14 de abril de 2014

LOS COMPLEJOS DE SUPERIORIDAD E INFERIORIDAD Y ALGÚN ATREVIMIENTO

La superioridad: o es manifiesta por sí misma o no es superioridad.



Una raza, si es superior, lo es en cualquier circunstancia: no necesita creérselo, ni manifestarlo. No existen razas superiores, sino individualidades excepcionales. Una raza que se cree superior es una raza acomplejada en el peor sentido. Lo es porque en todo caso “se cree” de tal forma, ni siquiera para él es algo evidente.

Que surjan más excepcionalidades dentro de un grupo humano respecto de otro tiene otra lectura. No entraremos en esos detalles.



El supremacismo racial alemán del nacionalsocialismo surge con los mismos aires de grandeza del cual surgió el supremacismo judío, si bien el primero con más nobleza y brío, evidente, orgulloso y sin esconderse.

Los judíos son “los elegidos”, o así se creen, lo mismo que los nacionalsocialistas alemanes y todo el pueblo alemán se creían la raza superior, los tocados por los dioses primordiales.

El judío es aquel hombre cuyo supremacismo viene legitimado y camuflado por un presunto victimismo. El judío ha hecho de la debilidad aparente una gran fuerza, del chantaje emocional una forma de manipulación y poderío y de su destreza comercial el origen de todo su poder; el judío surge así como el hombre más fuerte, el hombre que ha salido airoso de todos los enfrentamientos, ¡¡a veces sin pegar ni un solo tiro!!, haciendo que todos los demás se maten entre sí, engañándolos fácilmente.

Cuando se entienda esto podremos combatir al astuto y camaleónico elegido.



Los judíos “no son una raza” homogénea, sino una serie de elegidos que han ido heredando tal condición generación tras generación vía materna. Da igual si son negros o blancos o arábigos o…, a ellos les da igual la raza, sus mujeres siempre fueron muy liberales…; simplemente tienen la consciencia de provenir de alguien que fue señalado por Adonai.




Aquel que dice que las razas no existen y ataca a todo aquel que defiende su propia identidad denunciándolo como supremacista y racista, lo hace a conciencia o no de que su supremacismo viene dado por la Raza Humana, ese supremacismo racial humanista; y por su igualitarismo, tendencia ésta ajena a la tolerancia y al respeto entre las razas, contraria a toda la diversidad: el racismo –en su sentido moderno de odio racial– más perfecto.


El judaísmo es el abrahamismo primogénito. Posteriormente de él nacen el islamismo y el cristianismo. De alguna forma, el judaísmo, el hijo espiritual recién parido por Abraham, es aquello que debemos señalar como la peste espiritual que asola a la europeidad desde hace siglos y que hoy por hoy vemos que acabará aniquilándola. Europa necesita volver a su origen, sólo en ella encontrará la fuerza revitalizante para surgir de nuevo como el gran referente.



El pensamiento debe expresarse para darse a conocer, y debe hacerlo libremente, pero tal estado de cosas no garantiza el librepensamiento, ni siquiera el librepensamiento garantiza la libertad de expresión. El librepensamiento es una actitud, lo mismo que ser generoso. Una cosa es la expresión libre, otra la libertad de expresión y otra el librepensamiento. Yo entiendo el librepensamiento como una actitud personal, una conquista individual, con la que la persona ha perdido el miedo a enfrentarse a los pensamientos y a la vez es responsable de los mismos; que ha perdido el miedo tanto de pensamientos propios como ajenos, marcando el comienzo del dominio de las ideas sin que éstas se apoderen de uno mismo: que es lo que llamaríamos fanatismo.

Esta actitud se aleja del derecho a la libertad de expresión en cuanto que dicha actitud no depende del mismo. Si alguien depende de otros para ser libre, para hacer uso de su libertad, ya está asumiendo que no es libre, que su libertad es, por decirlo de alguna forma, como alquilada, temporal y completamente dependiente.

La libertad puede serte arrebatada físicamente, pero sobre las entrañas de tu mente debes ser tu quien mande. Ser el soberano.



Cuando discuto con un adolescente en un debate no puedo enfadarme con él por muy mal que me hable y por muy estúpido que me parezca: debo hacer culto a toda la paciencia que tuvieron en su momento conmigo, jajajaja…



El fanatismo es la antítesis del librepensamiento. El fanático es dominado por la idea, mientras que el librepensador domina la idea o lucha contra la tiranía de las ideas. Ambas son actitudes de la persona ante el pensamiento.


¿Es negación del holocausto decir que la raza judía es inexistente?

8 de abril de 2014

OCURRENCIAS SOBRE EL ODIO Y LA ÉTICA

La ficción


y la realidad


Lo delictivo no es sentir odio, sino generarlo. Esa es la lógica que hay que tomarle al asunto de los delitos del odio. Que ellos sean unos odiadores es por culpa de los demás, como todo lo que les sucede en la vida. Nosotros los identitarios no es que fomentamos el odio, sino que les obligamos a odiarnos, por ello seremos condenables o condenados. Con esta lógica tan peculiar un asesinato sería hacer justicia, pues al fin y al cabo el asesinado ha tenido la osadía y la maldad de obligar al asesino a matarle.


Entre corruptos y solidarios España ha sido vendida y saqueada.


¿Qué es fomentar el odio? Decir la verdad, ser tu mismo, ser auténtico…





La realidad no tiene puntos de vista. Realidad sólo hay una. Los que tienen puntos de vista son los hombres. Hay quienes no tienen puntos de vista sobre lo Real, sino que tienen puntos de vista sobre sus propias realidades inventadas.


La ética se encarga de la moral. La moral como tal son perspectivas subjetivas de cada sujeto sobre lo bueno y lo malo, el bien y el mal, en un entorno concreto: esto sucede en otra escala entre los pueblos y de ahí surge toda ley (derecho consuetudinario) y toda forma de gobernarse (política). El hombre es un ser moral.

Es cierto que la vida en sí misma carece de moral. La vida debe entenderse amoralmente, más allá del bien y del mal. Eso es acercarse a una visión sobrehumanista, eso es caminar hacia el superhombre. Y ser un superhombre no quiere decir no tener una propia moral, es decir: una propia escala de valores.

Yo abogo por la ética de la costumbre, la de lo justo y de lo injusto, en contraposición a la moral del bien y del mal, aquella de lo bueno y de lo malo.


Cuando alguien dice que va a hacer algo por el Bien o dice que es muy bueno, ¡sálvese quien pueda!


Emil Michel Cioran me dijo en uno de sus libros: “No es humilde aquel que se odia.” Fijaros qué sentencia tan abismal. Por mi experiencia sé que del odio hacia uno mismo ha surgido uno de los seres más detestables del mundo moderno, parido hace ya algún siglo que otro: el hombre de la superioridad moral. Pero el hombre de la superioridad moral judeocristiana, aquel ser tan bueno y bondadoso que muta de multitud de formas, que vive en plena contienda con su flagelo y su espíritu; ese hombre que en secreto se jacta de ser quien es, tan “solidario”, tan comprometido… aunque todo sea pose o su negocio o una forma de manifestar su enfermedad mental.

El que se odia se cree un Dios; es decir, existe aquel que se odia que vive enamorado de su propio odio hacia sí mismo.




El humilde odia o ve con pena al orgulloso (o igual lo ama, ¡son tan generosos los humildes!), mientras que el orgulloso desprecia al humilde y al megalómano; éste, el ególatra, no piensa en ninguno de los dos anteriores.

(Recomiendo este texto de mi autoría: AQUÍ)


Aprender a no odiar cada una de mis acciones y a no sentirme culpable es algo que dejo para mis adentros. A veces tengo que ponerme una máscara para no dar tanto miedo a los plebeyos, que desean constantemente gestos de culpabilidad, o de humildad, o de sentirte mal, pues sólo en ello ven la humanidad, lo cual les deja muy tranquilos.


Más allá del bien y del mal observamos feliz al superhombre. Alejado de toda moral de esclavos se siente ajeno a todos esos juicios humanos, demasiado humanos. Tan elevado, el superhombre mira alegre a las estrellas, donde encuentra su propio tiempo, del que es hijo. De repente todo se hace posible, la voluntad emerge sobre la libertad y el soberano marca su propio camino.

1 de abril de 2014

LA ESCLAVITUD Y EL AMOR

La verdadera esclavitud vino predicando la piedad.



Lo que hagas por mí no lo hagas por pena. Hazlo porque me amas, porque es tu deseo más intenso.


La libertad en la pareja es la consecuencia propia de dos personas que no se aman plenamente. Una cosa es dejarse espacio, pero cuando dos personas se aman de verdad la libertad deja de importar, todo es sacrificable por la otra persona.


¿Cómo darse cuenta de que estás perdidamente entregado a otra persona, cuando estás enamorado, es decir, cuando haces de otra persona tu causa? Pues tan sencillo como llegar al punto de que serías capaz de sacrificar tu vida por aquello que amas, cuando sientes que el sacrificio de tu vida es digno por el amor que sientes. Esto es extrapolable a la patria.


¡QUÉ HERMOSA ES LA MUJER ESPAÑOLA!


El amor son acciones, no palabras. La diferencia es la misma que hay entre amar y hablar. Hablar no es amar.


El esclavo cambió sus cadenas por el más allá y su necesidad de luchar por la libertad por la esperanza. Pasaron de una esclavitud física a una espiritual.


Si se dijera toda la verdad sobre la esclavitud en África a lo mejor los blancos serían exculpados. Al fin y al cabo los blancos eran generalmente sólo los clientes. De negros que traficaban con su propia gente o de los tratantes del pueblo elegido nadie dice nada.

Esto es capitalismo


El sistema económico del Imperio Romano era la esclavitud. Desde entonces el sistema ha derivado en democracia y contrato.


Yo no vendo un producto. Soy anticapitalista. Simplemente encarno una causa, un destino común para el pueblo español.


Las filosofías o credos de la fe o de cansados nos han enseñado que la esclavitud puede ser hasta deseada por muchos.


¿Qué es la voluntad? Mandar y obedecer. El soberano es tan dictador como esclavo de sus propias órdenes.


Someter, que no abusar, mediante el amor a una mujer es uno de los mayores placeres que un hombre puede experimentar siempre y cuando éste tenga buena conciencia.



El Principito es una de esas obras tan fascinantes que es imposible olvidarlas. Siempre me llamó la atención la intrínseca soledad del Principito, vagando por diferentes mundos, siendo partícipe de la eternidad, aunque en incesante búsqueda.