27 de agosto de 2014

EL ODIO (II): A LO DIFERENTE Y A LA DIFERENCIA

Texto relacionado: EL ODIO

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Odiar a lo diferente es un sentimiento deleznable. Odiar a la diferencia no lo es menos. El primero surge de los instintos más bajos que no soportan ver delante de sí algo que es ajeno a su naturaleza: se defiende creyéndose superior, cuando dicha creencia es la primera manifestación de debilidad, y de inferioridad: lo superior lo es por sí mismo, no sabe ser otra cosa y por ello no necesita creérselo; sin embargo, lo segundo proviene del igualitarismo que en su no menor intolerancia desespera ante la imagen de que haya tantas naturalezas distintas entre sí, tanta diversidad, tantas humanidades, por decirlo de alguna forma entendible, pues nos referimos a un problema antropológico: pues se asume la diversidad de otras especies. Conclusión: ambas convicciones arrastran al odio y a la intolerancia, por ende al genocidio.

En la realidad lo que ocurre es que aquellos que odian a lo diferente pueden ser juzgados, incluso aunque no se odie realmente: simplemente con que consideren que tu discurso promociona el odio es suficiente; mientras que los que odian la diferencia crean hasta ONGs hipersubvencionadas por el estado, ya gobierne el PSOE, ya gobierne el PP, y para colmo se encumbran como luchadores por la igualdad, como luchadores contra el racismo, cuando esta calaña es igual de deleznable que el racista más al estilo hollywoodiense. Este caso es ampliable a todos los países donde “milagrosamente” los blancos siguen siendo mayoría.

El antirracista odia igual o más que el racista; y ambos conllevan a un mismo fin aterrador: a matar a lo diferente, a destruir la diferencia.


Nota: la palabra racismo y antirracista se han utilizado en un sentido mundano. Para profundizar más en el concepto, recomiendo este texto.


Una sociedad multicultural es crear una sociedad dividida, por lo que para unirla se usa el mestizaje. El objetivo es un planeta, un gobierno; un gobierno para una sola humanidad; una sola humanidad con una única cultura.

Reducido todo a lo mismo todo es más fácil de manejar.


El igualitarismo nos hace a todos iguales a la fuerza, a la fuerza y a base de imaginación, puesto que se parte del supuesto irreal de que todos somos iguales. El igualitarismo es ante todo una ideología racional incompatible con lo real, es decir, con la naturaleza, por ello… están siempre tan enfadados los que se suman a tal ismo.


Los nazis nunca odiaron a las demás razas, ni siquiera a la judía. Quizá promovieran el odio por razones estratégicas porque la masa es así de estúpida y la idiotez, pongámonos serios, es un/el elemento a gestionar en la política: hay política gracias a la idiotez o, al menos, la política que tenemos es gracias a la existencia de una buena masa de idiotas a quienes se les ha dado el poder de decidir. Pero los nazis nunca odiaron; al contrario, lucharon por un amor desmedido a sí mismos y a la patria y pueblo alemanes. El odio vino del resentimiento eterno de los vencedores y a consecuencia de ello el odio de los nazis es una mera interpretación de éstos.




El genocidio blanco es real. Es un genocidio racial perpetrado desde la cultura, desde la educación, desde las escuelas, desde casa, desde la tele... Salgo a la calle y lo veo todos los días: españoles que se traen sudamericanas morenas, parejas que adoptan asiáticos, mujeres blancas con negros, solidaridad esquizofrénica (si a las políticas de inmigración masiva, de discriminación positiva...), hijos mestizos, aumento de los magrebíes y de sus hijos y descenso de la natalidad blanca, aumento de mezquitas y conversión cultural, desarraigo y pérdida del destino común, individualismo extremo, etc. Todo contribuye al genocidio blanco.

Para todo esto el odio se ha trabajado desde dos puntos: de todos hacia los blancos por un lado y del blanco hacia sí mismo por otro. Al blanco no sólo le odian por ser blanco, además ha sido amaestrado para pedir perdón y disculparse por provocar tanto odio.




El odio brilla cuando un vencedor cuenta su historia tratando al subyugado como a una cucaracha que merece la muerte mil veces, careciendo para éste de cualquier elemento que honrar. Pero cuando el vencedor “ama” y ensalza a su enemigo, ese “amor” o respeto convierte su victoria en algo grande y hermoso, pues en realidad no existe mérito en vencer a personas despreciables; y si de vencer a personas despreciables se tratara, dichas victorias no merecerían ser contadas.


Lo diferente es lo que hace que no seamos iguales y que nuestras diferencias adquieran el valor suficiente como para desear mantenerlas y defenderlas, como elementos que enriquecen y nutren la pluralidad de nuestro planeta.


No confundas mi ira, mi cabreo, mi beligerancia, mi impulsividad… con el odio, porque sería lo mismo que pensar que el sexo y el amor son indivisibles.


Quizá me odien muchas personas, pero les necesito para mi diversión. Así cuando mire al suelo no veré sólo la tierra, sino insectos que pisar alegremente. Es que el hecho de que te odien es saber que existe gente que te tiene en sus pensamientos casi constantemente: que te odien por ser quien eres es como apoderarte del alma de una persona.

Y así Hitler vive y pervive, eterno. Le odian tanto -todo el mundo lo hace por adoctrinamiento- que no pueden dejar de pensar en él constantemente. Más que en el propio Adolfo, piensan en el mito sobre él creado, como individualidad que encarna el máximo grado de maldad posible en una persona humana.



Los hombres como yo crecimos odiándonos por ser lo que somos desde que nos dieron la primera clase de ética en el colegio. Crecimos pensando que Europa debe morir, que lo diferente a mí/nosotros es mejor y superior, que nuestra raza tiene poco valor. Algunos despertamos de esa pesadilla, pero otros siguen trabajando para eternizarla, favoreciendo que otras generaciones crezcan con los mismos traumas.


18 de agosto de 2014

EL ODIO

Dedicado a Raúl Ascaso Badenas,
Autor de “Heterodóxodo

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No hay nada más "fascista" y "nacionalsocialista" que amar a la naturaleza y a lo que ésta contiene; y para hacerlo es indispensable respetar el orden natural.

Cuando hablan de extrema derecha y de fascismo como si éstos fueran una misma cosa sólo puedo entender el abismo de comprensión sobre la política que existe entre aquellos que piensan en derechas, izquierdas y extremos de y "los menos" y yo mismo.

El fascismo de verdad es algo antagónico respecto de eso que llaman la derecha, pero también lo es de eso que llaman la izquierda. El fascismo es otra cosa. Y no digamos ya si hablamos del nacionalsocialismo o de un falangismo puramente revolucionario que no apeste a incienso.

El no comprender esto, es decir y mejor expresado, el mantener en la ignorancia a la masa sobre este tema, es uno de los instrumentos del régimen o del establishment hoy dominante para mantenerse en el poder o dominar en los flujos de opinión. Una mala comprensión del fascismo, teniéndolo como régimen de terror, supone tener un buen chivo expiatorio para que la hez, es decir, la masa, diga sí a todos los atropellos que este "régimen de libertades" comete contra ellos.

Para muchos, parece que el fascismo y el nacionalsocialismo son culpables de todo, a pesar de tantas décadas después de los Juicios de Núremberg. Hoy vemos que el odio y el ensañamiento de los vencedores no tiene límites.



El fascismo no es el odio, es todo lo contrario: la revolución de la alegría. Para ser fascista hay que ser alegre, tener siempre una sonrisa en la boca y reventar a carcajadas incluso si te dan un puñetazo aunque empieces a sangrar como un puñetero cerdo. Eso es ser fascista, y eso le jode a los que odian de verdad. En el mundo de hoy sólo hay un odio, y es el que se siente por los alegres fascistas, existan o no.



Todos somos influenciables, claro. Pero unos son manejados por la idea y otros manejan la idea. La idea influye al manejado y al manejador pero uno es un borrego y el otro un soberano.


Aunque no sientas odio ciertas actitudes llevan consigo tal calificativo. De la misma forma que nos quieren enseñar una forma de ser libres, nos quieren enseñar a identificar allí donde hay odio. Nos intentan amaestrar. La disidencia resiste.


El respeto a lo diferente muchas mujeres lo entienden como que deben acostarse con negros. De la misma forma muchos hombres entienden que deben hacer lo propio. Me sé de muchos que lo han hecho para demostrar lo antirracistas que son y porque no tienen lo que hay que tener para amarrar bien a la indómita y ardiente española. No obstante, yo llamo odio racial a esas prácticas que llaman antirracistas como el mestizaje.

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Mensaje del régimen disfrazado de “rebelde” y presentado como antisistema y “en contra del racismo” cuando en realidad practican el racismo, fomentando un genocidio a escala global sin parangón en la historia humana. Estos guarros de Ska-P están a favor de todas las políticas capitalistas que fomentan la eliminación de la diversidad racial y cultural, de las políticas de inmigración masiva y por ende todas las prácticas del régimen capitalista en pos de la globalización y a la reducción de todos los hombres a lo mismo.




Si queréis observar a un pueblo que odia de verdad, que lo siente de forma visceral, que encima le alimenta como a un mosquito le puede alimentar tu sangre, es ese, sí, El Elegido, el pueblo que odia por excelencia. Ese pueblo de aborrecibles subterfugios, resentidos y abusones, ahítos de oro, dinero, medios de comunicación y con mucha sed de dominio; amén de las excepciones de su propia masa, que las hay.


GAZA BOMBARDEADA POR EL BONDADOSO EJÉRCITO ISRAELÍ


El pensamiento disidente es objeto de odio aunque por lo general se le acuse de delitos de odio, paradójicamente. Disentir del pensamiento dominante es practicar el odio, según La Ley. El sistema se las ingenia bien para hacerte participe del imaginario del terror –del mito de la maldad más absoluta, forjada por los vencedores del 45–.


El odio te destruye porque es como prenderse fuego a lo bonzo. Toda lucha que no lleve el sello de la alegría no merece la pena. Luchar por odio a o hacia es la primera forma de olvidarnos de nosotros mismos, porque de tanto odiar al final uno es lo contrario del enemigo por pura inercia, dejando de ser uno mismo. Hay que luchar por amor, sólo por amor. Sólo por amor a nosotros y a lo que nos hace ser más nosotros; debemos amar nuestra lucha y amar la lucha, ser amantes de nuestra causa y decir sí a todas cosas vengan como vengan: somos como la incansable playa que soporta el azote constante de las olas. Esta es la única forma de que impere un reino de la alegría, un reino para aquellos que pasen por encima de los últimos hombres sin piedad, con la cabeza bien alta, orgullosos de sí mismos.

11 de agosto de 2014

LA HEZ


A veces es mejor estar callado, no hay que echar flores sobre las heces. Cuando en un grupo de gente –potencialmente la hez– se sube el nivel de la conversación inmediatamente quieren departir sobre otra cosa y/o te mandan a callar. Una vez ocurre esto es mejor apartarse, pues nuestro tiempo es bien valioso.


La hez vota y ya es feliz. Siguen con lo mismo y de nuevo, durante cuatro años, a quejarse en el sofá disfrutando de lo votado. No hay democracia porque se vote, eso sólo se lo creen los borregos.


La misantropía no es odio a los hombres, sino haber llegado a la comprensión de lo que ellos son. Mientras que la filantropía es un estado de ilusión psicológica que empuja al optimismo antropológico, dando lugar a ciertas ideologías utópicas alejadas de la realidad, que siendo lógicas –tal construcciones– se adaptan a la razón, pero sólo a la razón.

No obstante, sé de lo rebuscado de mi conclusión, puesto que etimológicamente no se sostiene: “La misantropía (del griego μίσος (miso): «yo odio», y άνθρωπος (anthropos): «hombre, ser humano»)” Pero claro, hay tantas palabras en la actualidad que etimológicamente no se sostendrían (como racismo, machismo o feminismo), que porqué no iban a darse por válidas mis conclusiones.


La hedionda humanidad es algo tan despreciable, la mentalidad de rebaño genera tal vulgaridad… que es inevitable tener que fijarse en la individualidad, en aquellas excepcionalidades que hacen que la humanidad valga algo, que tenga un grado de consideración y que incluso merezca sobrevivir.


Como senderista no tengo nada de qué presumir. Sin embargo, mi satisfacción, además de haber disfrutado tanto, ¡y lo que me queda!, es haber cerrado la boca a muchos que me pensaban incapaz de hacer ciertas cosas. La hez sólo suelta mierda por la boca –de lo cual tampoco hay que culparles, pues es lo único que pueden hacer y yo nunca le pediría a un perro que maullara si lo que hace es ladrar–, y por lo general, siendo incapaz ella de ciertas cosas, intentará desanimarte, debilitarte y desactivar la fuerza de tu voluntad. Si tienes un objetivo ve a por él, por muy difícil que parezca.

Poco a poco voy creciendo, es decir, superándome.

Y es una lástima que no entendiera esto hace al menos una década, que no me diera cuenta de ello antes, porque sin duda me habría ido mucho mejor.





Si eres valiente debes enfrentarte al reto en solitario, sin amigos que te animen, sin nadie que te apoye. Tal cosa te dará poder, el poder de no tener que depender de los demás. Y empezarás a oler mejor.


A veces una mentira es la puerta hacia la verdad –ayuda a despertar–, pero en ciertas ocasiones algo que se da por verdad es el comienzo para vivir en la mentira… convirtiéndose en verdad, aunque sea con el manto de la falsedad. Y ambas, verdad y mentira, crean realidad e irrealidad, estados de ánimo, conciencias y consciencias, economía, ideología… Verdad y mentira, realidad e irrealidad, elementos conformantes del mundo, hacedores de Lo Real.


Con el paso de los años al final llego a la conclusión de que debo agradecer a aquellos que me humillaron, insultaron, pegaron o minusvaloraron… o lo que es peor, que me sobrevaloraron, todo mal que me hicieran, pues gracias a todas esas vivencias he conseguido conocerme mejor a mí mismo y sobre todo a fortalecer mi carácter.

Somos animales y aprendemos a palos.


≈ 

Para esclavizarnos, el mundo moderno nos privó de la autosuficiencia. Cada vez dependemos menos de nosotros mismos y dependemos más de elementos ajenos, lo que se traduce en ser cada vez menos libres, en ser cada vez más incapaces.

4 de agosto de 2014

LA MUERTE DE EUROPA


Europa muere de Occidentalismo, esa forma civilizacional universal: la tragedia final es inminente, aunque quien sabe si queda margen para un acto heroico de salvación venido desde la propia voluntad.

El concepto civilización es confuso. Habla de una sociedad civil, ordenada, regulada mediante "buenos modales" y el derecho. Se trata de una sociedad compleja, donde rige una forma de ser hombre y por lo tanto unos esquemas culturales unificadores. En cuanto al occidentalismo como forma civilizacional, pienso que es algo ajeno a Europa, aunque hoy sea lo que la define, como el elemento judeocristiano (quizá sea este elemento el principal conformador de Occidente). Por lo que el occidentalismo es una forma universal, como dije antes, y por lo tanto una forma de hacer civilización que acepta a todo el mundo. En el occidentalismo espiritualmente no hay diferencias, la biología es algo sin importancia y materialmente triunfa el comercio, basándose todo en relaciones monetarias. Occidente significa el fin de Europa y la domesticación de la especie humana: ante todo somos ganado que se piensa libre.

Todo lo que haya después de Europa lo hará sobre su cadáver, de la misma forma que los gusanos se nutren de un cuerpo en descomposición. Europa y el ser europeo es algo concreto y ajeno a la universalidad: ser europeo es ante todo ser blanco y la defensa férrea de cierta diversidad cultural, que en lo que nos atañe podemos resumirlo en Grecia y en Roma y en aquello que éstos modelos han inspirado (el renacimiento, por ejemplo); siendo susodichos esquemas claramente europeos, con todo lo bueno y malo que en ellos se pudiera hallar. Muchos pensarán que dichas civilizaciones antiguas han inspirado elementos universales, pero a mi modo de ver, una cosa es expresarse desde la diferencia proyectándose hacia lo universal, expandiéndose como ejemplo ante lo diverso, y otra ser una expresión universal globalizante o globalizadora; de la misma forma que no es lo mismo la igualdad que igualar.

Y es que el occidentalismo es una ideología universal que como tal hace que las cosas tiendan a ser una misma cosa. En lo biológico no es menos. El mestizaje lleva consigo ese sino: la igualación de la especie humana genéticamente. A la sociedad domesticada le han enseñado que el mestizaje es antirracismo pero es precisamente una tendencia racista, patrocinada por las élites -entiéndase que utilizo el término racismo como comúnmente se identifica; aunque cierto es que igualando a toda la especie humana en una única forma de ser el racismo entendido como odio desaparece o al menos no tendría sentido. No obstante, más mestizaje equivale a menor diversidad, a menor identidad. Más mezcla significa menos blancos y menos negros y menos orientales… en el mundo; ante todo menos blancos. El mestizaje es genocidio en pos de una utopía en la que todos serán iguales completamente. Una vez más vemos a lo que nos llevan todas las utopías: a la destrucción… de algo.


Europa quizá ya no tenga enmienda. Vivimos en un estado tal de cosas que toda solución devendrá violenta y sanguinaria o no será. Si Europa quiere sobrevivir debe revolverse como el lobo herido en el cepo, que aún puede morder, e incluso matar; y con lucha deshacerse del cepo y verse a sí mismo como lo que es y lo que no debe dejar de ser: proyectándose más fiero, más bestia, más vuelto en sí... ¡porque al final como mejor se aprenden las cosas es a palos! Y es que si no dentro de pocas décadas Europa será sólo un continente donde habrá pocos hombres europeos, donde el europeo será un elemento exótico en su propia casa. Quizá dentro de décadas la media luna se aúpe dominante en lo que pretéritamente fueran catedrales lo mismo que las catedrales se auparon en lo que fueran templos paganos; y entonces lo europeo sea un viejo recuerdo que estudiarán mestizos desarraigados o quienes sean los nuevos ocupantes de estas tierras europeas, personas quizá ajenas a la diversidad de años atrás, pensando en lo genocidas que fueron sus ancestros en ese ansia de aniquilación de lo propio en un auto-odio desenfrenado. Quizá esos mestizos futuros sepan ver con claridad aquello de lo que fueron capaces los hombres europeos, que con permiso de los chinos, desde muchos siglos son los que han dado ese empuje al mundo mediante su genio e ingenio, siendo la brújula que marca el norte y el destino humano... para bien o para mal.

Con la Revolución Francesa se le dio al mundo un destino universal sin paragón basado en la libertad, una libertad inusitada que cada cual entendió, entiende y entenderá de una forma y que como todo se impuso y se seguirá imponiendo mediante la fuerza de una masa dominada por una minoría. Y es que no hay nada que no se imponga mediante la fuerza. 

Europa quizá tenga una oportunidad más de sacar músculo, quizá una más, y demostrar su potencia, su identidad. Será su única opción para sobrevivir. No le queda mucho tiempo pero no es la primera vez que Europa se encuentra en un momento tan crucial y sobrevive.