3 de marzo de 2014

LOS SENTIMIENTOS HUMANITARIOS

Una reflexión/crítica sobre la humanidad en su sentido ético, que no biológico, y una invectiva contra la globalización.


NADA MÁS BELLO QUE LA DIVERSIDAD, YA QUE ES DE LA FORMA EN QUE SE EXPRESA LA NATURALEZA. Y NADA MÁS NOBLE QUE LUCHAR PORQUE TODA ESTA RIQUEZA PERVIVA POR SIEMPRE, PORQUE HACERLO ES PRESERVAR LA NATURALEZA, EL ORIGEN DE TODO CONOCIMIENTO VERDADERO. 

CONTRA LA GLOBALIZACIÓN EN TODAS SUS FORMAS, POR LOS PUEBLOS Y LAS NACIONES.



Este texto se lo quiero dedicar a los identitarios y a los universalistas, la única división política hoy posible, ya que la única guerra abierta, a muerte casi, es en pro de o en contra de la globalización; y dentro de estos dos grupos habrá otras divisiones: los anticapitalistas integrales, es decir, quienes luchan contra el capital en todos sus frentes, los anticapitalistas utópicos (quienes siendo pro-universalistas defienden una sola Humanidad biológica y moral y participan, paradójicamente, del capital, haciendo para ellos muy buenos servicios) y los capitalistas recalcitrantes, que hacen del materialismo y del dinero el único modo en el que ha de moverse el mundo). Es hora de superar a la derecha y a la izquierda porque este esquema no nos ayuda a entender la realidad: pero para ello los identitarios debemos hacernos sujeto político y metapolítico, generando nuevas perspectivas para la sociedad, alejándonos de los clichés fascistas y nacionalsocialistas, para conformar una cosmovisión que nos haga ser el paradigma del porvenir y del futuro, porque esa es la única forma de “coger peso”: sin “peso” no existimos.

Por supuesto, lo que habéis podido leer anteriormente es sólo un bosquejo, puesto que esta materia daría para un libro de tantas matizaciones, enfoques y/o formas posibles.


No hay nada más paralizante que la esperanza. En contraposición a estos hombres de la espera, existen seres de otro costal que son todo voluntad. Pero ser todo voluntad surge en diversidad de hombres. No pensemos en un ideal de la persona, en alguien bello, alto, consumación de la perfección humana, no. El triunfo de la voluntad es posible en cualquier persona del planeta; superhombres en un sentido nietzscheano no son algo propiedad de una sola raza o humanidad o de un único pueblo. Tal vez haya pueblos que hayan mostrado mayor voluntad, y eso quizá tenga una lectura, pero a lo que quiero referirme es a que toda persona esconde esa capacidad de hacer de su voluntad su motor, en lugar de encerrarse en las prisiones de la fe y de la espera.

La Humanidad. Los identitarios aún no han entendido bien a qué se refiere el utópico cuando habla de lo humano: no lo hace refiriéndose a la biología, sino a una forma de ética y de valores. Cuando éstos hablan de pueblo lo hacen refiriéndose a cierto pueblo universal e idílico, casi abstracto, que llaman La Humanidad; el símil para esta realidad sería lo mismo que para otra realidad civilizacional que se quiere imponer a nivel planetario: la comunidad islámica (o “ummah”). A todos estos les da igual la biología.

Lo humano es la bondad infinita, es el paradigma universal que a nivel ético debería igualar a todos los hombres y mujeres de la tierra -según aquellos que lo procesan, claro está. Aunque se parte de una percepción universal, no por ello se trata de una defensa de la diversidad. Todo lo contrario, va contra la misma. La diversidad sólo la hace posible la distancia, la discriminación en cuanto rechazo a la mezcla entre elementos marcadamente distintos: pathos de la distancia. Discriminación suena hoy peyorativo, pero es que de eso se trata la libertad; y de tales resortes surge la diversidad, que hipócritamente dicen defender los universalistas; un universalismo que como igualador es por definición intolerante, racista y genocida: cuando se quiere igualar la hierba se coge la cortadora de césped, ¿verdad?

Una vez definí la libertad precisamente como una forma de discriminación: es renunciar a lo peor a cambio de lo mejor. Discriminar es algo natural. Pues bien, este tipo de persona utópica y universal carece de realidad biológica, no parte jamás de realidades orgánicas: el nacimiento de su mundo se construye desde la idea; y si es consciente de lo biológico sólo supondrá un bache a superar mediante el idealismo y la razón. Estos hombres que procesan tal vocación universal no son de este mundo.

De esta forma podemos definir que su mundo existe en la idea. En ella todos los hombres y mujeres son iguales. El pesado cuerpo, el imperativo natural, sólo unos elementos a obviar, más que a aceptar. Su enfado con la naturaleza estriba en que no asumen que ésta se manifiesta tan diversa, en que su mandato es más fuerte que cualquier razón: ante el autoritarismo de la naturaleza este tipo de ser hombre se revela.

Hasta aquí lo expuesto podemos entender por qué a los identitarios nos acusan de ausencia de humanidad. Aunque seamos tan humanos como ellos, nos ven tan inhumanos como a una bestia horrible. Como a las bestias horribles… se les puede matar con menos escrúpulos. Así que en cierto modo un identitario vive en el mundo actual en constante amenaza; seguir vivo un día más y ser identitario es un milagro. Porque todo atisbo de realidad orgánica será arrancado de raíz de la tierra hasta que muera, ya venga la mano que lo arranque de eso que llaman la derecha o la izquierda. Pero los identitarios saben que todo lo bueno nace de la tierra, tierra que ha de ser trabajada y cuidada. Fuera de la tierra todo acaba pudriéndose, se vuelve perecedero; es lo mismo que sacar un pez del agua. Nada sobrevive sin raíces.

El identitario protege lo propio frente al paradigma igualitario y universal que obliga a e impone (o lo intenta) a todos los hombres de la tierra a postrarse ante un único sistema de civilización. Poco a poco vemos como la pretensión igualitaria conforma su estado totalitario a escala mundial. Dichas pretensiones se han conseguido en parte gracias al chantaje emocional, al sometimiento de las mentes mediante la culpa, ya sea por razón de los medios de comunicación o por la presión social, imponiendo así unos resortes psicológicos abocados a lo que llamaremos sentimientos humanitarios o de abnegación y que supondrán la ruina de todas las naciones y sobre todo de nuestra amada Europa. De hecho supondrá la ruina de las naciones mayoritariamente caucásicas ya que son sobre estas poblaciones donde se somete el ataque, ya sea mediante inmigración masiva o mediante represión económica: orquestación de crisis económicas.

Lo humano como enfoque ético es de un alcance universal. No tiene como particularidad ser el referente de un único pueblo o tipo de hombre. Como fenómeno carece de realidad orgánica y de etnicidad (raza más cultura) –pues todo enfoque que denominamos marxista cultural obvia, denosta o lamenta todo orden natural de cosas, conformando su mundo como una construcción social: lo que se construye es precisamente el marxismo cultural: (1) (2). Esta realidad ética poco tratada es puramente hablando una especie de espiritualidad que partiendo de la idea igualitaria pretende uniformizar a todos los hombres. Como toda visión universal, atenta contra la diversidad y las identidades homogéneamente diferenciadas. ¿Y en qué reside el poder de esta ética? Que es abstracta y por ello debe combatírsele mediante un trabajo racional de carácter metapolítico.

Sin duda en estas líneas yo hablo como europeo y alejado de esos sentimientos humanitarios. No soy indiferente al sufrimiento ajeno pero no voy a sacrificar mi familia, mi patria, mi nación, mi pueblo, por el hecho de que unos hombres y mujeres castrados de todo amor a lo propio se dejen embaucar por sentimientos de pena y de lástima hacia el extranjero por el simple hecho de ser éste inmigrante o hacia cualquier otro tipo de colectivo: en Europa no podemos dar cabida a todo el tercer mundo, eso sería el suicidio definitivo de Europa; ni podemos mantener a todo tipo de minorías encumbradas en pobrecitos y oprimidos. El inmigrante no va a tener contemplaciones con nosotros, ellos vienen a nuestra tierra bajo el reclamo de muchas ayudas, todo el que conoce a inmigrantes lo sabe: eso de que son pobrecitos no es cierto, la condición de la persona es diversa, y la de inmigrante no te hace especial per se. Dirán que los españoles emigran, pues bien debería parecer lamentable que mientras que la cualificada mano de obra española se va al extranjero estén aquellos que piden más inmigración para España, no precisamente cualificada, diseñada para saturar el mercado laboral, aumentar el gasto social, llenar las cárceles y desdibujar la fisionomía cultural, además de ensuciar la huella genética europea en el propio continente de los europeos. No se trata de egoísmo, ni de racismo, ¡defender mi patria no es racismo!, sino de lo que haría todo pueblo consciente: protegerse y defenderse. Además, la inmigración española, como población europea, lo suele hacer a países europeos, no suponen a nivel cultural un abismo, ni un peligro. En este texto abarqué con mayor profundidad este asunto: La política de inmigración masiva. En dicho texto el argumento del enemigo inmigracionista queda refutado. Es que el inmigracionista es un ser despreciable, su defensa equivale a defender una guerra en un país perdido en el mundo para que una fábrica de armas de cualquier país desarrollado no quiebre; quizá muchos no encuentren el símil, pero la analogía está bastante clara: llegar al lucro mediante la desgracia ajena. La desgracia ajena de muchos inmigrantes que no vienen en avión, ni en tren, ni en barco, ni en coche, ni que viven de las subvenciones, ni…

La lucha contra el capital se hace indispensable y debe ser radical, un sistema en el que somos meros esclavos económicos. Los sentimientos humanitarios han hecho grandes favores a la sociedad del dinero, al Gran Capital. Españoles mimando a mano de obra barata con sus logos marxistoides u ONGs, empresarios contratando a esa mano de obra barata y encima con la conciencia de hacer un bien al necesitado (pero sobre todo a su propio bolsillo), como si el autóctono tuviera la vida solucionada. Consciente o inconscientemente los sentimientos humanitarios trabajan con demasiada frecuencia para el capital y de forma evidente ha creado nuevas divisiones de conciencia, nuevos compartimentos emocionales en las personas. La psicología forma aquí una cuestión importante. Porque cuando los sentimientos humanitarios actúan en tal o cual dirección, aquel a quienes se les deposita tales sentimientos de lástima se les ensalza como oprimidos, cuando no tiene por qué ser así. ¿Todo inmigrante es un oprimido? ¿No es probable que haya gente europea oprimida? ¿Todas las mujeres son aplastadas por los hombres, por ejemplo? ¿Todos los hombres son unos criminales? Los sentimientos humanitarios han elevado a la categoría de mártires casi de forma absoluta a ciertos elementos de la sociedad: las mujeres hacen propio el sufrimiento de cualquier mujer, por ejemplo (clase para sí: la sociedad funciona bajo conceptos muy marxistas; Marx no sólo fue un buen critico de capitalismo liberal, sino que nos da pistas sobre los resortes conductuales modernos). La pena, la lástima, la piedad… hoy han trasmutado del cristianismo a miles de formas profanas. Todavía no sabemos con claridad cuánto daño ha hecho el cristianismo a los pueblos europeos.

El cristianismo fue sin duda la última gran revolución en Europa, porque supuso la ruptura de la europeidad en suelo europeo, el paso de lo indoeuropeo a lo abrahámico o desértico. Desde entonces todas las revoluciones que ha habido, casi en su totalidad, han tenido una categoría de sucedáneo, simples énfasis o transformaciones del origen de todo el mundo moderno en su base ética: el judeocristianismo. A la cristiandad le debemos los sentimientos humanitarios y universales que tan desarmados han dejado a los europeos frente a lo foráneo. Asimismo, el desprecio por lo propio, su relativización, esa necesidad de mezclarse y de aniquilar la propia etnicidad europea, surge de sentimientos no alejados del cristianismo: la culpa, tanto tiempo inoculada en Europa, he ahí ese veneno abrahámico, que empuja precisamente a esos sentimientos humanitarios para lavar la conciencia, y con total abnegación, “felices” hacia el suicidio de Europa.

Europa lleva más de dos mil años flagelándose, es hora de volver al origen y retomar nuestro destino. Las cruces no deberían servir para hacer de ellas un templo: los romanos sabían darles mejor uso.■


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4 comentarios:

  1. Me has puesto a pensar. Cuando los españoles, en el siglo XVI consolidaron la fundación de la Nueva España y establecieron su capital en lo que fue la Gran Tenochtitlan, se pusieron como siguiente meta colonizar la Gran Chichimeca, que era una extensión que abarcaba los actuales estados de Guanajuato, San Luis Potosí, Zacatecas, parte de Michoacán y el norte del Estado de México. Las tribus que poblaban esas comarcas originalmente áridas, eran despreciadas tanto por la civilización mexica como por la zapoteca. Para los españoles resultaron inconquistables, entonces, cuando establecieron el virreinato, organizaron expediciones y mandaron gente de las etnias mexica, tlaxcalteca y zapoteca a poblar esas regiones. Se fundaron ciudades alrededor de un gran cuartel de soldados, que vendría siendo el equivalente de un castillo feudal y poco a poco, al unirse la gente "civilizada" con la "gente perro" (eso quiere decir en español la palabra náhuatl "chichimeca"), fué naciendo gente más dócil. Ese operativo tardó 50 años en comenzar a dar frutos.

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  2. Sólo por matizar

    Hoy vivimos en cualquier cosa, menos en cristianismo: fornicación de niños, adulterio de cuarentonas insaciables, idolatría por estrellitas pop.

    El humanismo no es practicado exclusivamente por cristianos; por ejemplo, grupos feministas abiertamente paganos también lo defienden.
    ¿Es la naturaleza ajena a salirse de sus cabales? Podemos analizar con suspicacia este vídeo https://www.youtube.com/watch?v=sfKkKUYgSJ8

    Y para lo de la migración en el vecindario http://www.lr21.com.uy/mundo/1131137-ecuador-se-convierte-en-la-meca-americana-para-los-emigrantes-espanoles

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  3. Vivimos formas profanas del cristianismo. Quizá no cristianismo en sentido estricto pero si bajo mentalidad sacerdotal, tanto ética como moralmente, ya sea el pedófilo o la que trabaja en una ONG.

    El cristianismo en Europa se asentó en la medida que se PAGANIZÓ, si no no cuaja. De eso hemos hablado mucho aquí.

    Sobre la emigración española, es un drama. Indefendible. En España hay sitio para todos menos para los españoles. Que los españoles se vayan es un fracaso. Los españoles no van por otro lado a beneficiarse de ayudas y subvenciones y a vivir gratis: van a trabajar. Ecuador tendrá una buena mano de obra cualificada, que lo disfruten, aquí nos quedamos con subsaharianos que no saben ni decir Hola.

    Emigración española, datos:

    http://es.wikipedia.org/wiki/Emigraci%C3%B3n_espa%C3%B1ola

    Agradezco su comentario.

    Muchas gracias y hasta pronto.

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