9 de abril de 2015

BAJO EL YUGO IMPERIAL DE OCCIDENTE


Yo no soy occidental. Yo soy europeo. Occidente es una fórmula cultural universal, la expresión de la fuerza imperial que emana de Washington.


Los amos del mundo embargan, bloquean o boicotean esos países que no poseen sus valores culturales o que no son buenos socios o agentes económicos. Lo hacen con la excusa de que esos gobiernos van contra su propio pueblo. Y esos amos del mundo lo que hacen en realidad es asfixiar a esos pueblos aún más echándole la culpa a su gobierno.


Si fuera un líder, si mis compatriotas españoles se armaran de coraje, pediría a los norteamericanos que abandonaran mi territorio: uno de los “logros” del franquismo fue vender la soberanía de España a los norteamericanos a cambio de reconocimiento internacional. Pediría a los norteamericanos que abandonaran las bases y volvieran a su país. Extendería mi petición al resto de Europa, Japón y otros países ocupados por la fuerza militar estadounidense, de alcance global.

Puedo intuir cuáles serían las consecuencias. Yo estaría dispuesto a pagar el precio. Me temo que el resto de mi pueblo, o lo que de él queda, no. Están demasiado bien amaestrados, o acobardados.



El primer y peor enemigo de tu libertad eres tú mismo, porque te resistes a ir más allá de la libertad, que es la idea con la que te dominan, algo que a la vez es y no es. Una persona debe ser soberana, y eso sólo se consigue con consciencia y con voluntad: mandar(se) y obedecer(se).

La libertad es una quimera, un monstruo torturador del espíritu, una buena arma ideológica para todo tipo de propaganda y que el mundo occidental explota para todo: hasta para venderte un refresco o comida basura.

Alguien que desea ser libre como si aquello fuera lo máximo es alguien que se reconoce a sí mismo como esclavo del espíritu, o, mejor dicho, se considera un espíritu esclavo. ¿Y si se da por satisfecho si deviniera el día en el que por fin se sintiera liberado? ¿Qué sería de su vida, le encontraría sentido? Un libertario es ante todo un acomodado en su esclavitud, un amante de la idea de la libertad: por eso son soñadores, utópicos, gentes de/con anhelos de esperanza. Quien quiere ser soberano se ríe del esclavo, hace de su verbo su acción y de su acción, paradoja, su libertad: y sin pensar en ella y sobre todo siendo responsable de la misma.

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Texto relacionado donde afronto “la libertad” en un sentido estrictamente filosófico: aquí


Occidente es una ramera que como tal mercadea con su propio cuerpo. De todo hace algo vendible y de todo hace una marca, hasta de tu nación, de tu pueblo, de tu cultura... El mercado es el único fin, no un medio, sino el fin.

La democracia en Occidente sirve para eso: para el mercado. Tienes libertades porque benefician al mercado. El Homo Economicus es la evolución del hombre hacia un mundo vacío, sin espíritu, sin trascendencia. El materialismo se extiende como una epidemia, a todos nos convierten en trozos de carne.

Somos ganado, números, estadística… Ha muerto el ser.


Occidente es el devenir del tener sobre todas las cosas. Comprar y vender es el mandamiento sagrado. Tener beneficios, pensar todo el día en el sucio dinero. El hombre bueno es hoy el emprendedor, es éste el único que crea riqueza. Riqueza material, riqueza dineraria. Si: busca su beneficio. El egoísmo sin generosidad es incentivado y premiado. Hasta la generosidad tiene como punto de partida, en los negocios, ganar más y más, vaciándote el bolsillo, alimentando tu vanidad, tu avaricia, tus ansias de tener y de tener...

El artista, el filósofo, el hombre portador de la trascendencia... ¡ese no es emprendedor! No es ni buen consumidor si de verdad su camino es el ser. No, no es emprendedor aquel que mantiene el nexo, ese punto de contacto/unión/comunión entre el hombre y los dioses, siendo concebido como un ser prescindible, improductivo y de poco valor.



La deshumanización: arrancar el espíritu al hombre (o el alma, como queráis llamarlo, no voy a entrar en matices semánticos), convertirlo en un ser aislado en una sociedad dispersa (desapego), vaciarle poco a poco y mucho más.

El capitalismo ha enseñado como modus vivendi el venderle el alma al diablo.


Asumámoslo, ha ganado el mercader. Ha ganado cuando una decisión económica en un despacho puede tener más peso que 100 bombas atómicas apuntando un objetivo. 


Occidente no hace la guerra por el mundo si ésta no da beneficios. Que no se nos olvide. A no ser que os creáis que Occidente va por el mundo repartiendo amor y democracia.