20 de enero de 2013

EL PACIFISMO COMO ARMA PARA SOMETERNOS


Uno echa un vistazo por Internet y encuentra más reacción contra el pacifismo 
en blogs o artículos de autodefinidos como izquierdistas que en lugares calificados como
 la derecha o la extrema derecha. Eso sí, muchos señalan al liberalismo como origen,
siendo el pacifismo una especie de esencia burguesa, aunque otros al 
inexistente fascismo para justificarse... ¡para luchar contra el capitalismo!, jajaja.... 
Eso sí, en todas los medios los violentos son siempre los mismos. 

Existen aquellos que luchan y aquellos que se dejan pegar. Yo soy de los que luchan, y los que dirimen sus diferencias según las presente mi rival, ya sea en un terreno verbal o en uno extraverbal. Me da igual que sea más fuerte que yo, me importa bien poco recibir una paliza o no: lo inadmisible es tener una actitud cobarde, correr ante el peligro. No hay que dejar que te machaquen, dar siempre un paso adelante, mostrar predisposición a la lucha puede ser ya algo disuasorio. Si te muelen que el otro se vaya igual de desmenuzado, puede que con la victoria, pero no de rositas. Para muchos una actitud así supone un escándalo. Una actitud así, que es calificada de violenta, y lo es, no es mi intención engañar a nadie. Una actitud que por otro lado no quiere decir 'ir por la calle buscando bronca'. No, no es eso.

Pero la respuesta ante esta actitud de lucha no es menos violenta en el que dice ser pacifista: la violencia adquiere ciertos niveles de expresión, de los cuales muchos no tienen por qué ser de contacto físico. El pacifista, que no se quiere manchar las manos como buen aburguesado –aunque sea su mentalidad, me da igual lo lleno o no que tenga el bolsillo-, que a veces se muestra –o así cree- rebelde ante el sistema, de repente se convierte en un admirador de la ley y te echa encima todo el peso de la legalidad vigente. El pacifismo se impone. Lo impone el estado bajo su propio esquema, mediante la religión y una moralidad que rechaza la lucha y el dolor, es decir, la naturaleza en la parte que corresponde a esos elementos. Si la legalidad, la religión y cierta moral no son suficientemente pacificadores, existe la presión social o los perros de presa del sistema, que no dudarán en llegar allí donde la ley no puede actuar para no caer en contradicción: todo ataque violento venido de esa parte no es un ataque, sino una defensa de la democracia; y de repente, aunque suene contradictorio (el doblepensar es propio del progre), queda justificada si se aplica ante “esos animales”. Porque no se confundan, eso no es violencia, eso es aplicar el pacifismo.

El pacifismo no se impone por capricho, el estado y todas esas organizaciones que quieren castrar a Europa de su potencia lo hacen para aplicar su fuerza y su ley con sencillez. ¿No es para el estado más cómodo tener a miles de personas en una plaza sabiendo que éstas no van a defenderse por prejuicios de bondad estúpida y superioridad moral postcristiana que a miles de tíos dispuestos a luchar por su libertad, por lo que les pertenece, por lo que les ha sido arrebatado? Así pues, ahí lo tenéis, el pacifismo como concepto armado para dominarnos, para seguridad del poder constituido. Sé que muchas veces se va todo de las manos -o así parece, aunque no descartemos que sea todo una apariencia en ocasiones- , y surgen aguerridos chicos y chicas con ganas de bronca. Pero esto es luego utilizado por el aparato estatal para justificar su acción en favor de la paz en la calle, y muchas personas ven en ello una pérdida de legitimidad en la protesta, escandalizándose y echándose las manos a la cabeza. El pacifismo se impone. 

Con la imposición del pacifismo el estado se asegura que no haya ninguna insurrección en el pueblo que dice representar. La violencia como medio está mal vista gracias a todo ese esfuerzo. Desde las instituciones religiosas y políticas, se clama por ese amor al pacifismo, es decir, a la rendición. El poner la otra mejilla se hace ley. Pero se impone para el pueblo, el estado tiene su aparato represor. Si te pones violento o un poco chulo te pacificarán. Porque eso es lo que hace todo estado democrático en el extranjero o en cualquier otro lugar: imponer la paz. El lenguaje, como en todo, juega un papel crucial.

En los colegios, donde se enseñan multitud de cosas inútiles, no hay lugar para la lucha, que debería ser un elemento indispensable en la formación de toda persona, como las matemáticas, el lenguaje, la naturaleza... Al sistema no le interesa educar a los jóvenes en la defensa y el ataque personal, ni les educan en amar aquello que les hace ser lo que son. Los hombres blancos, ante el racismo que padecemos de forma creciente, ya sea en su forma institucional o al margen de éstas, no tenemos más remedio que educar a nuestros jóvenes en el combate. Que los padres instruyan a sus hijos e hijas en artes marciales o en el boxeo, y que no teman si reciben algún puñetazo o se lastiman, eso les hará más fuertes, porque la piedad no nos va a salvar. Los deportes de contacto o las artes marciales, al contrario de lo que muchos piensan, no hace violenta a la persona; es decir, no es que no la haga potencialmente violenta, sino que dosifica a la persona: da control de sí al individuo, le da una seguridad personal; en definitiva, le hace más dueño de sí mismo, al tener un conocimiento de y una destreza con su cuerpo que no puede dar ninguna educación de tipo pupitre. Por supuesto, aquí la palabra educación debe adquirir su dimensión plena, pues no se trata de instruir para pegar gratuitamente, no se trata de crear soldados (antítesis del guerrero, que no lucha por dinero), sino instruir para la lucha con una filosofía. En esa educación es primordial formar en la idea de que la violencia es siempre el último recurso, porque repito, nada de violencia gratuita, aunque siempre dispuestos a ella si se hace necesaria. No somos matones, ni pandilleros, ni una mafia, y no queremos eso para las generaciones futuras: lo que si queremos es que tengan las armas adecuadas para protegerse y luchar, y que su primera arma sean ellos mismos. Y se debe instruir en no abusar del débil, pero si en hacerle más fuerte. Pero el débil no debe abusar con sus artimañas del fuerte, si el fuerte carece de las destrezas propias de la perspicacia, la oratoria o la astucia. Se debe cultivar la nobleza, y más entre iguales (que no idénticos). En este contexto la fuerza y la debilidad adquieren una dimensión puramente física, pues objetivamente la fuerza no es sólo física, ni es lo determinante.

Otros pensarán que este artículo está construido sobre la base de un error, como si se dijera que la sociedad es pacífica. Sin duda no lo es en varios aspectos, y muchos pensarán en videojuegos, películas, series de televisión y otros elementos relacionados con la violencia. Pero todo ello contribuye a focalizar la violencia propia de las personas en elementos que no sean el poder. Es una forma del establishment para focalizar toda esa rabia que el individuo posee en su interior. Para dicho fin también existe la pornografía, para focalizar muchas frustraciones. Y a la hora de la verdad, el pacifismo está impuesto, pues hoy el pacifismo, es decir, la rendición, supone un aire de modernidad, aunque de moderno tenga “la forma de dominar a las masas”. Además, la violencia existente, generada o magnificada ayuda a potenciar el pacifismo, pues es la forma de controlar mediante el terror, mediante el miedo.

El pacifismo es en muchos casos una respuesta ante su debilidad personal, y en otros es su escudo para poder dar rienda suelta a su volitiva inclinación a pacificar.

Hoy más que nunca, que nos teman. Quien nos ame es de los nuestros… o un enemigo formidable. Que cada uno de los nuestros sea una pavorosa individualidad, tanto física como mental: que su espíritu esté dedicado para la gloria.■

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12 de enero de 2013

CULPABLES PARA SIEMPRE

ESCENA DE LOS JUICIOS DE NUREMBERG, ALLÁ POR 1945
Sesenta y ocho años después el nazismo y el fascismo siguen siendo culpables de todo. En España, casi 35 años después de la constitución, todo sigue siendo culpa del franquismo. La democracia siempre es inocente, la democracia nunca acomete nada. ¿Cómo van a ser los fascistas y los nazis los represores si quienes gobiernan son los marxistas culturales por un lado y los liberales por otro, ambos aunados bajo el concepto de su democracia, que domina y legisla de la mano del capital y sistema plutocrático, que patrocina y beneficia a las instituciones democráticas, donde se devuelven a la perfección, por ser sumamente sencillas de corromper y de manipular? ¿Cómo iba a ser el franquismo culpable de todo si en España se basan las cosas bajo una monarquía parlamentaria desde hace casi 35 años? ¿Cómo puede ser que los derrotados de la Segunda Guerra Mundial y un cadáver sigan siendo culpables de todo?

Muchos dirán que la culpa de que no haya democracia hoy son el estado plutocrático y las oligarquías dominantes. Dirán que es por culpa de la naturaleza humana. Y claro, ¿de quién iba a ser si no? Pero supongamos que la democracia es perfecta y que la culpa de que no se lleve a cabo es de la naturaleza humana, siempre fácil de corromper, de sobornar, de… ¿Cómo haríamos los hombres para instalar un sistema democrático en el que se prescindiera de la naturaleza humana, que hace imposible toda democracia? Una vida sin hombres haría imposible toda proeza humana, pero con ellos todo sistema democrático no tiene objeto… La pregunta anterior debe ser tomada muy en serio, porque si la naturaleza humana hace imposible cualquier empresa de cierto calado utópico, bien haríamos en construir algo que encauzara esa naturaleza humana de otra forma. No obstante, tal naturaleza no es sólo algo proyectado hacia lo peor, no, lo humano es una dimensión mucho mayor. No me detendré en ello, pues ya lo desarrollé en un artículo llamado Lo humano en su dimensión moral y que podría resumir así: “El día que se comprenda de una vez que aquello que llaman inhumanidad, refiriéndose a algo que carece de las cualidades bondadosas del hombre, el día que aquello que llaman inhumanidad sea eliminado semánticamente como una actitud fuera de lo humano, cuando se entienda que es precisamente lo inhumano una enunciación esencialmente humana por excelencia, la moral caerá hecha añicos, como un cristal se hace añicos contra una roca, y por ende todos estarán preparados para entender completamente la dimensión humana de la persona (…)”

¡TÚ, CULPABLE PARA SIEMPRE!
Planteado lo anterior, habiéndome sumergido en la propia contradicción del termino humano, me he dado cuenta de que el altanero de la moral tiene un serio problema conceptual o emocional, ya que este tipo de ser se mueve por los odios y los amores desmedidos en muchos casos, porque ¿cómo es posible que este tipo de seres ensalcen las cualidades humanas, pidiendo a gritos más humanidad cual evangelista en un púlpito, y a su vez condenen la naturaleza humana, como responsable de todo? En realidad no existe contradicción pues humanidad es referido al hombre es su dimensión moral mientras que naturaleza humana es el hombre en su dimensión biológica, dimensión que el moralista rechaza y odia. ¡Cuán enfadadas están estos hombres con la naturaleza! Y claro, así se comprende ese aire de grandeza y de superioridad del moralista, que a modo de endiosamiento desprecia todo lo que ve como “animal”, es decir, la naturaleza humana.

Tras la Segunda Guerra Mundial quedó claro que los grandes vencedores fueron los marxistas y los liberales. Los liberales, con su democracia liderada por una oligarquía bien fuerte en el sector privado, y el marxismo, bien fuerte hasta su “colapso” con su bunkerizado estado democrático popular, en el que las personas, su fuerza de trabajo y todo lo habido en suelo soviético, no pertenecía a los soviéticos, sino al estado, que hacía de todo lo que contenía su propiedad privada. (Ver Sobre la propiedad y otros asuntos) Por lo que a pesar de todo, a pesar de que los vencedores se aseguraron de “haber desactivado” toda insurrección nacionalista en Europa, hoy siguen siendo los fascistas los culpables de todo. Esta realidad no deja de ser cómica, una realidad que permite a la democracia, al estado democrático de cosas, salir indemne siempre, como si se tratara de la panacea de todo sistema, como el elemento mediante el cual todo podría ir bien. Y yo digo que nadie sabe qué es la democracia, pues decir que la democracia es simplemente libertad es de una inmadurez deslumbrante.

La democracia supone que el pueblo interviene en la toma de decisiones de un estado concreto, pudiendo decidir su futuro. Y así sucede actualmente. Cada cuatro años el pueblo o lo que sea, pues llamarlo pueblo me resulta vergonzoso, decide quiénes van a regir el destino del país. Así pues, la democracia, y así ha sido siempre, o casi siempre, consiste en que el pueblo delegue el poder a una minoría selecta, que hoy conocemos como clase política, para gestionar el estado. Al final el pueblo no decide nada, sólo habrá sentado a unos señores que en democracia dilapidarán el dinero ganado mediante el cobro de impuestos mientras dicen a todos lo que tenemos que hacer, imponiéndonos bajo presupuestos democráticos sus decisiones. Esos representantes “elegidos” u obligados a elegir ocuparán las instituciones democráticas, las protegerán… son su chiringuito. Esos representantes siempre se escudarán en que han sido elegidos por una masa lobotomizada y sin memoria, poco crítica por incapaz... Da igual que les roben, seguirán votándoles. El sistema bancario, el sistema plutocrático en su mayor densidad, patrocina esta farsa, o esta realidad democrática. Sí, la plutocracia es el patrocinador de la democracia, porque los plutócratas se mueven mejor en las democracias. Así que la democracia tendrá algo que ver en todo esto, algo de culpa tendrá en todo lo que nos envuelve, como propiciatoria de... pues si la democracia es fácilmente corrompible... ¿no es culpa de la democracia todo lo que sucede? Y si es culpa de la condición humana, ¿no es hora de pensar que se hace imposible toda forma de democracia en su sentido ideal?

DEMOCRACIA LIBERAL
La democracia es una tiranía más. Hoy no vivimos en una pseudodemocracia, sino la democracia como tal, una democracia liberal, hecha con dinero y por el dinero. Nadie elige la democracia, el modelo de democracia, es que el poder no se elige, se autoimpone; ¡que me especifiquen cuando hablen de democracia a qué tipo de democracia se refieren o desean! Porque hay muchas formas de democracia, y esta es una de ellas. No es psuedodemocracia, es democracia. Y como toda forma de poder tiene el monopolio de la fuerza, con sus cuerpos represores, ya sean militarizados, armados o legislativos. Disfruten, señores, disfruten.

Sin embargo, pase lo que pase, se haga lo que se haga, si la mayoría del pueblo recibe palos de lo que ha elegido… le echarán la culpa al fascismo, a Hitler, a Franco… La democracia saldrá indemne y airosa de toda crítica, de toda profundización sobre su esencia como forma de poder. El sistema tiene bien pensado todo para que la democracia no sea un elemento cuestionable, para que nadie piense en ella como un sistema que basado en el dinero se ha llevado muchas vidas consigo. No sabemos bien cuántos muertos habrá en la conciencia imaginaria de la democracia, pero seguramente serán millones. La democracia, esa inocente democracia del dinero, esa democracia de plutócratas, ese modelo de democracia que nos ha traído el capitalismo, que mantiene las armas calientes, los cartuchos en el suelo, los cuerpos quemados y siniestrados alrededor del mundo. Va siendo hora de revelarse ante esta democracia, que de δῆμος (dḗmos: pueblo), de κράτος (krátos: poder), juntas “poder sobre el pueblo”, que no del pueblo: etimológicamente “poder del” y “poder sobre” son interpretaciones, el resto definiciones o derivaciones de la interpretación etimológica. Ya es hora de decir basta a esta democracia en la que gobierna cualquiera y vota cualquiera. La democracia no es la panacea, nunca lo ha sido. Allí donde haya un poder habrá coacción, y esto no es fatalmente innecesario. Un estado de cosas tendrá que haber mientras el hombre emprenda su sino en un mundo socializado. ¿Pero de verdad queréis el estado de cosas actual? Es hora de una ruptura con el estado hoy dominante.■

11 de enero de 2013

EL DINERO CORROMPE AUNQUE NO QUIERAS

Algún día el dinero será basura

«La exitosa campaña contra Mesenia no debe su éxito a los ricos aristócratas, que cabalgaban egocéntricamente sobre sus enormes caballos; no, fueron los ciudadanos del común, los valerosos campesinos y soldados espartanos, que no tenían el dinero suficiente para comprar un caballo. En cambio, su poco dinero sólo les servía para comprar una lanza, una espada y un hoplón. Son ellos quienes se merecen todos los honores.»


Nadie sabe bien hasta qué punto está sumido en la corrupción del dinero. Da igual que no tengas dinero, o que digas que no tienes muchas aspiraciones económicas, que te conformas con lo justo. De la misma forma que existen fumadores, que jugarían el papel de corrompidos en este símil, existe el fumador pasivo, que es corrompido aunque no quiera. Y todos sin excepción, todos somos traficantes del veneno que supone el dinero: nos obligan a ello, de ahí la nueva esclavitud; somos intermediarios, hormigas que mueven capitales de un lado a otro sin que nada sea nuestro. Profundizar en esto me ha hecho llegar al punto de convencerme de que limpiar toda nuestra sociedad y nuestro propio cuerpo y mentalidad será una tarea que llevará consigo el arrastre de muchas generaciones y de una revolución que se lleve por delante todo lo establecido. Una sociedad que no piense en el dinero constantemente, que no piense en el sucio y asqueroso dinero veinticuatro horas al día… tendrá que esperar. El pobre piensa constantemente en el dinero, y el rico más todavía, el que va justo intenta tener un poco más para ir más tranquilo: al final resulta que todos son unos pillos que especulan con cuatro perras, que se endeudan… y luego no pueden pagar… y pagamos el resto de los mortales, unos en mayor o menor medida. Y aquí no quiero socializar la culpa, no; porque no me refiero a la pobre anciana desahuciada, o al pobre analfabeto engañado con una preferente (aunque seducido por el dinero y timado por su codicia: en el fondo es así, no subestimemos nuestra debilidad ante lo seductor de este sistema infame)... me refiero al especulador de barrio, al de bolsa, al financiero, a los evasores, a los de cuenta en Suiza… Aunque obviamente no puedo dejar de señalar a esos que quisieron ser nuevos ricos, y a algunos que lo consiguieron y... 

El sistema capitalista es claro: coge el dinero y corre. Da carta de naturaleza para ello. Y me da igual que se me echen encima los liberales con monsergas legales o con grandilocuentes palabras defendiendo la justicia y alguna perspectiva de lo justo. Eso es palabrería, ética para el buen ladrón. Porque el sistema capitalista está fundado sobre las bases de la legalidad, una legalidad difícil de comprender, que da vía libre al saqueo y a la explotación, o a invadir un país extranjero, o a matar de hambre a millones de personas.

Cuánto estrés, cuánta complicación, todo debería ser mucho más fácil que basar todo en beneficio o pérdidas, al menos en una sociedad que aspira a ser justa e igualitaria entre sus iguales; y aquí iguales no se refiere a ningún tipo de “igualación marxiana”. Los iguales son los nuestros, son los que comparten un pasado, un presente y un futuro comunes, un pueblo que identificado en una nación, hoy vive esclavo de un estado, de un estado de ocupación. El estado no es el pueblo, no, el estado es el resultado de un poder delegado por el pueblo… el pueblo es otra cosa bien distinta. Y hoy el pueblo es torpe, ha perdido el rumbo, la proyección, la unidad, y corre riesgo de perecer, si es que la estocada no ha sido mortal. No obstante, como ya dije en una ocasión, no lloraré si España muere, quizá sea el comienzo de o la oportunidad para algo mejor, aunque la inercia hace pensar en lo contrario...

Qué vida es esta en la que "no podemos vivir", en la que el dinero es medio y fin; una vida, la humana, en la que el dinero lo es todo y que nos convierte a la vez en nada. No importa la persona, sino su dinero. El sistema es así de frío, y todos parecen contentarse con cuatro libertades de pacotilla: el sistema se ríe de nosotros. Porque la libertad empieza luchando contra la sociedad del dinero, contra el mundo de las finanzas, de los traficantes de la bolsa... El dinero debería ser un simple medio, y diría que en una sociedad sana debería desaparecer, sustituyéndose por el cambio de bienes y otros patrones distintos: recomiendo la lectura del Estado Comercial Cerrado de Fichte

¿A nosotros, nacionalistas y librepensadores, qué nos dice el dinero? Nada. Y a quien le diga algo ni es nacionalista, ni es socialista, y vive en la corrupción más miserable. Que por ahora sea un medio para nuestros fines, pero llegado al poder golpe mortal a todo lo establecido por el sucio dinero. Y pensar, fantasear, soñar con lo bien que lo pasaremos pasando nuestras apisonadoras, aplastando todo aquello que reducía al hombre a una vida insignificante, a un esclavo del capital. Pensar en todas esas instituciones hechas añicos, en esos enemigos abatidos o hechos presos. Les colgaremos de una farola y llenaremos sus buches de monedas hasta que se ahoguen: ¡Aquí tenéis vuestra vida!, les diremos. 

El mercado es un asunto clave en todo movimiento. Con él un buen pueblo debe demostrar su buena salud. Pero el mercado es sólo una parcela más de nuestras vidas, una parcela secundaria que no debe interferir en los asuntos de la política nacionalista: es decir, debe ser un elemento del estado nacional, no otro poder al margen del estado. Nosotros, hombres de vida, héroes de la fuerza mayor, queremos vivir por encima del dinero y de toda ensoñación material que nos conduzca a ser esclavos de las cosas: un soberano debe circunscribirse a sí mismo, y nunca delegar su libertad a algo externo. Y soñemos con el trabajo, con el trabajo como nuestra auténtica fuerza, lo único que nos pertenece; y que este tenga su incidencia en nosotros y en los nuestros, construyendo los cimientos de un pueblo fuerte. Que nuestro trabajo se reinvierta en la nación, y no en el usurero, no en el capital internacional, no en la bolsa… ¡Que nadie trafique y especule con lo que es nuestro!

¡Que nadie nos robe el futuro! 

¡Muerte al capital!

¡LUCHA!■