18 de diciembre de 2014

ADIÓS 2014

Bueno, aquí las últimas reflexiones publicadas del año. A ver en 2015 lo que nos deparan las moiras. Salud para todos.


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Un pueblo esclavo de su pasado es aquel que no lo ha superado, y, por lo tanto, no podrá aprender nada de él.


No te conviertas en lo que los demás digan quien eres.


¿A qué se le llama buscarse la vida? A un marroquí que vive en Algeciras, que no trabaja y al que el estado le da un montón de subvenciones. Encima tiene 5 hijos. Los de izquierdas a eso lo llaman solidaridad.


Yo entiendo que las ideas nacionales en España han sido muy instrumentalizadas por los patrioteros y liberales -y por ello entiendo hasta cierto punto la grima de los izquierdistas-, pero infórmense del nacionalismo en un sentido herderiano, del himno de la segunda república...

El nacionalismo a nivel identitario es la defensa de la propia realidad que define a cada pueblo. Eso no es excluyente, sino claramente diferenciador y choca frontalmente con la realidad igualitarista y universal que nos quieren imponer, y que se impone.


El supremacismo mestizo es una realidad. Ellos son portadores de la universalidad, de la raza humana, por decirlo de alguna forma, es decir, de la Humanidad sin más. No son puros, si eso es posible, pero se jactan de su mezcla. Eso es racismo, eso es la evidencia del racismo real que hoy se preconiza. Pero no se dice, simplemente se muestra, se enseña. Cuando alguien se presenta como el mestizador causa cierto rechazo, y sin embargo el mestizador está ante ti todos los días, inculcándote su ideología genocida, racista, odiadora de la diversidad.

Las razas existen. Cuestionar algo así es como refutar la existencia del sol aunque te achicharre en pleno agosto.




Las religiones del libro odian el amor propio porque se trata de una postura de desobediencia a Dios: se trata de amar, no de amarse. Creer en un Dios abrahámico es ante todo entregarte a él, encadenarte a él. Alguien que se quiere sólo tiene ojos para sí mismo, y amará en la medida en que se ama.

Nada más nefasto que el desprecio a uno mismo.


La tolerancia es un valor para el suicidio. No se trata de ser tolerantes, sino de encontrar el punto necesario de tolerancia. Hasta la democracia busca sus formas de intolerancia, sólo que es tan estúpida que la llama Tolerancia 0. Es mejor eso que autollamarse intolerante.


La libertad de expresión aplicada es una forma de represión. Una cosa es ser libre y otra la libertad, y una cosa es la libertad y otra la libertad de expresión.

El derecho te pone derecho.



El falangismo, ese nido de progres aficionados a la iglesia. España lleva siglos queriéndose matar a sí misma y por alguna razón ahí sigue. No sabemos lo que le deparará el futuro a nuestra querida nación, pero una cosa es clara: de los españoles depende. 




En democracia no hay libertad porque el poder del pueblo no es real, ni es posible: el pueblo podrá ser soberano, podrá expresarse como quiera, pero no será libre de sí mismo, de lo que es y de lo que le hace ser lo que es. Democracia es una forma de poder sobre el pueblo, consiste en cuidarlo como a una bestia salvaje: mientras coma no se quejará ni intentará devorarte, quizá sólo arañe un poco. La democracia aprieta pero no ahoga y si ahoga a alguien los demás estarán tan bien alimentados que verán tu desgracia como un mal menor. Liderar en democracia consiste en tener contentos a la gente a tu alrededor... sea como sea.

Que la gente hable lo que le dé la gana menos de lo que se debe, no explica nada. Que la gente repita y piense lo mismo y a eso lo llamen expresarse libremente no dice nada de la libertad ni sobre una sociedad libre.

En el fondo casi todos piensan lo mismo. La gente está bien amaestrada. Se les ha inculcado lo que es bueno y lo que es malo. El sistema lo ha hecho bien. Se ha dado cuenta que mediante autoritarismo o censura evidente no se consigue nada, y es mejor soltar la mano, trabajar la mente sobre la masa y convertirla incluso en su “trabajador”, en su propia policía civil, de calle, que puede estar en todas partes denunciando al que es disidente de verdad. Al final la mejor forma de dominar a la gente es dándole sensación de libertad, y en eso consisten las democracias liberales.

Vivimos en un estado policial lleno de palabras policía y de denuncias a las ideas. ¿Dónde está la policía, diréis? Tú eres el policía.


Este año he triunfado sobre mí y sobre muchas cosas. ¿Lo han hecho otros sobre mí? No. Yo sigo en pie. No me habéis quitado las ganas de vivir, ¡bastardos!

He vivido muchas experiencias, me han insultado, me han humillado, me han acusado de cosas que no me podía ni imaginar... Sí, he experimentado muchísimas sensaciones, pero sólo habéis conseguido hacerme más fuerte, así que temerme. 





30 de noviembre de 2014

EL HOMBRE VANO

El hombre se cree Dios, y siendo Dios es un inepto. Una cosa es participar de lo divino, lo otro son fantasías.


La presunción consiste en hacer alarde de alguien que piensas que eres tú.


Hay algo más absurdo que morir por nada, y es vivir por nada. Pero hay incluso algo peor que vivir por nada, que es vivir para nada: una vida sin causa es una vida perdida.




El logro del liberalismo: tirarte toda tu vida pensando en el sucio dinero.


La civilización, que es más que una forma de "modales de hombres domesticados", ha despojado a los seres humanos del contacto real con la naturaleza, invirtiéndola, degradándola, haciéndola vil y despreciable: la naturaleza es vista con temor, con miedo, como tierra de "bestias". Cuando el hombre pierde ese contacto con su parte animal es cuando hablamos de un proceso de deshumanización. La humanización no es sólo una forma moral –tal como ha devenido en esta época de matafísicas utópicas-, eso que llaman los civilizados “eres muy humano”, dotándote de bondad; de hecho la bondad no te hace más humano. Humano se nace, no se hace. Ser más o menos humano es una tontería. Es como si una hormiga pudiera ser menos hormiga y un burro menos burro.



Lo europeo desaparecerá y siglos después otros hombres que no serán europeos, sino hijos de otro tronco racial, o de varios troncos, verán con anhelo y como ideal el legado de esos hombres de raza tan denostada hoy.

Un claro ejemplo de ello es el Imperio Romano. Una vez cayó devino la oscuridad.


En un mundo tan materialista, que vive por y para la comodidad, la mentira es necesaria en cuanto reconfortante.




Estado es gobierno y territorio. Nación es pueblo constituido dentro de un territorio, que no tiene que centrarse en un estado concreto. Porque eso sí, las fronteras estatales son más o menos artificiales en algunos casos en este planeta más o menos maldecido por la especie humana, empeñada en joderse la vida.

El anarquismo es un estado sin estado, y hasta el marxismo aspira a un paroxismo temporal, a un final apoteósico, al final de la historia, a un mundo sin el susodicho estado, ya viviendo el hombre en el paraíso prometido por esta ideología material.

Es como el que ni come ni deja comer, porque al final toda forma de estar en el mundo gobernando(se) es el estado. Sin estado que me gobierne será mi voluntad mi estado; y lo será absolutamente. Parece el paraíso de un librepensador, jaja… aunque a un librepensador le da igual el estado al uso en cuanto herramienta que es para gestionar un territorio o como herramienta que es para un pueblo para gobernarse.

El anarquismo falla como todas las ideologías inspiradas en utopías en el optimismo antropológico. Primero se imaginan a su Hombre Perfecto (no al Hombre Perfecto, sino a su Hombre Perfecto) y seguidamente crean un sistema para él.


Para el nacionalsocialismo, tan denostado, la salud y el buen desarrollo de los jóvenes era de vital importancia, pues no eran ni más ni menos que el futuro de la Gran Alemania que querían construir. Sin embargo, hoy nos olvidamos del futuro, recreándonos en la inmediatez. Quedarse sin futuro empieza por no pensar en él, no porque vengan unos políticos y te lo roben. Y eso ha pasado con mi generación: la generación anterior no pensó en nuestro futuro. Quizá a muchos esto les parezca injusto, dirán que trabajaron mucho, que nadie les regaló nada. Es cierto. Pero lo otro también lo es.




“La inutilidad del hombre” y la de toda forma de vida; un pensamiento abismal, un lanzarse al vacío.

Este pensamiento nihilista me ha retrotraído a mis lecturas camusianas, cuando Albert me dice en 'El Mito de Sísifo': "Y todavía no he hablado del más absurdo de los personajes, que es el creador".

24 de noviembre de 2014

22 DE NOVIEMBRE DE 2014: SENDERISMO POR EL ALTO GENAL (IGUALEJA-PARAUTA-CARTAJIMA-JÚZCAR-PUJERRA) Y UN POCO DE HISTORIA

Publicación perteneciente originalmente a mi blog de senderismo.


El Valle del Genal es uno de los sitios más interesantes de la provincia de Málaga y de toda Andalucía, y diría que de España. Esta zona, debido a las variedades existentes de árboles y arbustos de hoja caduca, especialmente el castaño -protagonista indiscutible, siendo uno de los pilares de la economía de la zona-, el entorno adquiere un brillo y una espectacularidad asombrosas en otoño. (Información sobre el Valle del Genal, aquí y aquí). Más abajo podréis ver un vídeo con muchísimas fotos.

DISTANCIA: 27.28 Km y +-1340m

DESCÁRGATE LA RUTA AQUÍ


CERÁMICAS EN PARAUTA SOBRE EL GODO HAFSUN, POSTERIORMENTE BAUTIZADO COMO SAMUEL POR EL RITO CRISTIANO. PARA VER COMPLETA, AQUÍ.
Ruta con historia y hasta cierto punto reivindicativa en un sentido identitario y desde luego a un nivel muy personal, pues quienes venían conmigo no participan de estas palabras y mensaje.

Una ruta por los paisajes del Genal es reconfortante, sobre todo en otoño. La zona adquiere una gran espectacularidad en esta época gracias a los castaños y otras variedades. Si a esta singularidad le añadimos el hecho de estar en una zona con una historia fascinante, esta ruta adquiere un mayor atractivo.

Hoy en día existen muchos mitos -sobre todo defendidos por los que luchan por ciertos intereses oscuros-, como que los españoles modernos venimos de los árabes: y árabe no es sinónimo de musulmán, árabe no tiene nada que ver con la cultura, sino con la sangre. Pero los hispanos no venimos de los árabes, como tampoco venimos de los judíos o de los bereberes, o al menos la inmensa mayoría. Si acaso los hispanos fueron dominados por una minoría árabe, una minoría dirigente, elitista. Cuando llegaron miles de musulmanes árabes a Hispania ya habían varios millones de hispanorromanos, visigodos... y otros elementos de carácter europeo.

Algunos eruditos de la historia explican la asimilación del islam por parte de la población hispana por el hecho de que una fe muy extendida antes de la conquista islámica era la arriana -que sufrió persecución por los católicos-, una herejía cristiana unitaria que negaba la santísima trinidad y la divinidad de Cristo, adjudicándole el rol de Hijo de Dios, pero no ser Dios mismo; convirtiéndose este enfoque de la cristiandad en algo más cercano a la fe islámica; de hecho durante siglos el islam era visto por los cristianos como una forma de arrianismo. Y no olvidemos que al fin y al cabo tanto el cristianismo, como el islam y el judaísmo pertenecen al mismo árbol (Abraham), nutriéndose con las mismas raíces, aunque hayan ramificado por separado.

"Esta fusión del islam con el arrianismo daría lugar hacia el siglo X a la cultura arábigo-andaluza, un mahometanismo de tinte liberal que alcanzaría su cénit en los siglos XI y XII, antes entrar en decadencia por culpa del dogmatismo introducido por la invasión almorávide." (Fuente)

Sobre la evolución de la población "española":

"La península ibérica fue la única zona de Europa ocupada por los musulmanes de manera permanente durante el medievo; pero tal hecho no debe exagerarse desde el punto de vista demográfico: los invasores musulmanes que llegaran en distintas oleadas entre el 711 y el 756 no debieron pasar de sesenta mil. Más que un aporte de población efectiva, supusieron un incremento de la heterogeneidad étnica (árabes, sirios, egipcios y, sobre todo, bereberes). Una mayor presencia de bereberes se consolidó con la organización del ejército de Almanzor, a finales del siglo X. Posteriormente, con las invasiones almorávide y almohade de los siglos XI y XII, llegarían más contingentes norteafricanos, pero siempre fueron una minoría sobre los muladíes (musulmanes de origen hispano-romano-visigodo). Otros colectivos étnico-religiosos definidos eran los mozárabes (los hispano-romano-visigodos que continuaron en las zonas de dominio musulmán, pero mantuvieron la religión cristiana), los judíos y los denominados saqaliba ("eslavos", procedentes de Europa oriental y central, llegados a través del tráfico de esclavos). Los mozárabes del sur peninsular emigraron masivamente a los reinos cristianos del norte en sucesivas coyunturas en que sufrieron persecución, hasta desaparecer prácticamente de la España musulmana el siglo XII (época en la que los reinos cristianos ya alcanzaban los valles de Tajo y Ebro)." (Fuente)

Y no olvidemos que la invasión musulmana de aquella época sólo fue posible en el contexto de luchas intestinas entre "nobles" visigodos y sobre todo a la traición. La supuesta paz y tolerancia religiosa fue ante todo un mito, cualquiera que lea autores serios y vaya a fuentes fiables puede encontrar múltiples ejemplos de lo que digo: las culturas fuertes no se mezclan. Así como mito fue el mestizaje masivo del que hablan, que no quiere decir que no lo hubiera, siempre lo ha habido: las identidades fuertes no se mezclan. Tras siglos de instancia del mundo musulmán en Hispania la herencia arábiga o norteafricana es mínima en España, manteniendo la esencia europea. Otra cosa es lo que esté pasando actualmente y desde hace unas décadas de forma artificial y programada y lo que la gente desee para la posteridad, que bien parece que va encaminado a la destrucción de la diversidad étnica, identitaria y cultural mediante el mestizaje, la asimilación y el multiculturalismo.

Al margen de todo esto, que de seguro podrá causar polémica, sobre todo entre aquellos que mandan tanto a leer y viajar, y mucha discusión -los estudiosos no se ponen deacuerdo en algunos detalles- la ruta esconde otras curiosidades. No nos metimos de lleno en ese punto pero bien pudimos observarlo desde lo alto de un cerro. Me estoy refiriendo a la fábrica "Hoja de Lata", en las cercanías de Júzcar, hoy conocido como Pueblo Pitufo, vistiendo la mayoría de sus fachadas de azul.


"En 1726, reinando en España Felipe V, se instala en tierras de Júzcar, a orillas del río Genal, la Real Fábrica de “Hoja de Lata” de San Miguel, industria siderúrgica instalada en lo más umbroso y recóndito del Valle del Genal. La necesidad de madera para alimentar sus altos hornos ocasionó una importante alteración paisajística en las tierras del Havaral, talándose cientos de hectáreas de bosque. Además fueron explotadas algunas minas de hierro, imprescindibles para la elaboración de la hojalata. La dificultad para el transporte y la competencia de los industriales vascos dio al traste con esta fábrica pionera en la Península Ibérica, que permaneció activa durante 50 años." (Fuente)

Ahora volvamos a la ruta: datos y vídeo. Podréis encontrar más información en el enlace de wikiloc.







Otras rutas por el entorno del Genal: 
- 25/11/2012: VALLE DEL GENAL (BENADALID, BENALAURÍA, ALGATOCÍN)
- 17/11/2013: FARAJÁN - JUBRIQUE - GENALGUACIL
- 27/10/2014: PEÑÓN DE BENADALID - BENADALID - BENALAURÍA

20 de noviembre de 2014

CONTRA EL UNIVERSALISMO Y LA HISPANIDAD Y OTROS DESPRECIOS

El nacionalsocialismo debe ser superado, porque si no seremos la sombra de un cadáver que flota en el tiempo pasado.



El falangismo basado en la hispanidad surge de parámetros igualitaristas y universales: todos unidos bajo una misma visión del mundo. Católicos en lo universal con habla hispana, eso es la hispanidad, además de sentir a España como la madre patria y centro del mundo. Franco nació, vivió y murió bajo esta visión, él nunca fue racista tal como la gente lo entiende, si acaso fue antirracista… y como la gente lo entiende hoy. Fue un dictador, pero lo fue con la biblia en la mano y con la iglesia en la oreja: la moral de aquellos que llamamos “progres” no es que sea muy distinta, se asemejan en la universalidad y en su ética piadosa y paternalista. Un identitario no puede ver sino con repudio tal visión; todo igualitarismo, todo universalismo, debe ser visto como una amenaza a toda la diversidad, a todas las realidades diferenciadas, a toda la riqueza de nuestro planeta.




El martirio de Jesús no justifica todo lo que se ha matado por Dios.


La única idea genocida que conozco, la única idea que ha matado a millones de personas, es la libertad. La libertad no deja de ser una idea y por ello la libertad como se desea es imposible, porque se trata de una formulación, de una conducta, de seguir unas normas, de una forma de pensar...


Me llaman ignorante por una única y simple razón: no entienden o no digieren lo que les digo. Y no es porque no me sepa explicar. 


He estado pensando que abrir las fronteras de par en par en España podría suponer:
1. O el suicidio total de España como nación, siendo una de las puertas por las que Europa se vaya a la basura definitivamente. Una Europa sin europeos no puede ser Europa más allá de una toponimia en un atlas geográfico.
2. O el golpe de realidad que necesitan los atontados europeos para despertar de una vez para luchar por lo suyo y lo que son.


Honrar a los dioses es honrarnos a nosotros mismos. El orgullo, el amor propio en su justa medida (poco se ama aquel que se sobrevalora o se infravalora), está muy mal visto por las religiones abrahámicas y sus formas profanas, pues serás acusado de vanidad.




Los morenazis son al nacionalsocialismo lo mismo que un europeo al indigenismo sudamericano; sintiéndose éste un indígena de los pueblos “originarios” de América.




Si algo envidio de los marxistas culturales es que han sabido domar las conciencias de las mentes que conforman la masa y hacerlas más ignorantes todavía de lo que eran. Pero además las han convertido en mentes cómodas con su propia ignorancia, dándoles seguridad al convencerlas que pensando de tal manera siguen el hilo de progreso, la modernidad, el signo de los tiempos y sobre todo el bien; además de ser unas personas de lo más libres y cultas. Hay mucha perversidad en todo esto.


(Lábaro – “estandarte que usaban los emperadores romanos cuando el Imperio sucumbió ante el cristianismo”; simbólicamente es la muerte de Roma, y diría que, espiritualmente, de Europa, estando a merced de una fe extranjera).
Desde que Roma se postró ante la cruz, acelerando su agonía hasta su muerte, todo lo que ha devenido ha olido incienso. Cada vez que hablo con un ateo, con un falangista, hasta con un identitario o uno que se dice nacionalsocialista o fascista, con un anarquista, con un libertario, con un… veo en él un halo judaizado, un halo abrahámico, veo su espíritu malherido por el flagelo y, sobre todo, me viene esa peste a incienso. Desde Constantino a Marx, a Franco… a Pablo Iglesias y su Monedero, todo apesta a incienso. ¿Qué diferencia hay entre un misionero católico y un moralista comunista? ¿Qué diferencia hay entre el internacionalismo de la creencia comunista y la tendencia ecuménica del islam o del cristianismo o hasta con la prédica de bondad del materialismo liberal? Son todo matices, ¡no hay más! Todo el mundo entiende por lo bueno y por lo malo lo mismo, todo el mundo entiende por lo débil y lo fuerte lo mismo… Si en el fondo la moral es la misma, también en el fondo todo es igual desde hace ya demasiados siglos.

16 de octubre de 2014

SOBRE VICTIMISTAS


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Cuando un débil quiere hacerse fuerte se recrea en su propio dolor, es decir, en aquello que le impide crecer por sí mismo o que le constriñe, puesto que le supera, careciendo de una voluntad para la lucha: su primer impedimento es él mismo. Es entonces cuando pergeña innumerables artimañas para generar la mala conciencia, venciendo en batalla psicológica al que por sí mismo es superior y noble: convierte una debilidad en su punto fuerte. El hombre elevado tardará mucho tiempo en darse cuenta de esto, pero tantos milenios después los esclavos ya dominan todo el mundo mediante la pena, la lástima, la autoculpa… y todos esos elementos que circulan rededor de la mala conciencia.


Ser oprimido no es una realidad propia, sino una pose: no hay opresores ni oprimidos, sino gente que domina y gente que no lucha. Ser oprimido consiste en serlo si quieres serlo. De ahí surge la víctima que no lo es, pues eso es un victimista, alguien que presume de un mal ajeno, es decir, de un dolor que no suele ser propio o si lo es simplemente no lo combate o dice que le duele algo que realmente no le duele. 

Al final lo mismo se siente oprimido como opresor; culpable de ser opresor por tener un buen móvil a costa de los recursos africanos, como oprimido por tener que vivir en una sociedad de consumo. El victimismo, como forma de estar en el mundo, muy propio de las personas adolescentes, es, en definitiva, la tendencia o actitud que consiste en quejarse por todo aunque no le duela nada.




Con el tiempo los victimistas se dieron cuenta de que su dolor, ya sea fingido o creído, podrían construir toda una moral que se erigiera como superior. La superioridad moral hizo que el de voluntad débil venciera a cualquiera con un poco de (mala) conciencia. Luego se dieron cuenta también de que con los recursos propios de esta moral podrían justificar hasta los cañonazos que pudieran lanzar. Ellos son el Bien: matar entonces encuentra justificación. Pero ahí ellos mismos se retroalimentarán de la bestia que han creado, pues también se sentirán mal consigo mismos, también serán poseídos finalmente por la mala conciencia. El mundo vive en este último estado de cosas, está desatado.


El victimismo es buen negocio. La mercancía es la pena, es decir, hay que dar pena. A cambio recibirán buenos emolumentos o ventajas; la demanda, al parecer, es amplia.




Sentir pena por los demás o por cosas que pasan es una necesidad en muchos. A falta de flagelo, pues el dolor físico es demasiado para ellos, dolores emocionales, dolores para el espíritu, los cuales no hay que subestimar. Buscan con ello recrearse en un dolor, en un sufrimiento, ¡se alimentan con ello! Han llevado la empatía a un extremo de estupidez suprema, pero creo que llamarlo empatía es erróneo, pues una cosa es comprender el sufrimiento y el dolor ajenos y otra recrearse en ello, buscarlo, sentirlo como propio y además culpable. Es preferible alejarse de gente así, despreciarlas como el que desprecia un excremento, pues en realidad se creen superiores, aunque sea moralmente: se ven justificados para todo por tanto dolor.


La acusación de victimista es algo muy generalizado también, y la suelen aplicar los victimistas de verdad con las personas que éstas han decidido que sean los opresores, los causantes de tanto dolor, de su propio dolor. Si alguien políticamente incorrecto señala una tragedia será acusado de victimista, de que exagera, de alarmista. Es algo curioso que suceda esta realidad. El victimista te dirá de aquello por lo que puedes sufrir y hasta te dirá qué es sufrimiento real y que no es sufrimiento real. Sucederá de esta forma tan dogmática y tan categórica, en el mundo hay personas exclusivas con el epíteto de oprimido y represor, y punto; de la misma forma pasa con el moralista, moralista que consiste en su versión no alejada del bien y de mal en decir en todo momento lo que está bien y lo que está mal, y ojo con contradecirle.


Para ir a la iglesia basta con ir a la sede de algún partido político.


En lo material ha triunfado la mentalidad y los ideales burgueses. En lo moral la tradición abrahámica, cuyo paroxismo deviene durante el martirio de Jesús en la cruz, convirtiéndose en ejemplo de lo humano. Siendo atrevido en la afirmación, dichos elementos explican por sí mismos el mundo actual.


Religiones abrahámicas


El victimista convierte aquello que le hace ser lo que es, es decir, aquello con lo que más se identifica hasta el punto de hacerlo equiparable a su propio yo, en el origen para todo su quejido. El homosexual se queja todo el tiempo de que es homosexual y le echa la culpa a todo lo que le pasa al hecho de que es homosexual; y lo más importante, reprocha a muchos –a la sociedad, que es siempre culpable de todo, jaja– que no le acepten tal como es. ¿Tan importante es que te acepten? Si eso es importante tan orgulloso no estará: él mismo se niega. Esta situación es extrapolable a cualquier colectivo o persona que reúna estas características incluso entre muchos identitarios y lectores de Nietzsche, no quiero dar la impresión de que lo hago exclusivo para la persona homosexual. Sólo ejemplifico una realidad más amplia con algo concreto.

Por lo tanto el victimista es alguien que convierte en su dolor su propia condición, exigiendo y obligando a los demás a ser aceptado como es o, al menos, demanda que le acepten como dice que es. Parece que se queja por algo, parece que realmente pudiera ser una víctima o un oprimido, y sin duda lo es de sí mismo, de su propia inseguridad.


En los estados donde las minorías ya no son oprimidas o perseguidas, donde los denominados como oprimidos son libres, los victimistas generan sus propias realidades objetivas para dar cabida a sus dolores irreales, inexistentes y paranoias propias de una persona con una enfermedad mental.




En definitiva, el victimista se queja del dolor de riñones de otro que no es él. Es un farsante, un ponecaradepena, que en realidad trivializa la situación de las personas que son realmente dominadas por algo o por alguien. A una persona que es dominada por algo se le ayuda mediante la acción, no sintiendo pena por él o haciendo propio su dolor.■

10 de octubre de 2014

VIVO EN UN PAÍS

(...) Julius Evola reafirma que él no se dirige a las masas, sino a los "egregori" (los "guardianes", en griego clásico): a aquellos que llevan en sí mismos la idea de una regeneración; a aquellos que son capaces de permanecer siempre de pie entre las ruinas. A los hombres bien nacidos Evola les dice que es inútil resistir directamente al caos ambiental: la corriente es demasiado fuerte para ser encauzada. Es mejor esforzarse en tomar el control de un proceso ya inevitable
El español de la modernidad huye de los problemas, no se enfrenta a ellos, parece casi ajeno a lo que pasa a su alrededor. Pusilánime, inconsciente, traidor de su propia patria, cobarde... Así es España hoy, una nación antaño respetada y temida por todo el mundo. Parece imposible una revolución... de verdad, o al menos así dicta la realidad objetiva; una revolución de verdad, sí, que supone enfrentarse al poder, cambiar el sistema, revolverlo, imponer uno nuevo... Todo lo bueno de este mundo se consiguió con sangre y sufrimiento, con violencia, con furia y con mucho miedo; nadie desde un púlpito ha cambiado nunca nada si tras de sí no le seguían miles de hombre bien armados. Aquellos que no luchan, perecen. Una ley universal: esta sí lo es.  
 Textos relacionados: aquí y aquí.

Vivo en un país que se cae a pedazos. Nos roban todo, desde el futuro hasta la salud. No hay excelencia, todo es mediocridad. Cuando digo todo no me quiero referir a todo, pero todo es cuando la mayoría gobierna: tantos años de democracia deberían demostrarnos que socialmente ha fracasado, puesto que los españoles han devenido en una sociedad arruinada, fallida...; pero nadie lo ve, por ceguera, por exaltación del propio mito que cada cual cree, se inventa o piensa sobre lo que es la democracia o una sociedad ideal. Al final todo se traduce en el sacrificio del liderazgo de los mejores (aristocracia) por la libertad de todos, pero el todos aquí ya adquiere niveles absurdos: ahora sí que todos significa todo el mundo, un todos que no sabe qué hacer con toda su libertad; sólo perderla en un centro comercial, en un bar o en otros lugares de espacimiento.

Vivo en un país donde todos dicen no ser libres o no tener derechos; tanto debe ser así que no reclaman ninguna otra cosa: excepto compromiso todo. Vivir sin trabajar o mangonear de aquí y de allá, en hacer la pelota a este para ver si me da trabajo, en me da igual que me echen porque tengo dos años de paro… en eso se basa todo, en la ley del mínimo esfuerza o del no esfuerzo, en la ley del sofá. A que te dejen tranquilo lo llaman liberad, y eso no es libertad; vivir tranquilo es una cosa, ser libre es otra. Se puede estar tranquilo y no ser libre. Y aún así la libertad es tan efímera… La libertad es como una estrella fugaz: es un desvanecimiento, una chispa sin consecuencias. Un hombre libre es un hombre que vive por nada, que vive al final esclavizado por una forma de entender la libertad. Un hombre comprometido con algo puede cambiar el mundo, pues no sólo le da sentido a su vida, sino que se lo puede dar a la vida de los demás. Y tal vez esto no se entienda, ¡pero me importa tan poco que no me entiendan! Quien pueda ver, verá. 

Vivo en un país donde los más listos y más capaces son objeto de burlas, como si todo atisbo de superioridad fuera insultante. Vivo en el país de la titulocracia, donde el único argumento de muchos contra otros es: “oye, yo tengo estudios universitarios”; pero luego son defensores de la igualdad, jajaja.... Pero que yo sepa la inteligencia no la regalan en ninguna parte, y en las universidades sólo salen borregos cualificados para ciertas funciones. Pero así es el país de los presumidos, del yo tengo más, del yo la tengo más grande... un país de acomplejados, de pedantes, de hipócritas, de presuntuosos... ¡qué poco conocimiento de sí mismos y qué poca honestidad! Supongo que esto es extrapolable a cualquier otro país rendido a la modernidad donde el talento juega un segundo o tercer lugar.

Vivo en un país donde la gente mira a otro lado, huyendo de los problemas. España parece Constantinopla, donde el sexo de los ángeles parecía más importante que la integridad del territorio, del pueblo, de la nación. Es que España es una realidad en descomposición, ¿nadie huele las flatulencias? ¿Nadie siente los estertores? España se muere. 

Vivo en un país llamado España donde casi nadie quiere ser español. Ya nadie siente España, no siente su origen ni ve en ella una proyección. La multiculturalidad y toda visión universalista se abren camino eliminando las realidades nacionales, hasta el punto de convertir los territorios donde antaño vivían los diferentes pueblos, en simples parcelas con sus propios administradores. Ser de un país será como ser de cualquier otro sitio. Para toda esta aniquilación ha hecho falta mucho odio: pero para ellos quienes odian son los demás.

Vivo en un país donde ya no hay héroes, en un mundo que carece de la fuerza inspiradora de los grandes ídolos. Los que hubo, vivos en los mitos, son mirados con desdén. En ellos encuentro una sabiduría sagrada, en ellos encuentro situaciones, voluntades, ideas, metas, poesía, arte, excelencia… sobre todo encuentro ejemplos a seguir. El mundo en realidad no ha progresado. El progreso simplemente es una forma de ver el tiempo y el espacio: no significa un más a mejor necesariamente. En términos cualitativos el mundo antiguo era mejor, un mundo ascendente: tiene que ser forzosamente así, los hombres antiguos eran hombres que habían superado la muerte -eran conscientes de que volverían, de la eternidad...-, que estaban dispuestos a morir por aquello que amaban; hoy ver a un hombre que se alza de tal forma sería encerrado por loco. Y sí, los hombres y mujeres eran mejores aunque en aquellos tiempos también sufrieran de las mismas miserias mundanas de la actualidad, pero entonces no era la norma, había vergüenza. Y de ellos recordamos un legado, de nosotros ¿qué recordarán? Uno sólo es grande si no le olvidan, un pueblo es grande si no le olvidan… ¿y merecemos ser recordados? ¿España merece ser recordada? Seremos como la libertad: una estrella fugaz más. Sin mitos, sin héroes, simplemente racionalizados, economizados, esclavizados por números, por las rebajas, por la televisión, por los medios de comunicación, por el miedo, el terror… ¿qué mundo hemos creado? ¿De verdad queremos esto? ¿Esto querían nuestros abuelos para nosotros? Mi generación parece que será la primera en vivir peor que la de sus padres, pero también la primera que no luchará por el porvenir de la siguiente generación.


Vivo en un país, sí. Vivo en un país que quizá merezca perecer, que quizá deba arder. Seamos realistas, miremos a nuestro alrededor, ¿tiene España alguna solución? Y si la hay, ¿hay voluntad para ello? Que muera España, de las cenizas siempre surgen oportunidades, quien sabe si nuevos mitos, nuevos dioses y nuevos hombres ajenos al desaliento y a la mediocridad, elevados y temibles por los débiles y malogrados... Mientras tanto nosotros, aislados, hombres más o menos conscientes, tenemos que resistir, mantenernos de pie sobre las ruinas, aunque recibamos cientos de golpes y puñaladas. Solitarios contra todos...■

24 de septiembre de 2014

EL SISTEMA

La sociedad de consumo consiste en amar a los objetos. Amamos cosas carentes de espíritu. Eso es la deshumanización, una deshumanización ya sistemática.



Toda ideología es un sistema y todo sistema es una forma de control(ar) basada en una ideología. Y asúmanlo, es necesario… por culpa del hombre.


El liberalismo consiste en la libertad, pero en la libertad de unos para poder controlar a otros mediante cualquier medio: ideas, literatura, publicidad -¡mucha publicidad!-, el derecho, códigos, normas, leyes...; es el sistema que te quiere controlar mediante la libertad.

Pero el liberalismo es ante todo una forma de creerse libre, la búsqueda de la sensación de que nadie te somete, aunque la realidad sea bien distinta.


El anarquismo es un liberalismo sin rumbo descabezado de toda posibilidad de orden social; es decir, carece de misión. Su sistema es el capricho individual. A partir de ahí lo que se desee. No es posible un anarquismo único, el anarquismo es la forma de estar en el mundo en el que el individuo reniega de todo lo que no sea él mismo. Por ello un anarquista puede ser lo que quiera: anarco nazi, anarco comunista, anarco lo que le dé la gana; lo que sea para gobernarse a sí mismo.


El comunismo es antidemocrático en el sentido liberal del término: y en cualquier otro término. El comunismo es la dictadura del proletariado (a eso lo llaman democracia popular), una dictadura clasista que consiste en el sometimiento de un grupo social sobre otro. Al comunismo le importa un comino la libertad.

Que comunistas se digan democráticos y defensores de la libertad sólo demuestra lo envenenado que está el neocomunismo por el liberalismo por un lado, o lo ignorantes que son de su propia doctrina, que ellos dicen seguir, por otro.

El comunismo de verdad es para salir corriendo.


El librepensamiento es perder el miedo a pensar, es decir, a desarrollar las ideas, a llegar hasta el fondo.



Un antisistema siempre es alguien contra el sistema de otro. En realidad un antisistema es una irrealidad mundana que es sólo posible mediante la realidad del lenguaje generada por el sistema imperante: quien señala quién es antisistema. Por lo que no hay antisistemas, sino sistemas en competencia y seguidores.


Se sabe que un grupo de presión u organización determinada es del sistema cuando éste recibe subvenciones por valor de más de tres ceros (y por menos ceros también, recibir la subvención ya implica…). Por ello cuando fui presidente de la asociación cultural Foro identidad, y cuando no lo fui también, me opuse con obstinada rudeza a ser esclavo de la servidumbre hacia las administraciones mediante sus subvenciones; me negaba tanto a aceptarlas como a pedirlas, pues considero que el asociacionismo es parte del movimiento ciudadano, es decir, una iniciativa popular que debe estar libre de injerencia política en el ámbito cultural (y en cualquier otro).

No obstante, en este periodo de mi vida en el que estaba envuelto en los quehaceres culturales algecireños observé que los diferentes grupos o asociaciones de la ciudad de Algeciras eran simplemente chupópteros, es decir, cazadores de subvenciones a cambio de ofrecer nada o casi nada a la gente y a la ciudad. Además de ser, algunos de estos grupos o asociaciones, pantallas tras las cuales se escondían algunas organizaciones políticas y sus intereses. Imagino que esta realidad es extensible a cualquier otra ciudad.

La subvención es además por parte del sistema una forma de pagar a los amigos, de hacer que beban de tu mano, de hacerles sentir que te deben algo, de crearlos o de comprarlos, aunque también una forma de hacer callar a tus opositores, a los que se quejan demasiado, a… En fin, esta es España, el país de la subvención, un país de “listos”.



Tanta libertad para nada, para no saber qué hacer con ella: tengo tanta libertad que no doy a basto, me saturo, jaja. Tanto para elegir para no saber qué elegir, ¿es eso libertad? Vivir libremente debería ser el no tener que pensar constantemente en si soy libre o no. Es que este estado de libertades te obliga como a ser libre, y oye, a mí no me gusta que me obliguen a hacer las cosas, ni siquiera para ser libre: soy más hombre de compromiso, de misión, de objetivos, de imponerme; yo soy un soberano, la libertad se me ha quedado pequeña, eso es para los vagos.


Si alguien te somete es porque te dejas someter. Es decir, no haces uso de tu libertad (y no haces uso de ella porque esta debería partir de ti, no te la da nadie), que sería, en este caso, levantarte y partirle la cara.

Libertad sin voluntad de lucha no sirve para nada. La lucha es condición indispensable para la vida. Eso o perecer.



La libertad es una quimera, o si es algo, sólo una chispa. La libertad consiste en decidir cómo perderla. Por ello la soberanía es la superación de la libertad, pues el soberano ha perdido el miedo a no ser libre y a cambio tiene toda la autonomía para hacerse a sí mismo. Contra alguien así ningún sistema puede.

Ser libre no es ser soberano. Porque ser soberano es adoptar un compromiso (antítesis de libertad) contigo mismo, con la propia intimidad de tu ser. Ser soberano es decir yo me creo a mí mismo, nadie más que yo soy el creador de mi ser. Yo soy mi propia forma y mi propio destino, yo soy mis propios valores, yo soy mi propio juez; ante todo es superar al último hombre.

19 de septiembre de 2014

LA MORAL ANTIFASCISTA Y OTRAS REFLEXIONES

¿Sabéis qué me dijo una inmigrante peruana?: "si no vivo más de las prestaciones es porque no las pido". No las pide porque ya le saca todo a un atontado español.



El antifascista te manda a leer y a viajar “porque eres un ignorante”. Pero él tampoco ha leído y viajado; como mucho ha tenido sexo interracial o fantaseado con ello. Se le olvida que aquellos a los que tacha de fascista suelen ser personas más leídas que ellos mismos. No todos, obviamente. Yo todavía estoy deseando encontrarme con antifascistas instruidos en la cultura sin odios ni amores, lo cual sería imposible, como despojar al antifascismo de su combustible, de lo que le hace ser lo que es. 

La ignorancia se cura leyendo. El antifascista es una persona enferma.


El nacional-sindicalismo español sólo siente amor hacia su patria y su pueblo. Su revolución es social y contra el capital. Lo que hizo Franco con la falange fue un insulto al verdadero espíritu nacional-sindicalista.



Hogar Social Madrid “Ramiro Ledesma” ha puesto bajo relieve el odio hacia los españoles propiamente por parte de muchos españoles y la endofobia de éstos, la predominancia del inmigrante en muchos espacios y la colaboración de los medios de comunicación y de los agentes políticos y no gubernamentales en materia multicultural, globalizadora y antiespañola.


YO APOYO ESTA INICIATIVA: LOS ESPAÑOLES PRIMERO

Al margen de las ideologías ayudar a los tuyos no debería tratarse como una actitud fascista, es decir, una actitud nefasta, pues así entiende la gente el fascismo sin conocerlo. Es como si me condenaran por dar de comer a mi hijo antes que al del vecino, lo cual tirando de humor digo que no sé si también estaría mal visto.


Opinar libremente debería consistir en opinar y que por ello no te tachen de ignorante, loco, mamarracho o te manden a un psiquiátrico. Es decir, la libertad de expresión como derecho debería consistir en poder expresar libremente todo pensamiento sin que este conlleve condena moral o amenazas hacia quien opina; o marginación en todos los ámbitos.

Si hay libertad de condena moral, que es atacar a la persona por su opinión, entonces la libertad de expresión no es posible.

O autoritarismo (libertad para unos pocos) o libertad de expresión para todos. O democracia o libertad. O nos inventamos más figuras de la libertad de expresión: liberta de expresión parcial, censitaria, eventual, selectiva, etc. Cuando la libertad de expresión no es total deja de ser un derecho para convertirse en un instrumento: que le acompañe la palabra derecho no demuestra nada.

La democracia es un sistema de poder, no de libertades. Otra cosa es que una democracia tenga ciertas libertades, pero es que ciertas libertades las puede tener cualquier forma de poder.

Democracia significa pueblo, demo-, y poder, -cracia, pero las palabras nunca son literales etimológicamente, sino figuradas, y sobre todo interpretables. Por ello democracia no tiene por qué significar el poder del pueblo. “Demos” y “cracia” juntos pueden ser lo que la persona interprete. Democracia es hoy poder sobre el pueblo. Creo que como forma de poder le viene mejor.


Para ser antifascista hay que odiar el fascismo sin conocerlo, y en las instituciones de enseñanza no ayudan a esclarecer el enigma fascista. Para ser antifascista hay que inventarse lo que es el fascismo imbuyéndolo de todo un halo de maldad absoluta: en un estado moral y moralizante de cosas las personas necesitan una brújula que les marque el mal

Ser antifascista es odiar España, amar al de fuera y escupir sobre la bandera de tu patria; es que el antifascista colabora en la aniquilación del estado español, y del español propiamente, en pos de un mundo globalizado, sin identidad, completamente mezclado y desarraigado. 

En el antifascista la ignorancia es su fuerza y su sentimiento de superioridad moral aquello que le convierte en un sacerdote moderno, conocedor del Bien y del Mal. 

El antifascista se siente en una cruzada contra el fascista, fascistas que ve por todas partes.


El eres bueno y malo ha sido sustituido por el eres antifascista o fascista. Es la nueva moral sacerdotal. Vivimos en un nuevo régimen: el cristianismo convertido en una nueva forma profana. Porque eso es el antifascismo, una nueva pose sacerdotal. Yo te condeno moralmente, yo te llamaré fascista, yo te nombraré parte del mal absoluto, inhumano, cruel y despiadado. El moralista expresado como la máxima expresión del odio encolerizado, siempre ha sido así.


El antifascista es un payaso: con todas las letras. Y oye, no estoy insultado. Es decir, lo de payaso no tiene connotación descalificatoria, es pura experiencia.


El fascismo lo fundó un italiano hasta los cojones de recibir órdenes de Moscú. Lenin tenía que ser un hombre insoportable.


Un antifascista no puede ser demócrata bajo la concepción que esta misma persona le da a democracia, porque si lo fuera no intentaría imponer sus criterios historiográficos, políticos y morales como una verdad absoluta.

Una democracia que no se puede cuestionar no es una democracia, si tratamos democracia, en este sentido, como una utopía de libertad.



27 de agosto de 2014

EL ODIO (II): A LO DIFERENTE Y A LA DIFERENCIA

Texto relacionado: EL ODIO

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Odiar a lo diferente es un sentimiento deleznable. Odiar a la diferencia no lo es menos. El primero surge de los instintos más bajos que no soportan ver delante de sí algo que es ajeno a su naturaleza: se defiende creyéndose superior, cuando dicha creencia es la primera manifestación de debilidad, y de inferioridad: lo superior lo es por sí mismo, no sabe ser otra cosa y por ello no necesita creérselo; sin embargo, lo segundo proviene del igualitarismo que en su no menor intolerancia desespera ante la imagen de que haya tantas naturalezas distintas entre sí, tanta diversidad, tantas humanidades, por decirlo de alguna forma entendible, pues nos referimos a un problema antropológico: pues se asume la diversidad de otras especies. Conclusión: ambas convicciones arrastran al odio y a la intolerancia, por ende al genocidio.

En la realidad lo que ocurre es que aquellos que odian a lo diferente pueden ser juzgados, incluso aunque no se odie realmente: simplemente con que consideren que tu discurso promociona el odio es suficiente; mientras que los que odian la diferencia crean hasta ONGs hipersubvencionadas por el estado, ya gobierne el PSOE, ya gobierne el PP, y para colmo se encumbran como luchadores por la igualdad, como luchadores contra el racismo, cuando esta calaña es igual de deleznable que el racista más al estilo hollywoodiense. Este caso es ampliable a todos los países donde “milagrosamente” los blancos siguen siendo mayoría.

El antirracista odia igual o más que el racista; y ambos conllevan a un mismo fin aterrador: a matar a lo diferente, a destruir la diferencia.


Nota: la palabra racismo y antirracista se han utilizado en un sentido mundano. Para profundizar más en el concepto, recomiendo este texto.


Una sociedad multicultural es crear una sociedad dividida, por lo que para unirla se usa el mestizaje. El objetivo es un planeta, un gobierno; un gobierno para una sola humanidad; una sola humanidad con una única cultura.

Reducido todo a lo mismo todo es más fácil de manejar.


El igualitarismo nos hace a todos iguales a la fuerza, a la fuerza y a base de imaginación, puesto que se parte del supuesto irreal de que todos somos iguales. El igualitarismo es ante todo una ideología racional incompatible con lo real, es decir, con la naturaleza, por ello… están siempre tan enfadados los que se suman a tal ismo.


Los nazis nunca odiaron a las demás razas, ni siquiera a la judía. Quizá promovieran el odio por razones estratégicas porque la masa es así de estúpida y la idiotez, pongámonos serios, es un/el elemento a gestionar en la política: hay política gracias a la idiotez o, al menos, la política que tenemos es gracias a la existencia de una buena masa de idiotas a quienes se les ha dado el poder de decidir. Pero los nazis nunca odiaron; al contrario, lucharon por un amor desmedido a sí mismos y a la patria y pueblo alemanes. El odio vino del resentimiento eterno de los vencedores y a consecuencia de ello el odio de los nazis es una mera interpretación de éstos.




El genocidio blanco es real. Es un genocidio racial perpetrado desde la cultura, desde la educación, desde las escuelas, desde casa, desde la tele... Salgo a la calle y lo veo todos los días: españoles que se traen sudamericanas morenas, parejas que adoptan asiáticos, mujeres blancas con negros, solidaridad esquizofrénica (si a las políticas de inmigración masiva, de discriminación positiva...), hijos mestizos, aumento de los magrebíes y de sus hijos y descenso de la natalidad blanca, aumento de mezquitas y conversión cultural, desarraigo y pérdida del destino común, individualismo extremo, etc. Todo contribuye al genocidio blanco.

Para todo esto el odio se ha trabajado desde dos puntos: de todos hacia los blancos por un lado y del blanco hacia sí mismo por otro. Al blanco no sólo le odian por ser blanco, además ha sido amaestrado para pedir perdón y disculparse por provocar tanto odio.




El odio brilla cuando un vencedor cuenta su historia tratando al subyugado como a una cucaracha que merece la muerte mil veces, careciendo para éste de cualquier elemento que honrar. Pero cuando el vencedor “ama” y ensalza a su enemigo, ese “amor” o respeto convierte su victoria en algo grande y hermoso, pues en realidad no existe mérito en vencer a personas despreciables; y si de vencer a personas despreciables se tratara, dichas victorias no merecerían ser contadas.


Lo diferente es lo que hace que no seamos iguales y que nuestras diferencias adquieran el valor suficiente como para desear mantenerlas y defenderlas, como elementos que enriquecen y nutren la pluralidad de nuestro planeta.


No confundas mi ira, mi cabreo, mi beligerancia, mi impulsividad… con el odio, porque sería lo mismo que pensar que el sexo y el amor son indivisibles.


Quizá me odien muchas personas, pero les necesito para mi diversión. Así cuando mire al suelo no veré sólo la tierra, sino insectos que pisar alegremente. Es que el hecho de que te odien es saber que existe gente que te tiene en sus pensamientos casi constantemente: que te odien por ser quien eres es como apoderarte del alma de una persona.

Y así Hitler vive y pervive, eterno. Le odian tanto -todo el mundo lo hace por adoctrinamiento- que no pueden dejar de pensar en él constantemente. Más que en el propio Adolfo, piensan en el mito sobre él creado, como individualidad que encarna el máximo grado de maldad posible en una persona humana.



Los hombres como yo crecimos odiándonos por ser lo que somos desde que nos dieron la primera clase de ética en el colegio. Crecimos pensando que Europa debe morir, que lo diferente a mí/nosotros es mejor y superior, que nuestra raza tiene poco valor. Algunos despertamos de esa pesadilla, pero otros siguen trabajando para eternizarla, favoreciendo que otras generaciones crezcan con los mismos traumas.