15 de agosto de 2015

YO OS MALDIGO, SUPERBUENOS

El supermalo es sólo una etiqueta que pone una persona que se cree la superbuena y que como consecuencia sólo define una visión parcial sobre alguien al cual se le dota de todo tipo de valores y pulsiones negativas... o de valores y pulsiones convertidas en negativas (bajo ingeniería social).



Seas feminista o no, quieras o no, mujer, tu vida gira torno a la de un hombre; y no eres una heroína, ya tengas uno, dos, tres o cuatro hijos, trabajes y lo que sea: ¡quítate esos pajaritos! Obviamente la vida de un hombre gira igualmente torno a la de una mujer y tampoco es un superhéroe porque trabaje... ¡jajajaja! Entre un hombre y una mujer existe reciprocidad, complementariedad: una mujer y un hombre no deben ser Dos, sino UNO. No debe haber guerra, no debe haber sexismo, ¡hemos de destruir el marxismo cultural en torno al sexo!

El feminismo es al fin y al cabo una subideología marxista o subsidiaria de la misma que reproduce entre los sexos la lucha de clases.



Hubo una época en la que todas mis historias de amor acababan con una botella de güisqui contándole las penas a un desconocido.


Todo el mundo con animalitos. Compasión con animales y desprecio por la vida humana. Veo asomarse las narices de siempre con las intenciones de siempre sobre las personas a las que siempre ataca: al Hombre llamado Occidental.


Universalizar todo ha supuesto al final el triunfo de la vulgaridad. Visto así demasiado bien nos va.


Mussolini, junto con Hitler, uno de los supermalos útiles más recurrentes de la modernidad, carente de referentes y de valores.


Cada vez que escuchas “raza humana” piensa que eres idiota si no ves el error.


En las películas no hay superhéroes, sino superbuenos. Y llevo años viendo en el villano al bueno, lo cual me da qué pensar sobre la moral que nos quieren inculcar. Sólo cuando el bueno adquiere cierta bipolaridad me empieza a interesar.




Un héroe es alguien que da su vida por algo superior. No la da por nada, sino por todo. Su vida será ejemplar, paradigmática, casi el estereotipo de una forma de perfección, porque perfección es cualquier cosa que no se podría mejorar, algo que es ya por sí mismo lo que debe ser.

El héroe cabalga a lomos de su mala conciencia, pues ésta no le aplasta, él la doma, hasta la aniquila. Un héroe es aquel que se enfrenta al peligro, que sueña con el mismo sin perderle el respeto, que teme al olvido más que a la muerte, la cual deviene indómita pero que se prestará agria o dulce... irremediablemente.

El héroe es responsable de su fuerza, de sus ideas, de su capricho incluso. Lo es de sus valores, de sus acciones, es soberano como las fuerzas de la naturaleza, que no obedecen a normas humanas.

El héroe, sí, ha superado al hombre, en cuento a sobrehumano, en cuanto a persona dispuesta a luchar y a morir por esa razón superior.

La humanidad es una masa sin forma, y por eso es masa; es vulgar y por lo tanto inferior, en un sentido plenamente espiritual, volitivo. Sí, hay seres superiores e inferiores. Están los que se elevan y los que se mantienen inmóviles o en caída.



Los superbuenos están por todas partes, se creen como dioses, capaces de discernir el bien del mal sin error.


El animalista es un ser militante, militante en lo suyo: su obsesión por los animales porque les dota de una capacidad de bondad, ¡cómo si a un perro le importara lo bueno, lo malo, lo malvado…! Y digo, ¡qué significa eso en la naturaleza! El bien y el mal son sólo herramientas del raciocinio humano que nos impiden entender la realidad profunda de la vida, que es completamente amoral. La moral puede tener una utilidad en la vida social, y ahí termina su función.

Así que como yo parto de que la moral es simplemente un elemento subjetivo muy humano y sobre todo individual, aunque luego pudiera formarse en diferentes grados, implicando afinidades entre personas, haré mi condena moral al animalista: este ser, dotado de superbondad, con su sentimiento de culpabilidad por pertenecer a la “raza humana”, así hablan algunos, os digo que sois malvados, hipócritas y una panda de fanáticos que humanizan a los animales y desvían sus energías hacia cualquier cosa que no sea su propia conservación, ya sea en el presente o en la posteridad bajo transmisión genética. Porque el hombre es un animal al cual un animalista no le importa que sufra.


Las películas de Batman me parecen una alabanza a la burguesía y al capitalismo. El Guasón siempre ha tenido mucho más encanto.



Los superbuenos, paradójicamente, llevan siendo durante milenios los hacedores de mucho dolor. De hecho es el dolor lo que con orgullo llevan los superbuenos consigo. Presumen de su dolor, de que sufren, y por ello piensan que merecen mucho, cuando no devuelven ni una mísera parte de lo que reciben. El superbueno es presuntuoso, un presumido. Oh Jesús, has fracasado. Tu sacrificio fue en vano. Tu sacrificio no hizo buenas a las personas, sólo las hizo cambiar de pose.