo aquello que le haga ser más él mismo: y esto tiene una base real, uno no es lo que quiere ser, sino lo que es si es que quiere ser él mismo por sí mismo. Así que en esta sociedad las personas se convierten al final en subproductos de ellas mismas, en personajes fotocopiados de un molde transmitido por las revistas, la televisión, la música, etc. o 'por lo que le da la gana' o 'porque él/ella lo vale'. Las sombras de Platón se transmiten desde los medios de comunicación.

Hoy ha triunfado el modelo de hombre cosmopolita y tolerante hasta lo indecible. El hombre que defiende valores nacionales, de sangre, de familia, es un hombre anticuado y anacrónico que es tolerado o no pero siempre visto con cierta pena. La idea de progreso ha convencido a la masa de que avanzar es acabar con todos los elementos que en el pasado... ¿el pasado? ¡No! ¡Con todos los elementos que desde siempre han sostenido, amparado y cohesionado una comunidad concreta en un territorio determinado! La humillación que hoy sufren los pueblos europeos es la misma que la de aquellos alemanes pagando "reparaciones de guerra" muy abusivas tras su derrota en la Primer Guerra Mundial, sólo que hoy nadie se da cuenta de tal hecho. No existe una consciencia de invadido, de sometido por un imperio que impone unas normas y unos valores precisos para acabar con nuestra identidad... y nuestra soberanía.

Recapitulando, volvamos a aquellos que van de ellos mismos y que no dejan de ser subproductos. Esto al final no deja de ser resultado de un inducido vacío en las personas, estrategia inteligente para el sostenimiento de las sociedades de consumo, al ser el consumo lo que llena la vida de los individuos. Ese rol que los medios te suministran no deja de ser algo que te obliga a consumir. Por ejemplo, para ser gótico debes gastarte una pasta curiosa en ropa negra, unas botas con detallitos metálicos, una chaqueta de cuero que te llegue hasta los tobillos, etc. No entiendo por qué para disfrutar de algo es necesario disfrazarse. Así surge la tribu urbana: la pose de mantener un rol ha generado sus propias divisiones y elementos que caracterizan a cada cual con unas determinadas señas de pertenencia a.

Volvamos al vacío inducido, a las personas despojadas de una ética y de valores propios: ese es el vacío que existe y que hace de la sociedad actual un lugar informe y enfermo. Lo único que hace feliz a la persona, lo único que le proyecta en la sociedad es el dinero. El dinero ha sustituido los valores y la ética y toda motivación de vivir. Las personas no son más que su cuenta corriente, sus intereses, sus fondos, eso es lo que es la persona hoy. Esclavos del capital hasta lo más profundo de las entrañas, así viven los seres humanos. Casi diría, que la tierra rota bajo el influjo del dinero, sino el mundo no se movería

La persona vacía, que ha olvidado su historia y sus orígenes, se llena con lo primero que ve. Alguien que quiere ser ella misma rinde culto a sus raíces, las riega, pretende que esas raíces lleguen más hondo, a lo más hondo de una patria que no debería tener fin si de verdad se siente.

La persona vacía es manipulable. Lo es tanto como un software de programación. Cada sujeto es una pantalla en blanco donde sólo se ven los menús del programa. Los ingenieros sociales de la modernidad hacen el resto. En la calle sólo observo algoritmos, movimientos mecánicos, nihilismo en su sentido más criminal y destructivo.

Ser identitario no es encontrarse a uno mismo, ni buscarse, es ser simplemente consciente de lo que uno es. A mí me ha costado, yo fui ese adolescente adolecido de rebeldía estúpida, ese que adoptaba un rol, aquel que iba de sí mismo y no era más que un subproducto de la serie juvenil de moda. Ser uno mismo es algo muy serio. Es la mayor de las rebeldías, no es un subproducto, ni un producto, eres tú si quieres. Ni siquiera debes crearlo, lo tienes en ti, sólo debes verte en toda tu desnudez: uno es por sí mismo. Nuestra identidad la llevamos con nosotros, pero este sistema nos la borra de nuestra mente durante la forzada y obligatoria enseñanza de inducción al dogma democrático, a edades muy tempranas, para que en el futuro seamos buenos siervos, personas redirigidas hacia un determinada libertad, pues eso es lo que hoy vivimos, una libertad dirigida. Nos convierten en personas sumamente racionales, en personas enfadas con la naturaleza, siempre de mal humor, sufriendo la contradicción de no saber concebir las contradicciones entre lo que nos dicen los sentidos y los impulsos naturales y ese mundo tan racionalizado que nos han enseñado. Aunque luego eso se soluciona con autocompasión, autoculpa y miles de males pequeños que algún freudiano o estafador de diván iluminado te resolverá, y si no siempre tendrás las rebajas. La democracia moderna, la llamada occidental, ha impuesto un modelo ético y de convivencia. Un modelo universal que hace de las diversidades culturales meros reclamos turísticos siempre y cuando no hablemos de culturas 'étnicamente europoides' (raza más cultura europea, por lo que un chino nacido en España no es étnicamente europeo, por ejemplo), que hay que destruir.

En las sociedades moderas se han generado los mecanismos adecuados para que aquellas personas que realmente se muestren por sí mismas, transparentes, de la forma más consciente posible, sean señaladas y marginadas. Porque en eso consiste la tolerancia democrática, en marginar, en marginar al que piensa diferente. Y si se hace demasiado ruido el sistema recurre a la justicia democrática, que en su cruzada en pos de la libertad te encerrará o multará, o te marginará aún más: pues no lo olvides, sólo hay un modelo de libertad, y es el que dicta el régimen democrático. Ese aún más puede ser el tildarte de nazi o de fascista aunque no lo seas. Y aunque no lo seas me refiero a si realmente no procesas la doctrina nacionalsocialista o fascista. Hoy esos conceptos no tienen valor ideológico a vista de quien lo dice para denunciar, sino que son simplemente palabrotas, palabrotas dirigidas a aquel que desobedece el mantra de lo políticamente correcto. Hoy el concepto fascismo y nazi son una palabrota o una forma de denuncia, no es más. Y yo sé bien que no es eso, pero póngase en la mente de cualquiera que pase por la calle, hable con ella, es posible que se crea un catedrático de historia por haber visto en el cine 'El niño con el pijama de rayas' o cualquier película realizada en Hollywood.

Esta realidad crea una fractura social. Una fractura de ideas, pues ante el miedo y el peligro de la denuncia existe cierto mensaje prohibido que pocos valientes lanzan no sin peligro. Y bajo esta consigna, la de atacar a todo aquel que no se ciña al dogma democrático, nace el antifascista moderno, el luchador todopoderoso por la libertad, que hace de tal forma de vivir su vida y su yo propio (yo soy antifascista, dice este ser), sintiéndose en la tierra como alguien elegido para llevar una misión: acabar con el fascista. Este tipo de ser se convierte en sus muchas vertientes en una persona que dicta el dogma de la tolerancia y de la libertad, es decir, te dicta lo que puede ser tolerado y lo que es ser libre. Si no aceptas lo que te dice tú no puedes ser tolerado, y algunos pensarán que pobrecito que no es libre, aunque otros querrán machacarte por ser tan idiota que no sabes ser libre. Bajo esta forma de pensar se ha generado la forma perfecta de perro callejero que vela por el sistema democrático y que a la vez piensa que lucha contra el sistema o que es antisistema, en su forma más radical; y por otro, en su forma más suave, surge la de aquel psudorevolucionario que hace de la paz una forma de rebeldía y que va a las manifestaciones a que le peguen: un antisistema que no es tal, que es dócil y manejable, y que bajo la represión democrática hará al represaliado sentirse más democrático aún. Una oposición blanda que el estado democrático necesita y que el estado fomenta para no perder de lejos el hecho inducido de la lucha antifascista, hecho que vela por la seguridad de tener convencida a la opinión pública de que siempre existirá algo peor que la democracia y de que hay fascistas por todas partes, y por ello se debe estar siempre alerta.

Pocos hay que son ellos mismos. Pocos hay que luchan por algo realmente revolucionario. Políticos, manifestantes, sindicatos, todos esos grupos que hemos visto interactuar últimamente en realidad sirven a un mismo fin, a un mismo esquema, a unas mismas realidades. No existe una realidad política, no una basada en amigos y enemigos, como diría el gran Carl Schmitt, ni existe a día de hoy una minoría incipiente que se pueda postular en años como una oposición real a lo que ya hay. Lo que se ve en los medios es simplemente el resultado de desacuerdos normales en toda familia o grupo de personas, pues todos obedecen al final a lo mismo: todos ellos son el sistema. Salgamos de él y reventémoslo.■

18 de octubre de 2012

POR LA TOLERANCIA CON LOS HOMOSEXUALES


Este artículo va a contentar a muy pocos, desde luego no voy a hacer amigos y en esta vida no es mi intención ser parte de las mayorías, sino ser yo mismo, yo mismo y mi palabra, yo mismo y mi palabra y mis actos.... y bienvenido el que me siga, algún día seremos legión. Por un lado los homosexuales me llamarán homófobo, y ya saben a dónde les mandaré, y por otro: nazis de salón y de calle, nacional-revolucionarios, identitarios de otra índole, anticuados derechistas del Partido Popular o nostálgicos franquistas, capillitas y otros elementos de la iglesia, islamistas... todos ellos, aunque no todos, más muchos más que no he nombrado, me llamarán maricón, homosexual, culo de pozo, etc. Bien, insultos de esta índole ya he sufrido por parte de algunos anónimos. Me da absolutamente igual, no tengo necesidad de justificar mi sexualidad. Yo, al contrario que muchos, no necesito insultar a nadie para hacerme fuerte. Es más, considero que insultar a alguien de forma tan ruin, lanzando falacias contra las personas o parodiarlas y ridiculizarlas por su sexualidad es una muestra de debilidad por una parte, pero de maldad por otra, de maldad gratuita, que procede de la susodicha debilidad y de una vida privada muy empobrecida, quien sabe por qué motivos.

Pero bien, en ese etcétera se incluyen también los tolerados comunistas. Famosa es la historia de Reinaldo Arenas, un magnífico escritor cubano, represaliado por el estado comunista de Castro.


Y he de subrayar que mi experiencia con conocidos y amigos cubanos guevaristas es la de observar en su ética una homofobia desbordante. Y es que en realidad la homofobia es menos predominante en los movimientos nacionalsocialistas o nacionalrevolucionarios en comparación a. Ernst Röhm fue un homosexual declarado y tolerado, incluso admirado. Y todos los nacional revolucionarios deberíamos hacer tributo a su persona al margen de su homosexualidad. Ningún lobby gay, sin embargo, defiende a este personaje tan audaz en la actualidad. Recomiendo esta lectura, muy celebrada, en su momento, en El Mundo de Daorino:


En dicho texto cabe destacar, pues conviene a este artículo, lo siguiente:

"LOS HOMOSEXUALES FUERON PERSEGUIDOS DURANTE EL CASTRISMO, ASÍ COMO EN OTROS REGÍMENES COMUNISTAS. SIN EMBARGO EN LA ALEMANIA NAZI CABE DESTACARSE TRES CORRIENTES: "La primera abogaba por la aceptación de la homosexualidad y la eliminación del §175, cuya cabeza visible más conocida era Ernst Röhm, jefe de las SA y él mismo homosexual. La segunda corriente sería la representada por Hitler mismo, que personalmente no parecía tener nada en contra de los homosexuales, mientras fueran discretos. Finalmente estaban aquellos que eran profundamente homófobos, entre los que se cuenta Heinrich Himmler, que llegaría a ser jefe de las SS." (Fuente original: AQUÍ)"

Por lo tanto, dentro del nazismo cabe destacar la existencia de cierta pluralidad, como no podía ser de otra forma en un movimiento tan diverso que sólo se concretó con la llegada al poder de Adolf Hitler.

Por lo tanto, aquellos que achacan de homofóbico el nazismo lo hacen por pura ignorancia, pues no lo fue en su totalidad. Es el comunismo y todas las ideologías que confluyen en la idea de lo idéntico, de lo mismo, etc., es decir, de que todo tiene que ser igual, que todos por igual, que sólo una forma de hombre, las ideologías más racistas, homofóbicas, machistas, etc. La supuesta tolerancia de la auténtica izquierda de hoy obedece a otros planes (o a la ignorancia de lo que es la izquierda en el que se dice izquierdista) y paradójicamente hemos de dar gracias a que tal milagro de la tolerancia a la homosexualidad se haya producido, como más abajo explicaré.

En España la homosexualidad siempre ha estado mal vista, sin embargo en los últimas décadas, incluyendo el franquismo, no ha habido una persecución contra ellos, o al menos no ha de entenderse como tal, a pesar de que se hablen de numerosas víctimas. Ha existido una velada tolerancia por un lado y el miedo del homosexual a mostrarse como lo que es, una persona que se siente atraída por los de su mismo sexo, por otro. A tal hecho ha contribuido la Iglesia y la moral ultraconservadora del estado franquista, por supuesto, en un régimen que podríamos calificar de nacionalcatolicismo. Así que bien, es cierto que ha habido víctimas homosexuales producto del franquismo, pero también es cierto que ello no supone una razón para que los homosexuales de hoy se sientan oprimidos o tengan derecho a algo más por la simple razón de que unos homosexuales fueron condenados durante una época. El victimismo homosexual de hoy no tiene sentido y los heterosexuales, avenidos a asegurar el orden natural, no tenemos la culpa de nada ocurrido en el pasado.

Lorca es sin duda el homosexual represaliado por el franquismo más famoso de la historia española. Personalmente siento admiración por su obra, especialmente por su teatro, más que por su poesía. Lorca, en vida, fue uno de los grandes artistas de España y su obra, al margen de la ideología, merece su reconocimiento. Pero bien, todo el mundo habla del Lorca represaliado, pero nadie habla de esos falangistas, de la familia Rosales, que se jugaron el cuello por salvarlo.


Y es que aquí ya entramos de nuevo en la ignorancia de las masas, una ignorancia inducida (todo sea dicho), que desconoce la historia. Y lo mismo que la masa desconoce esta realidad, la masa desconoce la realidad del falangismo antifranquista.





Y es más, me atrevería a decir que el franquismo fue una forma de gobierno antifalangista, sirviéndose de ésta como imagen disfrazada con gorra carlista.

Pero volvamos al asunto de la homosexualidad, y hablemos del milagro de la tolerancia a los homosexuales.

Durante mucho tiempo los homosexuales tuvieron que fingir su sexualidad, llevando vidas heterosexuales, creando familia y existiendo la posibilidad de que dejaran descendencia. La homosexualidad tiene un evidente componente genético (a eso apunta la ciencia), por lo que es transmisible. La tolerancia con la homosexualidad facilita la "salida del armario", una organización distinta de su vida por parte del homosexual, y provoca que la mayoría de los homosexuales dejen de procrear y transmitir una posible descendencia con tendencia a la homosexualidad. La homosexualidad, aun surgiendo de forma natural, no responde al fin último del orden natural de las cosas, que siempre ha de conducir a o concluir en la dación de vida. No obstante existe otro tipo de homosexualidad, una homosexualidad inducida por un ambiente afeminado u homosexualizado. Sin embargo este es muy ínfimo a pesar de los esfuerzos de la ideología de género en hacer creer que la masculinidad y la feminidad son roles que nada tienen que ver con la propia sexualidad de la persona. Así que: animo a todos los identitarios de cualquier índole a que adopten una actitud tolerante con la homosexualidad, a que la acepten en la sociedad de forma natural y como algo natural, y a que confíen en el sabio orden natural de las cosas, que obrará por sí mismo. El homosexual nacido como tal no es culpable de su homosexualidad, merece una existencia digna y todo el respeto siempre y cuando lo merezca, pues no se va a respetar a alguien por el simple hecho de su homosexualidad, que no constituye un mérito. La cultura grecolatina es parcialmente un buen ejemplo de un contexto de tolerancia hacia la homosexualidad. Que digo tolerancia en cuanto que su existencia era consentida, pero que no era en todo caso celebrada como muchos piensan, lastrados mentalmente bajo el influjo del mito de una Grecia o Roma sodomitas; al contrario, en aquellas culturas fuertes la homosexualidad estaba vista como una aberración, pero sin embargo era tolerada. Aquí di un leve esbozo a tal asunto.


Esta tolerancia hacia o normalización para con la homosexualidad que sugiero no significa, por otro lado, asumir todas las reivindicaciones del lobby gay, adherirse a dicho movimiento o hacerse amigo de un montón de homosexuales. Existen elementos inaceptables, como la del matrimonio homosexual, puesto que el matrimonio sólo corresponde a la unión de un hombre con una mujer (hecho que me ahorro aclarar en este espacio). Asimismo no supone equipararse ideológicamente con el marxista cultural, pues nuestra tolerancia no responde a fines perversos, mientras que la de ellos corresponde a unos fines poco claros y siniestros, cuya finalidad es, al fin y al cabo, no acabar con ni erradicar la homosexualidad por la fuerza, como los antiguos comunistas, tan brutos como intolerantes, sino fomentarla y utilizarla como ariete que lanzar contra la sociedad. Pero a su vez, paradójicamente, el marxista cultural sufre de una homofobia oculta, pues precisamente como el marxista cultural fomenta la homosexualidad va acabando con ese estado de cosas que hacía del homosexual un oprimido que no podía mostrarse en el mundo como es, lo que le obligaba a llevar un modo de vida heterosexual, con esposo/a e hijos. Visto así el marxista cultural trabaja activamente para acabar con la homosexualidad. Así que ningún izquierdista tolerante tendrá derecho a llamarnos homofóbicos si adoptamos esta saludable, estratégica y necesaria actitud eugenésica en este mundo tan extraño y decadente que nos ha tocado vivir.■

16 de octubre de 2012

LA GUERRA, LA PAZ Y LA UE

POR UNA EUROPA SOBERANA

Se avecinan tiempos divertidos, tiempos belicosos que deberán pertrecharse de mil y una audacias y astucias humanas para sobrevivir... pues el tiempo puede fenecer para dar lugar a una nueva era. Me tomo la guerra como algo natural, como una inclinación humana hacia la demostración de superioridad, poder y de valentía. No es una frase hecha "la ley del más fuerte", sino una realidad que a muchos que viven enfadados con la naturaleza les genera profundas frustraciones. Muchos no estarán deacuerdo con estas palabras, sobre todo aquellos que suponen de la paz una forma de poner orden o de orden mismo.

La paz, hasta hoy, ha servido para darle todo aquello que reclama a aquel que si usa la fuerza y la violencia: asumir el pacifismo ya te pone bajo la sombra de la inferioridad. El pacifista es como una persona atracada en una esquina que amedrentado por el filo de una navaja es desvalijado por un sinvergüenza. La fuerza, la violencia, la guerra, son elementos insoslayables, y señalaría casi sin equivocarme que son elementos de los cuales las personas de bien han de servirse para defender su propia paz, su propia justicia y mantener firmes los pilares de una sociedad sana, fuerte y duradera. Es que las armas son condición indisoluble para toda cultura, porque aquella cultura que no está dispuesta a la lucha tiene mayores posibilidades de perecer. Toda cultura que haya de morir si ha de hacerlo, y si lo quiere hacer con dignidad, debe hacerlo en el campo de batalla.

Muchos habréis leído esta noticia:
LA UE RECIBE EL NOBEL DE LA PAZ EN EL PEOR MOMENTO DE SU HISTORIA 
- El jurado obvia la penosa situación económica de la eurozona y se justifica en la historia 
- Destaca los logros de la UE para "el avance de la paz y la reconciliación" en Europa, así como el establecimiento de "la democracia y los derechos humanos" desde 1945 
A mi modo de ver es una tomadura de pelo. Y no lo es porque piense que Europa no sea beligerante (lo es si lo mandan sus amos), sino por el hecho de que en realidad es un reconocimiento a la sumisión de Europa tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial. La UE es un Estado de Ocupación del Imperio, es un títere que no representa los intereses de los identitarios europeos.

Una Europa desarmada de valores fuertes, una Europa que acepta la sumisión, está condenada a perecer. Y no lo hará con dignidad, pues pese a milagro, no lo hará en el campo de batalla. Sin embargo, que nadie diga que "nosotros" no luchamos. Y ese nosotros es un nosotros muy concreto, habla de hombres y de mujeres hoy marginados, hoy vistos como la hez y como elementos no gratos para esta sociedad que avanza a su suicidio.■