28 de noviembre de 2012

LO HUMANO EN SU DIMENSIÓN MORAL

La moral de esclavos debe ser superada


La mano del piadoso nos quita siempre honor;
mas nunca ofende al darnos su mano el lidiador.
Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente;
escudo, espada y maza llevar bajo la frente;
porque el valor honrado de todas armas viste:
no sólo para, hiere, y más que aguarda, embiste.
Que la piqueta arruine, y el látigo flagele;
la fragua ablande el hierro, la lima pula y gaste,
y que el buril burile, y que el cincel cincele,
la espada punce y hienda y el gran martillo aplaste. 


Poco importa lo que creas bueno o malo, justo o injusto; poco importa tu moral o la de tu vecino. Sólo importa quien tiene la fuerza para imponer su moral, sólo importa quien tiene la fuerza para imponer su política. Por ello la lucha es una condición indispensable para prevalecer o simplemente sobrevivir. "Humano eres si obedeces al que se impone, bestia si desobedeces", dice el hombre de la superioridad moral, embajador del bien y del mal, el que dice lo que está bien y lo que está mal.

La humanidad es un concepto biológico. No debería ser otra cosa. No obstante se le ha otorgado, mediante particular idealismo, una faceta que tiene que ver con lo moral y por lo tanto ha de asumirse, aunque sólo como concepto... para dilapidarlo. Existen hombres humanos, muy humanos, y otros... inhumanos. Desconozco cómo se concibe la idea de alguien que pueda ser hombre y a la vez inhumano y desconozco cómo de repente los hay humanos e inhumanos. Desde luego existen aquellos que son capaces de concebirlo. Lo conciben mediante una visión que alcanza lo patológico: aquello que no se rige bajo los preceptos morales que yo sigo, que son la bondad absoluta, son elementos más semejantes a las bestias, elementos sin alma, elementos sin ningún tipo de humanidad y todas aquellas cualidades propias de los hombres, humanos enfocados hacia el Bien. Esta idea es en sí misma criminal, pues es más fácil matar a una bestia que a una persona. Cuando se concibe una realidad así las carnicerías sólo necesitan un empujón para generarse.

Las matanzas morales adquieren dimensiones grotescas en la historia, son repugnantemente bellas pues el sinsentido de las acciones criminales esconde algo artístico, por caprichoso, por inmensamente aciago, por inevitable aveces y porque en ocasiones así debe ser, porque así está mandado, al no haber alternativa para dirimir las diferencias. Y no denoten en mi cierto grado de morbosidad o de contumelia infligida, pero es que no dejo de entrever en la tragedia una obra de arte sobre aquel aspecto más oscuro de lo humano, aunque también de lo más luminoso. El hacer del hombre es el arte de la historia, y en ese hacer se ha mascado siempre la tragedia: ¿acaso no es la sangre cayendo a borbotones, el crujir de los huesos y las vísceras desparramadas en el campo de batalla el hilo conductor de nuestra vida y de todo arte? ¿No es acaso todo lo que sea paz, arte aséptico o utopismo una reacción al hilo esencial, una visión poco realista de lo humano? El dramatismo de la historia es una hermosa obra de arte, la mayor obra que en ningún teatro ha podido imitarse, pues tal es su dificultad. El planeta Tierra, escenario de nuestras tropelías, matanzas y hecatombes, también el escenario de héroes, de amoríos y de esperanzas, un planeta perdido en un lugar remoto del universo, dibujando un espantoso espectro, como el hipnotizante zumbido del fuego. ¡La democracia y la corrección políticas han acabado con todo ese hacer de grandes hombres que hacían de sus decisiones, de sus acciones y de las consecuencia de éstas una obra de arte! La política ha perdido todo su colorido, la historia se ha vuelto aburrida, ¡es hora de que surja alguien capaz de ser protagonista de los sucesos, de generar grandes cambios y de agitar el tiempo, alguien capaz de hacer de su vida un arte y de la historia el nuestro! La Gran Política se echa de menos... Y lo echo de menos por ausente, no por nostalgia. Nuestro presente necesita de grandeza, tanta mediocridad harta.

El día que se comprenda de una vez que aquello que llaman inhumanidad, refiriéndose a algo que carece de las cualidades bondadosas del hombre, el día que aquello que llaman inhumanidad sea eliminado semánticamente como una actitud fuera de lo humano, cuando se entienda que es precisamente lo inhumano una enunciación esencialmente humana por excelencia, la moral caerá hecha añicos, como un cristal se hace añicos contra una roca, y por ende todos estarán preparados para entender completamente la dimensión humana de la persona, en un sentido biológico y psicológico, alcanzando la dimensión moral de lo humano, si ha de tenerlo, otro cariz; un cariz más amoral, entendiendo el hacer humano de una forma ajena al bien y al mal.

Y es que no creo en hombres malos ni en hombres buenos, sólo en hombres que actúan según sus preceptos o los de otros, o bajo su capricho: capricho del que luego se sienten culpables, por esa imposición de lo moral y de una sola forma de lo humano. Digamos que creo en hombres que hacen en cualquier momento lo que creen que es lo correcto, o lo necesario, o lo que tenían que hacer. Y es que si moral ha de haber, hemos de tener en cuenta que nuestra moral es nuestra propia conducta, nuestro propio hacer, y entonces la dimensión moral alcanzará su grado originario: el de costumbre. Y entonces la bondad alcanzará otro valor, el de la acción, el de la estética y el de la expresión de lo bello, habiendo ya no hombres encumbrados en la bondad o en la maldad por servir ciertos preceptos o por propio endiosamiento, sino hombres y mujeres naturalmente diferenciados entre el bien y el mal por su propio hacer, por su propia costumbre, y no por imperativo moral.

Así entiendo yo una mirada más allá del bien y del mal, así observo ese laberinto semántico, que tanto enloquece a los hombres, que tantos monstruos internos ha generado, penetrando y corrompiendo la conciencia humana. Así dilapido yo esa concepción de lo moral que tanto daño ha penado, hace y seguirá penando, en pos de mantener a los hombres divididos entre el bien y el mal, una moral que no se genera en el propio hacer humanos, sino que manda al hombre como afrontar su propio hacer.

20 de noviembre de 2012

LA CASPA: CONTRA EL MUNDO FACHA

Tienes que querer quemarte a ti mismo en tu propia llama: 
¡cómo te renovarías si antes no te hubieses convertido en ceniza!
Friedrich NIETZSCHE, Así habló Zaratustra. 
Alianza Editorial, año 1997. BA 0612, Pág. 107. Traducción de Andrés Sánchez Pascual.


Este artículo va a molestar, y os aseguro que no es mi intención. Pero alguien tiene que decirlo, alguien debe decirlo de una vez, porque yo no quiero formar parte de un movimiento marginal, un movimiento que la ciudadanía relacione con estereotipos grotescos, que muchos asumen y visten: ha llegado el momento de hacer un llamamiento 'a muchos' al cambio de imagen y forma de proferir un discurso y por otro lado es hora de reivindicarnos los nacionalistas que no tenemos nada que ver con el mundo ultra o 'facha'. 

El caso es que en la izquierda existe el guarro, una persona de escasez en todos los sentidos, sobre todo en higiene, pero en el mundo nacionalista existe la caspa, el hombre de caspa, un hombre cuya existencia hace del mundo nacionalista algo manchado, algo que la gente normal relaciona con lo hediondo, con la basura, con cierta naturaleza escatológica... ¡y con Torrente! Hablamos de un ser que aunque pueda parecer limpio necesita urgentemente de un tratamiento anticaspa y de una formación. El facha es, en definitiva, el casposo, una antigualla, un hombre del pasado con un mensaje derrotado de por sí, o alguien derrotado y fracasado que no asume la derrota que si acaso vive de cierta gloria pasada hace ya muchísimas década que no nos va a salvar. No hay margen de edad, los hay muy mayores, de mediana edad, jóvenes, más jóvenes aun... Se distinguen mucho por llevar esas correas y esos llaveros con franjas rojigualdas, adorar al toro de Osborne y vender merchandising barato con banderitas de la época franquistas, así como otras trivialidades. Algunos llevan el aguilucho en la solapa. Se dejan barbitas recortadas, algunos un peinado con tanta gomina en la cabeza, que no sé qué pensar; se ponen camisas de botones, pantalones más o menos ceñidos y en algunos casos su mentalidad es capitalista, es decir, nada que ver con algo nacional-revolucionario o, en un terreno histórico, con el fascismo, el nacionalsindicalismo o nacionalsocialismo originario. También suelen ser marginados, pero ya siéndolo al margen de la marginalidad política, es decir, socialmente. Además, existe otro modelo donde predomina el tatuaje en muchos casos, tatuajes muy buenos que alcanzan cierto grado de maestría, pero poco disimulables. Bien, imagino que se los hacen para enseñar, pero actualmente, en un acto político, no creo que un busto de Hitler en el antebrazo llame la atención a un posible militante o votante con cierta conciencia nacionalista y que a su vez tenga conciencia social: más bien lo espantará y echará por tierra todo el trabajo realizado. Quizá no pase nada por tener a uno así, pero cuando todos los cuadros y bases dibujan dicho perfil... Interesante es también la mujer casposa. Esos peinados recortados de media melena y con flequillo a lo Tintín, esos rasurados mediante maquinilla por la nuca y los esfenoides... ni que decir que dan mucho morbo, y algunas son auténticas bellezas. Pero no son siquiera el modelo de feminidad que todo hombre quisiera, es decir, no se trata de una princesa de hadas. Para colmo, su pensamiento no es en muchos casos la de la mujer dispuesta a darlo todo por la posteridad, aunque en otra versión si (y el peinado es distinto), siendo Doña Pilar Primo de Rivera su único modelo, un modelo no recomendable parcialmente para la mujer actual, por retrógrado y asumir cierta inferioridad de la mujer; la propia Pilar dijo: "Anima a tu marido a poner en práctica sus aficiones e intereses y sírvele de apoyo sin ser excesivamente insistente. Si tú tienes alguna afición, intenta no aburrirle hablándole de ésta, ya que los intereses de las mujeres son triviales comparados con los de los hombres." 

Pero estos detalles mencionados no deben de por sí señalar al "casposo", claro que no, tengo camaradas con muchos tatuajes y tienen mi estima, de la misma forma que conozco a chicas con peinados como los descritos sin nada de "casposidad" en su mentalidad. Pero si algo define al casposo de forma determinante es su obsesión con Franco y otros dictadores, por su obsesión por el pasado y la glorificación de dicho pasado, careciendo de toda objetividad histórica o de visión de futuro: "pues lo mejor ya fue", dicen, "el modelo ya está hecho y sólo hay que revivirlo", piensan.

Asimismo, de todo lo que he citado, a excepción de las excepciones, "predomina" la escasa disciplina y voluntad, así como una pésima formación. Por otro lado hay cierta mentalidad de elegido y de sentimiento de superioridad por pensar de forma tan particular.

Y yo me digo que qué culpa tendremos muchos identitarios para soportar la existencia de estos supuestos patriotas en el entorno nacionalista, que mancillan toda noble causa, con su discurso caduco, anacrónico y, en algunos casos, infantil e incoherente. La caspa, sí, la caspa. La caspa de la ultraderecha, esa ultraderecha tan moralmente politizada como la ultraizquierda y toda la política de este país. Son seres que viven como ratas del mundo nacionalista haciendo fila en muchas falanges, en algunos partidos del área y en la iglesia. No me olvido de muchos skins, muchos de ellos son también caspa, y de la peor, pues su pésimo discurso, unido a su estrafalario vestir e inadecuado comportamiento, poco hacen por el nacionalismo en España y en Europa, por la defensa de España y de Europa, favoreciendo que el mensaje inteligente de muchos patriotas quede sumergido en la marginalidad. Y es que el mensaje identitario se hace complicado ante tanta caspa. La gente escucha España o inmigración en un patriota no casposo y ya se piensa en caspa: si defiendes España inmediatamente quien te oye pensará en franquismo, o en alguna falange (de las de '¡Viva Franco!')... si hablas de inmigración pensarán en racismo. ¡Hay que acabar con esa imagen de torrentismo político! ¡Cuánta caspa, Dios mío! ¡Cómo se puede ir por la vida así! ¡Y habrá quien se pregunte todavía por qué el discurso identitario en España vive en un segundo plano, que por qué demonios no nos escuchan! Pues señores, la respuesta está en la caspa, ahí reside el germen que convierte nuestro discurso identitario en una identificación con ese estrafalario y casposo hombre de ultraderecha. Quien tiene un discurso casposo es algo ajeno a la defensa de la identidad, o al menos a la lucha identitaria según nos atañe, pues éstos defienden la identidad de un régimen pasado, pero no el presente de los hombres y mujeres europeos de hoy. En definitiva, nosotros los identitarios somos incompatibles con la caspa, otra cosa es que haya quien nos relacione con ella o quien se identifique con lo identitario. Nosotros no somos la ultraderecha.

Calificarse de fascista es hoy un error. Lo es porque no se puede ser tal cosa, y si se es, pues como el que dice que es "carlista", un "piquero en Flandes", antifranquista o un romano en el Vesubio. El fascismo murió en 1945. Lo que seamos es y debe ser otra cosa bien distinta. Porque distinto fue lo que vino después de 1945; aunque siga la misma 'línea de sangre'. Pueden (y podemos) ser herederos del fascismo, pero no se le puede llamar fascismo a lo que vino tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial: en todo caso el tiempo del fascismo pasó, lo mismo que el tiempo para los "comunismos". Y es que no puede ser fascismo de ninguna forma, como no lo pueden ser los precursores del fascismo o del nazismo, que ni fueron fascistas ni nazis. El propio Marx no era marxista, sino Karl Marx. No obstante, muchos se autodefinen como fascistas, participando de un anacronismo, haciendo presente un pasado que ya fue. Los nacionalistas e identitarios deben ser partícipes de una nueva era, no levantadores de cadáveres. Y es que si por algo debe caracterizarse el identitarismo es por su versatilidad, su adaptación a los tiempos para mantener esa línea histórica de conexión siempre limpia y pura, pero en cada momento en su momento. Muchos falangistas o nacionalistas de otra índole tienen el mismo discurso de Franco. Su consigna no es avanzar, crear algo nuevo, sino volver al régimen franquista, revivirlo. Otros piensan en el Imperio español, y todo funciona de la misma forma como he relatado en cuanto al franquismo. Nosotros, identitarios del hoy para el mañana, debemos suponer una ruptura con todas las épocas, somos lo nuevo, somos ese movimiento que desde la nada forjarán una nueva era. Ahora somos nosotros la acción, ahora somos nosotros los dueños de nuestro destino, ahora seremos nosotros los héroes.

Insistiendo en lo mismo: existe un sector de la ultraderecha que para mí es arqueología política, cuya mentalidad es equivalente al republicano de izquierdas clásico que conocemos: anclados en lo pretérito, en la nostalgia, empeñados en revivir siempre el pasado (en lugar de meditarlo, trabajarlo intelectual e históricamente y superarlo), han perdido toda capacidad para construir el futuro. Mientras muchos identitarios pensamos en el presente y nos alzamos hacia el futuro como una flecha de fuego, hay quienes se empeñan en mantener el mundo en 1939 y fomentar esa imagen del mundo nacionalista para la actualidad, relativamente falsa por otro lado, de "facha", "patriotera", "franquista", "machista", "homofóbica", "racista", "ultracatólica", etc. Imagen que es toda una falsificación histórica por parte de quienes ya sabemos en algunos elementos citados pero que HOY se empeñan en fomentar ese skin, o ese falangista, o ese ultraderechista... Si, se empeñan en fomentarlo, por ello es más que necesario que EL MUNDO EN DEFENSA DE LA IDENTIDAD se desligue definitivamente de ese podrido submundo que conocemos como área y otros submundos que han proliferado en el nacionalismo español, donde predomina la caspa. Hay que generar unas bases distintas, con un pensamiento en defensa de lo propio, pero que incidan hacia delante, hacia el futuro, y desde el presente, siendo el pasado un ejemplo histórico que deberá servir de inspiración si cabe. Debe hacerse con nuevas bases, con nuevos cuadros, con gente normal que no pierda credibilidad con sólo una mirada. Gente de bien, gente no etiquetada, gente presentable en cualquier acto sin discursos camicaces, infantiles o llenos de consignas absurdas. 

Esto no me convierte en antifascista. Que nadie se equivoque. Yo no condeno los sucesos histórico. Como amante de la historia es mi responsabilidad ayudar a que se conozca la verdad del fascismo y del nacionalsocialismo, también del nacionalsindicalismo. Pero como amante de la historia quisiera no tener que contarla y ser parte de la misma, es decir, que la historia me contara a mí, ¡que la historia nos contara! De esta forma, si fracasamos seríamos inspiración para el futuro (que digo inspiración, que no lo mismo, de la misma forma que sobre el fascismo... inspiración, lo que no nos obliga a ser lo mismo). Y para ello olvidémonos de la caspa, dejemos que se recreen en toda su marginalidad, que nos favorece. Alcemos bien alto el discurso social y nacional, sin nostalgias ni odios, donde la auténtica lucha anticapitalista (contra el marxismo y el liberalismo) sean nuestra punta de lanza. 


¡No somos fascistas, ni nazis, ni nacional sindicalistas, sino parte del movimiento social! Pero dentro del movimiento nos situamos y debemos presentarnos por encima de ultras y de toda moral política (izquierda y derecha), como una ruptura radical con todo lo avenido hasta ahora, como un golpe revolucionario letal.■

16 de noviembre de 2012

CONSTRUYENDO LO NUEVO: ROMPER CON EL PASADO


Hoy todo parece inventado. Parece que todo lo que puede hacer el hombre ya ha sido hecho antes, o al menos soñado (y quién dice que los hombres del presente no somos el sueño cumplido de nuestros ancestros en algunos aspectos). La originalidad, lo nuevo, parece imposible: el hoy es un reflejo del pasado, no hacemos otra cosa que repetirnos, aunque, por supuesto, cada época con su particularidad. Cambian los formatos, según los tiempos una idea que no es nada nueva adquiere una presencia diferente. Los coches de los años veinte no son nada en comparación con los coches de hoy, pero en cuanto coches siguen cumpliendo la misma función y participan de una misma idea: la de 'coche'. Así que cómo crear una idea nueva, cómo hacer surgir algo de la nada o descubrir algo nuevo. Matiz nada pequeño el de 'crear' o 'descubrir'. Quien crea descubre algo, quien descubre no crea, sino que se ve con algo creado. Sin embargo, quien 'desarrolla' ni crea ni descubre; o quizá si descubra, y no poco: descubre un horizonte cada vez mayor de una idea concreta, hace que la idea de coche, por ejemplo, adquiera una dimensión mayor.

Buscando en el pasado nos sumergimos en el cementerio que es la historia. Todos los hombres y mujeres están enterrados en él. Del pasado recogemos algunos frutos, de nuestros abuelos, bisabuelos, tatarabuelos... todos ellos nos han dejado un gran legado. Un legado universal puesto que cualquier persona del mundo puede tener acceso a ese legado histórico y aprender de él, de esa obra forjada por generaciones y generaciones pretéritas. En ese legado hay quienes figuran con letras doradas, y otras personas no aparecen. Se me agolpan en la cabeza historias de hombres y de mujeres anónimos, amontonados en cunetas, apuñalados en un campo de batalla o desollados en algún lugar de la América 'virgen'... personas que parecen no haber tenido una sepultura digna en la historia. Quizá, ganarse la eternidad significa obligar a la historia a que te haga un hueco; es decir, ganarse un nicho en el que perecer y todos te recuerden. Si la historia te recuerda todo hombre lo hará, la historia es nuestra memoria universal. Obviamente, la eternidad, bajo mi concepción, es algo más amplio, pero no corresponde aquí desarrollar tal concepción.

La historia, como reflejo del pasado, debería ser un lugar para visitar y del que aprender. No hay que renegar del pasado, no hay que condenar la historia, no hay necesidad de ninguna culpabilidad. Pero tampoco existe la obligación de hacer pagar deudas en el presente o seguir al pie de la letra el camino de nuestros ancestros. Porque de algo estoy seguro, el pasado puede ser una inspiración, un ejemplo, pero nunca la salvación o la solución de nuestros problemas.

Como heredero de todo un legado histórico he de decir que no me siento en la obligación de ser cómo mi padre o cómo mi madre. Mi padre se llama fascismo, o nacionalsocialismo, o nacionalsindicalismo, qué más da; todo aquello que participe de la idea de identidad, del reclamo nacionalista del derecho y obligación de un pueblo a su determinación y soberanía, forman parte de mí y de ello me siento heredero, aunque no de todos (esto daría para un sin fin de matizaciones). Pero tal hecho no me convierte en un fascista, o en un nacionalsocialista, o en un falangista, y tal rechazo a la conversión, no obstante, no ha de interpretarse como un rechazo al pasado o no rendir tributo a mis ancestros y héroes. La historia, como cementerio, ha de tener un lugar donde poner flores a nuestro héroes, inspiradores para los tiempos del presente. Pero ese tributo no debe suponer la praxis de todo hombre actual, no debe constituir el modo en el cual nos forjamos y nos damos forma. Los cementerios, como lugares de paz, están para que los muertos descansen tranquilos; ellos libraron sus batallas, hoy nos toca librar las propias... por y para nosotros. Tenemos el derecho y la obligación de ser nosotros mismos, de crear en el sentido estricto de la palabra, de reinventarnos como hombres. No quiero ser un mero reflejo.

Es difícil expresar lo que quiero decir y sin duda caeré en más de una contradicción: no olvidar el pasado, pero a la vez no revivirlo, no hacerlo presente; no identificarnos con los símbolos del pasado y tener la voluntad de escribir nosotros nuestro propio tiempo, construir nuestros propios símbolos...; identificarnos con el futuro en cuanto nosotros lo escribimos, con el devenir, con el poderoso destino de nuestras grandes ideas; ser dueños de nuestra época y no depender del legado de nuestros 'padres'... Porque aunque nuestros padres fueron lo nuevo, fueron lo revolucionario... algunos parece que no saben ser otra cosa distinta que nuestros padres. Hay que independizarse del pasado, como hicieron ellos de su pasado.

No seamos víctimas de la historia, o, lo que es peor, de la nostalgia. Clément Rosset me enseñó que ésta es la esperanza pero al revés, o a la inversa. Y así es. Pero la nostalgia, esa mirada con esperanza al pasado, tiene una curiosa particularidad: mientras del futuro puede esperarse algo, por malo que sea, el pasado ha dado de sí, ha dado ya todo lo que tenía que dar. La nostalgia supone la absurdidad de la espera o la necesidad de mantener los cadáveres del pasado presentes... en un congelador.

Y no confundamos lo viejo con lo nuevo ni lo nuevo con lo viejo. Aquello que parece muy viejo a veces puede ser tan actual como el mismísimo instante fugaz del presente. Existen elementos que siempre son lo nuevo, que o bien nunca han perecido o una vez perecidos viven para siempre: no se puede romper con ello, no forman parte del tiempo, son todas las épocas, todas las dimensiones... Existen elementos atemporales, que no son medibles en el tiempo, elementos que trascienden toda comprensión humana y que por su naturaleza trascienden lo propiamente humano: estos elementos viven ya por sí mismos, no necesita de ningún esfuerzo humano por ser recordados, revividos o invocados como siempre presentes. Esa eternidad es a la que aspiramos, esa eternidad es la que queremos otorgar como herencia para nuestros hijos. El sino de nuestro movimiento debe aspirar, por lo tanto, a lo siempre presente, a algo que trascienda del propio tiempo, un movimiento tan instaurado en el orden natural de las cosas, que para su comprensión no sea necesaria la imposición, sino la práctica de la vida. Esta percepción no tiene nada que ver con algo físico, no se trata de mantener los cadáveres frescos. No es un culto tampoco a los sujetos, sino a lo volitivo, a lo 'predicado', a la acción. Nuestra acción debe tener su eco en la eternidad, como diría un romano.

Romper con el pasado no significa olvidarlo, sino no vivir sumido en la derrota, en la gloria pasada, en la nostalgia o en peleas estériles; no mantener vivos a nuestros muertos como si fueran zombies. Nuestro espíritu debe ser el del montañero que nunca retrocede, la de aquel que es capaz incluso de morir por alcanzar una cima. Ningún paso atrás, que sea todo nuestro sino un avanzar. Sentimiento trágico el nuestro, cierto, ingrediente perfecto para nuestro heroísmo, heroísmo que no elegimos, sino que forma parte de nuestra forma de ser, que es nuestra vida y que aún así disfrutamos.■

9 de noviembre de 2012

LA MISOGINIA

con todos mis respetos *


El mundo del lenguaje me fascina, concretamente su semántica. El significado de las palabras, su origen, su mutación en 'lenguas' que tergiversan, se inventan o ensucian un significado real, entendiéndose como real  el yacimiento etimológico del que procede y desde el cual la palabra crece, me parecen dignos de análisis y mayor atención. Pero que una palabra mute, que se transforme en otra cosa, o pierda su significado, parece obra o producto de alguien que no sabe distinguir los perros de los gatos o una flor de un árbol; o una clara intención de transformar la realidad a capricho mediante el lenguaje para unos fines concretos. En la obra de Orwell 1984 existe un claro ejemplo, con el neologismo neolengua, que describe el desarrollo de mutación y tergiversación de la verdad enunciada en el significado de los diversos significantes. 

En CIN hemos profundizado mucho sobre las formas de racismo existente, insistiendo si cabe en el racismo antiblanco, pues es de una gran preocupación el hecho de que no se reconozca su existencia, que se la minimice o incluso se celebre que por fin los blancos sean oprimidos incluso en su propio territorio, pues tal es el resentimiento de muchos. Y es que nosotros aquí somos incansables denunciantes de toda forma de racismo -en su sentido hoy impuesto y mutado de "odio racial"-, no como ciertos personajillos en los despachos de sus ONGs, agencias de racismo antiblanco en muchos casos. 

Pues bien, de la misma forma que racismo parece una palabra en clave de antiblanco, es decir, una adjetivación utilizada por ciertas personas para desacreditar e injuriar a aquellas otras personas que denuncian a otros grupos raciales o étnicos que cometen tropelías y excesos contra la minoría mundial blanca por el simple hecho de ser blancos (o simplemente por ser blanco, denuncies algo o no), misógino o machismo (que no significan literalmente lo mismo pero se complementan), concibiendo esto como odio a o sentimiento de superioridad respecto a las mujeres, parece una palabra en clave de antivirilidad, antivaronilidad o antimasculinidad, y afirmaría que es una palabra en clave de que si no defiendes el feminismo, si no defiendes el hecho de que las mujeres por ser mujeres deben tener trato de favor o preferencias o ayudas y todo lo demás, si no reconoces el histórico y supuesto sojuzgamiento sufrido por la mujer ejercido por el hombre, eres un misógino y un machista que no defiende la igualdad entre sexos (o ya lo eres por ser hombre, defiendas o no tal cosa, pues por el hecho de serlo ya estás bajo sospecha: COMO MÍNIMO YA DEBES SENTIRTE CULPABLE).Por supuesto entre sexos es imposible que exista igualdad, pero entiendo una igualdad de derechos, siempre al margen de la sexualidad, pues ésta no supone ningún mérito, puesto que no es opción de la persona (sino objeto de asimilación natural), ni supone elemento para ejercer una discriminación, pues la diferenciación natural existente entre hombres y mujeres dictará qué dones del hombre o de la mujer prevalecerán según la función a desempeñar. 

Podríamos concluir que hoy misoginia es una palabra culta representándose en ella la forma de machismo más radical. Porque misoginia es machismo pero más, o al menos, a más suena. Esta sociedad generada mediante los mass media de propaganda masiva ha fabricado una conciencia feminista, lo mismo que una conciencia cosmopolita y de suicidio colectivo del hombre blanco, una conciencia que deriva a odiar o ridiculizar todo lo viril, todo lo masculino, al hombre en definitiva por ser lo que es. De la misma forma que el hombre y la mujer blancos deben pagar hoy una deuda histórica (deuda inexistente) por la que deben sentir una gran culpabilidad, los hombres han de hacer lo propio por ser hombres. Y lo mismo que las mujeres, auténticas privilegiadas del sistema económico liberal junto con los inmigrantes, se sienten doblemente oprimidas por ser mujeres y trabajadoras, quejándose por nada (o no por algo que no le ocurra al hombre igualmente, como es la injusticia laboral, el paro, etc.), generándose una conciencia de opresión inducida por el marxismo cultural -de génesis moderna-, el hombre blanco si debería sentirse diversamente oprimido, pero esta vez de verdad, por la propia propaganda feminista -inductora de divisiones y de peleas que sólo benefician "a los de siempre"-, obligándole a aguantar a mujeres cada vez más insoportables -lamento tener que generalizar-, y siendo coaccionado a sentir una forma de culpabilidad original por el hecho de ser hombre, masculino y viril, elementos que caracterizan al macho y que tanto han humillado a la mujer (o eso dicen) durante toda la historia del hombre (y ahora a nosotros, hombres del siglo XXI nos va a tocar pagar, ¡qué mala suerte!)... y claro, también debe ser una víctima oprimida por ser trabajador. Ya que nos ponemos, pobrecitos somos todos, no sólo la mujer. 

No es mi intención generar una conciencia de oprimido, pues no soy un marxista. No es mi intención participar del "llantismo", forma de expresión del carente de voluntad. Ni fomentar una forma de victimismo, que es el fingimiento de una injusticia. Mi intención es clara: mostrar que de la misma forma que racismo es una palabra en clave de antiblanco, contra el hombre blanco por ser blanco, no porque sea racista; misógino o machista es una palabra en clave de antimasculinidad, antihombre, antivarón... contra el hombre por ser hombre, porque éste en algunos casos no obedece el dogma feminista.■ 
  

3 de noviembre de 2012

EL REVOLUCIONARIO IMPOSIBLE


Nuestra revolución debe ser la de la vida, la de un sí a la vida. Nuestra revolución debe ser la de la alegría, pues alegres debemos ir por el mundo, insultantemente alegres, incluso en el paredón... si a tal extremo llegamos. Nuestra revolución debe ser la de la lucha, pues mediante ella nos expresamos vitales y alegres; y mediante ella alzamos un camino que nos llevará a la consecución de nuestros ideales... y estado ideal de cosas. Sin piedad, sin temores, somos la superación a la muerte... la muerte no existe como un no a la vida, sino como un lugar dentro de la vida, es nuestra eternidad: la superación de la propia muerte y... de la propia vida.

Nuestro mayor valor reside en la acción, no nos fijamos en la palabra, sino en el ejemplo. Por ello, nosotros, los revolucionarios, debemos ser ejemplares: que la palabra vaya siempre acompañada de una acción. Ejemplares para los niños, ejemplares para los adolescentes, ejemplares para todo nuestro pueblo. Por ello la revolución empieza por uno mismo; quizá sea la hora de renunciar a un montón de cosas, a cambio nada o muy poco, pero nosotros no esperamos nada. ¿Para qué esperar, no somos acaso hombres y mujeres de acción?

Queremos al enemigo, sólo a cierto enemigo, porque nos entretiene y nos hace ver cuánto valemos: sobretodo le queremos por costumbre, por inevitable. Le rondamos, ansiamos que se mida con nosotros. Cuanto más decente mejor: un enemigo formidable hace dulce la victoria, pero digna la derrota. Así que despreciar al enemigo pequeño, ansiar al enemigo fuerte y erguido. Y que aquí la palabra desprecio adquiera dimensiones superlativas. Que nuestro respeto sea ganado con sangre, que el ganado por nosotros sea igualmente sangriento... pero sobre todo merecido.

El socialismo no es una opción. No lo es si eres nacionalista. Si realmente lo eres... con la acción demostrarás ser socialista, porque de lo social harás tu preocupación, es decir, de tu pueblo harás tu misión y de él harás tu lucha hasta el final. Pero lo social no es todo, lo social es sólo tu comunidad, la comunidad de tus iguales, de aquellos que se asemejan a ti por dentro y por fuera. La comunidad es sangre y espíritu: ambas se contienen mutuamente, ambas conforman lo que somos. Y es que ser nacionalista es amar lo propio. Y no es odiar lo ajeno, sino respetarlo, pero respetarlo mediante el pathos de la distancia, entendido este pathos en todo su sentido aristocrático, hiriente para el hombre actual. Por supuesto, nuestro amor debe ser celoso, no debemos amar otra cosa que no sea a nosotros mismos y aquello que nos haga ser más nosotros mismos. Nuestro amor no es gratuito, no es universal, nuestro amor nos protege de los enemigos... no se puede mezclar, nos ha de mantener enérgicos y puros.

Y somos hombres y mujeres de acción. No nos gusta esperar, no nos gusta esperar con esperanza. Repudiamos la esperanza, es la antítesis de la voluntad. Nuestra voluntad es nuestro ego, nuestro ser, lo volitivo nuestra expresión en el mundo. Somos pasado, presente y futuro, somos un devenir que viene de todos los espacios temporales, una corriente difícil de imaginar... ¡pero imparable!

Nuestro orgullo no es presunción, nuestro amor es amor propio y autoconocimiento de nosotros mismos: mal se quiere aquel que se sobrevalora o se infravalora. Por ello detestamos al humilde, sobre todo si es falsamente humilde, pues quien presume de humildad pretende ser un hombre distinguido, un penoso hombre distinguido. Sea este un modelo de hombre despreciable para nosotros, no menos el que se vanagloria de la imagen engrandada de sí mismo.

Y nosotros nuestros iguales, nosotros los hombres y mujeres de un mismo pueblo, con una misma misión y con una misma lucha... necesitamos nuestros héroes y nuestra jerarquía. Tanta comodidad ha aburguesado los sentidos y los instintos de lucha. Repudiemos el igualitarismo... ¡que nadie te confunda con el otro! No hagas del dinero, de los objetos, de lo superficial, del mercado... el fin de todas cosas, sino haz de ti el fin de todas las cosas y de todo lo demás un medio.

No perdamos el empeño. Nuestra fuerza no perecerá jamás. De las cenizas surge siempre el pájaro más bello, el ser de luz por excelencia, aquel que renace, que es un desgarro de la muerte... El fénix es nuestro sino. Hoy parece que todo juega contra nosotros, que el mundo nos aplasta, que las injusticias nos persiguen, que la vida se ha convertido en un laberinto sin salida en el que no existe el futuro. La vida parece habernos convertido en mera existencia parecida a la de una roca, un lugar en el que la vida está parada. Pensemos en el fénix, pensemos en nuestras alas de fuego, pero antes pensemos en quemarnos... en consumirnos... para resurgir en toda nuestra gloria.■