28 de septiembre de 2013

EGOS Y ACTITUDES



El egocentrismo es el onanismo anímico de aquel que se cree insuperable. Por su parte la modestia extrema es la máscara del propio yo: en muchas ocasiones una forma de frenar el propio egocentrismo. Pero nadie es modesto en realidad (completamente), simplemente todos tratan de ser modestos. La actitud de la modestia es a fin de cuentas el fingimiento del egocentrismo, ese ego más o menos hinchado según quien.


¿Qué es el heroísmo? Enfrentarse alegre al peligro si éste es buscado; o alegrarse si el peligro se avecina irremisiblemente.


En ciertas ocasiones mostrar tu fiereza puede amansar todo a tu alrededor. Y si no lo hace... a divertirse.


Ser de izquierdas en cualquiera de sus formas no te da ya un carnet de ser tolerante. La tolerancia es una actitud individual, no ideológica.


El concepto filosófico de alegría paradójica de Rosset nace del amor fati nietzscheano. Ambos conceptos inciden en el sí a la vida, en el sí a todas las cosas, en el amor al destino forjado por nosotros mismos; también a la asunción de las alegrías y de las tragedias. Actitud, amor y sentimiento trágico para buenos rumiantes de la existencia.


Mi actitud ante mi pasado es el siguiente: no me arrepiento de nada, aun siendo consciente de que tomé muchas decisiones erróneas. Mi actitud ante el futuro: allá voy.


Ser intelectual y afiliarse a una ideología política es acabar con la intelectualidad, pues es acotar el pensamiento a las necesidades e intereses de partido. El trabajo intelectual debe ir por delante de la política, ¡siempre! Da ahí la labor metapolítica. Un partido "bueno" sería aquel que no fuera político precisamente, sino movimiento, intelectualidad, pensamiento, una cosmovisión transformadora y renovadora.



Contra el individuo, reclamo a la persona. Contra el aborto reivindico a la familia. Contra la sociedad reivindico al pueblo. Frente al Estado de Ocupación Mundialista reivindico el Estado Nacional. Frente a la Europa de mercado reivindico a la Europa soberana de los pueblos y sus naciones. Frente al mundo globalizado igualitarista y universal reivindico la globalización de la diversidad, el respeto a la multiplicidad de la naturaleza, el derecho de todas las identidades a existir y el pathos de la distancia entre ellas. Toda identidad étnica necesita su espacio y sus tiempos.


Una actitud pacifista en una civilización supondrá el fin de esa civilización. Una actitud violenta puede que suponga también el fin de esa civilización. Sin embargo, la segunda siempre será recordada por su arrojo y valentía, mientras que la primera será recordada como pusilánime y acobardada. No obstante, las posibilidades de la segunda para sobrevivir serán siempre pavorosamente superiores respecto a la pacifista, y siempre habrá más nobleza y honor en quien lucha que en aquel que ha renunciado por pura pereza o huye cobardemente de un destino heroico.



Las democracias también son dictaduras, pero no son fascistas porque al de turno no le guste.


Me da igual lo que digan los diccionarios, yo me pregunto: ¿Qué es el orgullo? Y yo me respondo: quererse en la justa medida, pues poco o mal se quiere aquel que se sobrevalora o se infravalora. A los lados del orgullo se encuentra la modestia como infravaloración y la megalomanía como forma de sobrevalorarse uno mismo.


El pacifismo es la droga de los débiles. Por lo que el pacifismo es la muestra de una cultura que se agota, que se precipita a su final. Fijaros en cómo tiene que ser la actitud de una mayoría de hombres para favorecer este contexto (salid a la calle y estad atentos, y hablar un poco, es fácil).

16 de septiembre de 2013

EL MITO DE LA SUPERIORIDAD FÍSICA DEL HOMBRE AFRICANO

"¿Qué es el racismo?",
me dijo un pequeño niño africano en la Alameda, en Tarifa.
"Que al verte pensara que eres alguien igual a mí,
despreciando o no viendo todo aquello que te hace tan distinto", respondí.

Phelps y Bolt

No aceptar y asumir la diferencia es lo que hace que nazca en toda instancia el igualitarismo, la forma más perfecta y abominable de racismo. El igualitarismo, no obstante, ha forjado sus mitos, sus mitos de odio hacia todo atisbo de civilización del hombre europeo aunque con ellos caiga en contradicción. El mito siempre surge de cierta substancia real. Los mitos surgen porque se quiere ensalzar una cualidad peculiar, dándole cierto estatus divino: los mitos florecen porque calan de forma magistral en el imaginario, porque enseñan algo, porque ayudan al hombre a hacerse... ¡y porque el hombre los necesita! El mito por sí mismo tiende a crear un arquetipo, a la dilucidación de algo; pero por sí mismo el mito es impreciso, porque los mitos no hablan de la realidad misma, sino de ciertas realidades, de las realidades de unos o de otros aderezadas con la formidable imaginación. De esta forma encontramos los mitos de las culturas clásicas europeas, que ensalzan a hombres arquetípicos que habrían de servir de parangón al demos al que va dirigido. Una cultura de mitos fuertes, de grandes ejemplos... ¡una cultura que idolatra a Aquiles o a Heracles tiene el ejemplo de dos hombres formidables, y quienes sigan su ejemplo están destinados a la gloria o al menos todas sus acciones ya van dirigidas o encaminadas a tal fin, hacia algo tan elevado! El mito de Jesús, del crucificado, aquel de mejillas posadas a un lado y a otro, es el ejemplo para la modernidad, el paradigma de todo hombre que hoy aspire a aquello establecido como bien, aproximando a la sociedad moderna a su suicidio, a su humillación, a su postración.

En un contexto así, donde el hombre europeo es educado para sentirse culpable de su existencia, sacrificando su europeidad en aquello que conocemos como occidentalismo, surge el mito del hombre negro como un ser físicamente superior. Tal realidad es evidente, pregunten en la calle; existe la idea de que el hombre negro es superior físicamente. Esto es racismo antiblanco inoculado en el imaginario popular y complejo del hombre blanco acebado con comida basura, atiborrado de televisión y hechizado por el porno a mansalva de internet y otros medios. Pero la realidad es que el negro por sí mismo no es superior a nadie. Ensalzan su dotabilidad sexual, su rapidez, su fuerza, su destreza, como si todo ello fuera lo que puede hacer a un hombre superior y como si todo ello fuera la verdad absoluta, dándose por sentado que así es. Los medios de comunicación han jugado un gran papel en fomentar el mito, de hecho vivimos un mundo donde el fenómeno de la afromanía sigue un ritmo ascendente. A ello han contribuido también muchas mujeres europeos desinhibidas y un tanto emputecidas, amantes poseídas por africanos, que más que seducidas por lo exótico, viven poseídas por el mito. El mito del hombre negro, el mito del hombre salvaje y viril... seduce a las mujeres como a un europeo el mito de cualquier héroe antiguo de la cultura europea: en el primer caso un mito sirve para que las mujeres se rindan al africano mientras los hombres europeos se sienten complacidamente inferiores; en el otro para que los hombres se vean reflejados en algo superior, en algo que les haga más fuertes. Nuestro mundo actual necesita nuevos mitos, sin duda, pero sobre todo necesita de la verdad (de un baño de realidad), de la verdad asible, de certezas.

Bien me llamó poderosamente la atención esta noticia:


Esta noticia, sin duda racista, pretende poner bajo relieve la inferioridad blanca e imagino que a Christophe Lemaitre no le gustó: nadie dice por qué un africano jamás será campeón de ajedrez o de natación. Y es que hoy ensalzar cualquier cualidad de los blancos sería calificado de supremacismo blanco y por lo tanto de racismo.

Me llamó tanto la atención este hecho que me fui a una fuente donde se desglosaran las plusmarcas de las diferentes disciplinas de atletismo. Me fui a las plusmarcas porque una plusmarca es la cumbre máxima a batir por todos los apasionados de cada disciplina. Me dije: "si los negros son tan formidable físicamente deben ser los que copen todos los records de todas las modalidades". Mi sorpresa fue mayúscula.

Con lo que sigue no voy de ninguna forma a colocar al africano en una posición de inferioridad. Simplemente voy a desmontar el mito tan expandido sobre la superioridad de éste, ayudándome de los datos y de la objetividad.

NOTAS: Ver siguiente documento en excel, jpg o pdf, donde veréis todos los datos de una sola mirada, con los cuales podréis sacar vuestras propias conclusiones.

La clasificación racial en ella expuesta no es minuciosa, me he centrado más en ser entendido por la mayoría de personas que desconocen el tema racial y su clasificación.

Para este trabajo se han tenido en cuentan las plusmarcas de disciplinas individuales dentro del atletismo. También he obviado las nacionalidades, pues en este mundo globalizado poco importan y no son relevantes para el estudio realizado.



El sexo masculino


Analizando las plusmarcas masculinas cabe destacar la polaridad entre africanos y caucásicos. En la modalidad de "carrera" la superioridad africana es considerable e indiscutible tanto en carreras de velocidad como a larga distancia. En un orden de cosas realista es asumible la idea de que tendrán que pasar muchos años para que un hombre blanco bata la marca del hombre negro más rápido en este tipo de modalidad (carrera). Esta superioridad del africano responde a ciertas características físicas, que lo hacen único. Sin embargo en las pruebas de marcha (donde la resistencia es fundamental) y lanzamiento (una mezcla de fuerza y técnica) el hombre caucásico es ostensiblemente el dominador. En las pruebas de salto existe paridad entre africanos y caucásicos.

Entre los plusmarquistas cabría esperar la existencia de muchos mestizos. Recordemos que para la cultura occidental el mestizo es como una "raza" superior (como portador de la universalidad). Sin embargo sólo nos encontramos al estadounidense Ashton Eaton (*), dominador en decatlón.

Dicha polarización entre caucásicos y africanos responde a ciertas predisposiciones raciales. La raza es algo más que el color de la piel. El color de la piel es el espejo de una genética que consigo lleva un sin fin de capacidades y de predisposiciones. Negar esta realidad es el auténtico racismo. Quien dice que las razas no existen fomenta el genocidio.

Cabe puntualizar que en los Juegos Olímpicos se ensalzan mucho las pruebas de atletismo en su modalidad de carrera, además de que existen muchas más variantes: 100m, 200m, etc. Para un corredor como Usain Bolt, que es el mejor en 100m lisos, no es relativamente difícil hacerse con el record de 200m lisos. Por ello en la tabla veréis que los nombres se repiten. No existen tantas pruebas de lanzamiento, donde sin duda destacaría el hombre caucásico. Sería interesante que hicieran pruebas oficiales con martillos de diferente peso, jabalinas de diferente peso o longitud, etc. Es decir, imaginad la prueba de lanzamiento de martillo de los 5Kg o la de 4Kg. Pero no, sólo existe una prueba de martillo.


El sexo femenino


Con el sexo femenino sí que me llevé una sorpresa, pues entre las mujeres las caucásicas son auténticas dominadoras en todas las disciplinas, incluso en las de carrera. Al menos así observamos en las plusmarcas olímpicas. Y en las no olímpicas dominan las africanas en carreras de larga distancia, pero a un sólo vistazo se ve que también dominan las caucásicas, llevándose un porcentaje de plusmarcas idéntico al de las africanas (42.1%). También nos encontramos a varias orientales, destacando en carrera.

Con esto no quiero hablar de superioridad física caucásica, pero sin duda llama la atención estos datos cuando siempre nos bombardean con la superioridad física de los africanos.


Conclusiones

Como conclusión podríamos decir que no existe una superioridad física adjudicable para un origen racial u otro. Existen disciplinas donde parece que particulares formas de ser hombre destacan la una sobre la otra. Esto no sucede por el color de la piel, sino, como dije anteriormente, porque la raza es algo más que el color de la piel. El africano tiene una predisposición a la explosividad y a la velocidad, mientras que el caucásico es más resistencia y fuerza, así como más dado a la estrategia y a la dosificación, lo que se demuestra en pruebas durísimas como los Ironman, los Ultratrail, el ciclismo, etc., donde dominan los caucásicos. Pero esto no es casualidad, el espíritu heroico y de superación (entrega a la grandeza para uno mismo) lleva al hombre caucásico a enfrentarse a colosales pruebas, como las derivadas por ejemplo del alpinismo. Es curioso cómo el africano ha mostrado poca curiosidad por el alpinismo. Sin duda su espíritu es distinto.


Dicen también que los negros tienen más masa muscular, 
sin embargo los hombres más fuertes del mundo son caucásicos.

En definitiva, la raza no es sólo el color de la piel, pero también es algo más que lo puramente genético: la raza trasciende de lo puramente material (también es espíritu), pero sin embargo no puede ser sin ese basamento material. 

El mito ha sido refutado.■



Algunos enlaces de interés:
- La superioridad de los atletas africanos en las pruebas de resistencia

9 de septiembre de 2013

EL ANTIFASCISMO: ESA IDEOLOGÍA/ACTITUD TOTALITARIA

Occidente no es ni un pueblo ni una cultura, sino solamente un sistema de civilización, el statu quo de una ocupación anímica y geográfica del planeta. Esta «civilización» no es más que la expresión y el receptáculo del judeocristianismo y de las ideologías nacidas de su seno, que en la actualidad se constelan en el universalismo y el igualitarismo. La evolución de esas ideologías se puede analizar en sus conexiones capitalistas y colonialistas (actores históricos indispensables en la propagación mundial del Evangelio por los misioneros), en las manifestaciones liberales e individualistas del homo economicus (ramificaciones laicas de una concepción antropomórfica del yo desligada de sus vínculos identitarios) y, finalmente, en sus combinaciones marxistas y colectivistas (porque el modelo de sociedad comunista encuentra su arquetipo en el ideal social sin clases del cristianismo de los orígenes).

Pierre Krebs, La lucha por lo esencial


LA NOTICIA:
- La reforma del Código Penal de Gallardón castiga con cárcel la apología del fascismo
- La reforma penal de Gallardón castigará con cárcel la apología del fascismo

En Occidente, ese concepto que delimita las fronteras del Imperio estadounidense, usurpando la soberanía nacional de los pueblos europeos y de otros tantos países y pueblos del mundo, el antifascismo es la ideología de masas por excelencia que te presionará y te obligará a condenar y a odiar aun desconociendo la realidad histórica. Ahora, Gallardón, pretende poner en marcha una ley donde la apología del fascismo será delito. Lo hace un gobierno de derechas, a quien la "izquierda", incluido el Partido ¿Socialista? ¿Obrero? ¿Español?, dice que se queda corto. Bien, puestos a criticar decir que el PSOE ha tenido muchos años para hacer algo así, y supongo que son tan vagos que el simple hecho de poner a trabajar a la justicia española, aunque sea para algo tan canalla, les cuesta. Pero no piensen que defiendo al Partido Popular (PP), no, sencillamente pongo bajo relieve el teatrillo, ese teatro infantil, de marionetas, donde la única discusión que existe es que si uno dice que SI, el otro automáticamente debe de decir NO, y si los dos dicen SI, pues oye, uno debe insistir en que se queda corto, en que uno debe ser más SI que el otro, como es el caso. Y es que en la escena política española no hay en realidad confrontación política, sino discusiones entre personas antifascistas con diferentes posicionamientos dentro de la pluralidad (una mano: cinco dedos; una ideología -el antifascismo-: diversas corrientes) que exige toda democracia escenificada. Si puede haber, sin embargo, cierta confrontación en algunos países europeos, donde existen partidos nacionalistas más o menos fuertes, inspirados o no en el fascismo en mayor o menor medida. ¡Pero qué digo!, ¿partidos genuinamente fascistas hoy en Europa? El nacionalismo no es inspiración fascista, sino que es el fascismo una inspiración nacionalista en su tiempo: el fascismo nació cuando Mussolini se hartó de Moscú. El nacionalismo es el único freno a la mundialización, lo mismo que fue el freno a los intereses internacionalistas de Moscú durante los años veinte y treinta.

Que el PP lleve a cabo una ley de tal naturaleza, que pretende condenar la apología del fascismo, es buena para el fascismo histórico; y no piensen que lo hacen por sentimiento de culpa -como sostiene el izquierdismo antifascista-, sino porque efectivamente el PP es antifascista, como buenos liberales pro-atlantistas, amigos incondicionales de los victoriosos de la Segunda Guerra Mundial. Si el PP es la derecha en el espectro político-moral escenificado en España, por fin algo de coherencia habrá en este rincón ibérico y por justicia el fascismo ya no podrá estar ligado a la derecha, ni siquiera a la extrema derecha: pero este detalle será obviado por el interesado antifascista izquierdista, que seguirá llamando fascista a lo que le plazca.

La extrema derecha es algo fácil de encasillar, tanto que cualquiera podría ser de la extrema derecha, ya que se ciñe casi exclusivamente al énfasis nacionalista, religioso o a lo que no les gusta. Los comunistas también han hecho mucho énfasis en el nacionalismo y en su religión profana (marxismo: judeocristianismo con paraíso prometido en el más acá y no en el más allá) y supongo que será por la escenificación de la hoz y el martillo o de un Ché diciendo "Patria o Muerte" que nadie se atreve hablar de ellos en un sentido de extrema derecha.

El fascismo fue derrotado en 1945, junto con el nacionalsocialismo. Dos corrientes ideológicas que no tienen parangón y que nadie ha sido capaz desde su muerte histórica de emular. El fascismo y el nacionalsocialismo tienen esa originalidad que surge en un momento concreto con una masa humana concreta. El fascismo y el nacionalsocialismo surgieron cuando tenían que hacerlo, como reacción a las abusivas cláusulas del Tratado de Versalles y al modernismo decadente, que entonces ya se respiraba en las sociedades más complejas. Fueron dos movimientos europeos: el fascismo con un carácter más ecuménico y universal (aspiraba a ser un modelo para todos los pueblos); el nacionalsocialismo con un carácter puramente exclusivista y alemán. Ambas corrientes se aunaban en el socialismo, y este socialismo no era un reclamo absurdo: era real. Cierto es eso que llaman derechización del fascismo, pero sólo podemos hablar de derechización del fascismo en el sentido de que efectivamente no se llevó a cabo un fascismo real, originario: social, revolucionario, proletario...

En España, sin embargo, nunca hubo fascismo, y eso puede explicar la supervivencia del estado franquista. La única propuesta realmente similar al fascismo o al nacionalsocialismo venía con la figura de Ramiro Ledesma Ramos, que murió a comienzos de la guerra. El fascismo español muere con él y luego los mejores hombres de la falange revolucionaria, la de verdad, mueren en el Este, con la División Azul, o son perseguidos por Franco, o son ninguneados. En España hubo un golpe militar, no un golpe fascista. ¡Qué más quisiera Franco ser fascista! Con Franco tuvimos cuarenta años de nacional-catolicismo, el dominio doctrinal e ideológico de la Iglesia y la caricaturización de la falange, que ensuciada en su pureza con la puesta de una gorra carlista, fue convertida en esa imagen casposa que hoy todos tienen en su imaginario. Pero la Falange de Franco no fue el falangismo de Ledesma, me atrevería a decir que ni siquiera fue el de José Antonio Primo de Ribera, figura impunemente instrumentalizada por el franquismo para sus fines propagandísticos, a falta de mitos a los que rendir culto. Con Franco, en definitiva, tuvimos eso, la Falange de Franco.

Entonces, el antifascismo en España como fenómeno surge de un desconocimiento de la historia española. ¿Dónde está el fascismo en España? Dicen que porque Italia y Alemania defendieron el Frente Nacional en la guerra civil española Franco era fascista. ¿Tan difícil es entender que habían intereses comunes? ¿Alguien cree que el Gobierno norteamericano sea islamista por el simple hecho de que financie a terroristas en Siria y lleve una política proislamista en Oriente Medio y en el norte de África? No. En ello hay muchos intereses, y Estados Unidos financia a quienes le conviene. Con esto quiero decir que en su contenido el franquismo, el nacionalsocialismo y el fascismo son entre sí fenómenos distintos, con fines que convergían y también con caracteres propios en común; pero puestos a encontrar caracteres de cada ideología que conecten entre sí, pues el nacionalsocialismo y el fascismo poseen cierta ideosincracia que en ocasiones puede recordar al comunismo soviético (y viceversa); de hecho Stalin enfatizó en la patria y se hizo poco internacionalista, sobre todo durante la guerra; de la misma forma que el nacional-catolicismo franquista puede estar emparentado con el liberalismo más conservador, patriotero y burgués; y sin embargo cada elemento es un fenómeno con identidad propia. Como me comentó una vez León Riente: "Todo régimen se ve en la necesidad de buscar y encontrar aliados en el exterior. Desde 1959 el principal aliado de España en el exterior fue Estados Unidos, y esto no significó que el franquismo fuera desde aquél año un fenómeno político similar al régimen político estadounidense." Y añado que no por ello la democracia imperial norteamericana fuera de carácter franquista.

Entonces, ¿cómo surge el antifascismo en España? Pues obviamente bajo el reduccionismo. Fascista es todo régimen autoritario no democrático o todo tipo de ley y/o norma que "no le gusta" al hombre de turno que profiere la palabra fascista. ¿Y por qué es totalitario el antifascismo? Porque su lucha es a muerte, pretende reducir toda semilla que pueda provocar aquello que llaman fascismo a polvo: no sólo no quieren que no se hable de fascismo sino es para condenarlo, sino que pretenden hacerlo desaparecer, extinguirlo: y para ello necesitan el marxismo cultural, que eliminará todo rasgo de pertenencia étnica. La única pertenencia posible será la lucha antifascista. Y dicen que fascistas son los poderosos, pero esos de abajo y los de arriba luchan por lo mismo: contra el fascismo, por la globalización, por la inmigración...

El antifascismo domina todo. Todo huele a antifascismo. Con dicha tendencia la democracia se vuelve opresiva, como forma de poder que es. Porque ahora si vas a tener que obedecer de verdad el dogma democrático; así lo quiere Gallardón. Tendrás que obedecer sin más, por miedo a ser tachado de fascista. No podrás hablar de fascismo sin condenarlo, ni podrás criticar la inmigración masiva o denunciar ataques racistas contra los blancos, ni podrás atacar al comercio chino, ya que eso podrá ser calificado de conducta racista y, en consecuencia, fascista, lo cual te podrá acarrear cárcel o multa. El antifascismo será una buena forma de beneficiar a los intereses del capital, mientras se tiene bien alimentado el ego antifascista del izquierdista, ese tipo humano piadoso envuelto ilusoriamente en una gran superioridad moral, ¡ese tonto útil del capital!


El antifascismo es en sí mismo violento y malhumorado: ¡qué poca alegría, y qué sacerdotal! Lleva consigo todo lo peor del ser humano. Todo -ismo, cuando se apodera de la persona, suele actuar con esa virulencia; pero es que el único contenido del antifascismo es el odio, el odio al fascista, lo que anima a ver fascistas donde no los hay. Por lo tanto el antifascismo es una corriente emocional carente de todo mensaje político (corpus doctrinal, para que se entienda) o de exclusividad, y por ello es capaz de modelarse en o modelar a cualquier tipo de persona; su fuerza radica en la condena moral y en fortalecer el mito del Mal Absoluto, ¡una orgía de odio de dimensiones religiosas promulgado por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y continuada por sus hijos adoctrinados! Antifascista es tanto el PSOE como el PP, ETA e IU, CIU, el PCE, El País, El Mundo, La Razón, Intereconomía, La Tuerka, FEMEN, etc. Incluso los partidos nacionalistas no se llaman a sí mismos fascistas, porque por un lado sería casi ilegal (por ahora) o un suicidio político, y por otro porque realmente no lo son. Existe una corriente nostálgica, una corriente de personas que ven esperanza en que vuelvan esos tiempos, pero eso es absurdo: el fascismo y el nacionalsocialismo como fenómenos ya tuvieron su momento. Para que volvieran debería darse la misma realidad objetiva que existió allá en 1919 y que el ambiente perdurara hasta el triunfo de ambas tendencias: hasta debería darse el mismo tipo humano de aquel tiempo. Si algo caracteriza al fascismo histórico es su exclusividad fenomenológica en el tiempo. Lo que venga, de carácter nacionalista, podrá ser lo que sea, inspirado o no en los años veinte y treinta, pero tendrá su propio carácter exclusivo. Y si no lo tiene es que entonces estamos condenados a vivir siempre en el pasado, y por ende, en el fracaso: El fascismo fue movimiento, no estancamiento. Aspiramos a ser lo nuevo, aspiramos a hacer historia, y si lo que se pretende es hacer resurgir el fascismo ideológico, que al menos sea regenerándolo, cargándolo de un nuevo valor y de la realidad que nos envuelve para que ésta sea combatida y transformada, tarea que con mayor o menor acogida afronta el intelectual español Jaume Farrerons desde la izquierda. 

Soy de la opinión de que esta ley que quiere llevar a cabo el Partido Popular no es de ninguna forma antidemocrática. Claro que no, así que quítense las manos de la cabeza, no me abucheen. Es una ley a la medida de la democracia actual, que como forma de poder defiende sus intereses ideológicos y las rentas que con tal sistema se consigue. ¿Qué se pensaban que era o es la democracia? Aquí la tienen, la utopía no tiene nada de democrática, no es su naturaleza. ¡De la misma forma que el Mal Absoluto no reside en el fascismo, el Bien Absoluto no lo encarna la democracia!

Os han engañado... moralmente.


Textos de interés:
- Memocracia: izquierdas, derechas y masas
- La caspa 
- El progre, ese "hombre nuevo"
- El Hombre Universal 
- Los autoritarios modernos
- Culpables para siempre 
- La historia como mito o la propaganda histórica
- La tiranía democrática: la ideología engañabobos